ANDARES POLÍTICOS: AMLO: “a ejecutar fiel el mandato del pueblo”



Benjamín TORRES UBALLE

El reloj señalaba 20 minutos pasada la una de la tarde cuando la presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Janine M. Otálora Malassis, entregó a Andrés Manuel López Obrador la constancia de mayoría que lo acredita ya como presidente electo de México. Un acto que representa per se un parteaguas en la historia moderna de esta gran, pero hoy, agobiada nación.

La arrolladora e incontrovertible victoria de López Obrador el pasado julio, validó desde ese momento la elección presidencial y convirtió de facto al tabasqueño en el próximo presidente de los mexicanos. Finalmente, en el tercer intento, el otrora priista hará realidad el sueño de sentarse en la silla presidencial a partir del 1 de diciembre. Los retos que le esperan son muchos y difíciles.

Si de por sí, AMLO marca la agenda nacional, y despacha como el real mandatario de México; con la oficialización asume en los hechos el control pleno del gobierno en la República. La administración actual está ausente, inmersa en el pánico, en el desazón y la desesperanza. Sabe que se les vienen tiempos difíciles. Tiene una cola inmensa que les pueden pisar en cualquier momento. Las “bombas” de los casos Odebrecht y La Estafa Maestra son incontrolables y sólo es cuestión de tiempo para que exploten durante la gestión lopezobradorista y provoquen muchos “daños”.

En la mira están Emilio Lozoya Austin, ex director de Pemex y Rosario Robles Berlanga ex titular de la Sedesol, hoy al frente de la Sedatu, quien extrañará aquello de: “no te preocupes Rosario”. Las denuncias por las tropelías de ambos funcionarios, consentidos del presidente Enrique Peña Nieto, serán retomadas por el gobierno de López Obrador y, sí como lo asegura, no habrá impunidad además de que pretende acabar con la corrupción en el aparato gubernamental, estos oprobiosos asuntos deben ser prioridad para investigarlos a profundidad y castigar a los responsables.

Hay muchos casos de interés nacional que demandan la intervención decidida del presidente electo y que de ninguna manera deben prestarse al ignominioso acuerdo o pacto político. Los retos que afrontará Andrés Manuel López Obrador son extremadamente complejos y multifactoriales, no obstante, llega al poder con un capital político vasto como no se recuerda en algún otro antecesor.

Al recibir su acreditación como presidente electo, AMLO resaltó lo que todos percibimos “No cabe duda de que vivimos momentos realmente históricos”. Y esto es una verdad inobjetable. La sociedad entera demanda un cambio de timón que pueda, en principio, solucionar las dificultades extremas que azotan de modo inclemente a México, donde, ante la negligencia e incapacidad de los gobiernos previos, sentaron sus reales demonios como la corrupción, violencia, pobreza, desigualdad, falta de justicia y, en especial, la pulverización del Estado de derecho.

Y en la práctica, el próximo titular del Ejecutivo debe pasar con meticulosidad y sin dilación a las acciones. “Ahora nos corresponde asimilar correctamente los sentimientos expresados por el pueblo al emitir el sufragio y ser ejecutores escrupulosos y fieles de ese mandato”, admitió durante su discurso de este miércoles en el Tribunal Electoral. En esa lógica, no deben existir interpretaciones convenencieras o turbias que contradigan dicha voluntad popular, pues Vox pópuli, vox Dei. La congruencia debe ocupar un lugar preponderante en el desempeño del nuevo gobierno.

“Considero que la gente votó por un gobierno honrado y justo. En mi interpretación, la mayoría de los ciudadanos mexicanos están hartos de la prepotencia, el influyentismo, la deshonestidad y la ineficiencia, y desean con toda el alma poner fin a la corrupción y a la impunidad”, efectivamente, esta apreciación de don Andrés Manuel es correcta: el hartazgo social es unánime.

México llegó al límite de su amplia tolerancia para soportar más abusos de la clase gobernante que, en el sexenio del priista Peña Nieto, simplemente llegaron a niveles intolerables. Por esa razón, una vez más los electores decidieron sacarla de Los Pinos, a donde, todo indica, tardará mucho en volver, si es que logra hacerlo, pues se muestra refractaria cuando de probidad, humildad e inteligencia se trata. A Pesar de que en política nada es para siempre, el retorno parece una quimera.

Rodeado de colaboradores destacados e inteligentes –no todos-, en el camino presidencial de López Obrador también habrá muchos aduladores y personajes con profunda predisposición a los disfrutes ilegítimos del dinero y los recursos públicos; en ello, es obligado el cuidado minucioso y permanente para que no se le “aparezcan” otros Bejaranos, Ponces e Ímaz.

Andrés Manuel López Obrador, será en 114 días, el dirigente en el cual millones de mexicanos han puesto sus gastadas esperanzas para salir de la precariedad en que sobreviven. Engañados durante sexenios, las clases medias y bajas han visto pauperizado su nivel de vida mientras la oligarquía dominante del país hace de las suyas y se enriquece inmoralmente mediante burdas complicidades.

Sí, López Obrador, es el “Rayito de Esperanza”, el paladín de la democracia y el autonombrado luchador de la “honestidad valiente” que deberá cumplir puntualmente con todas las promesas de campaña. Todos los que sin ningún temor confían en él, estarán pendientes y urgidos de que se materialicen.

“Millones de compatriotas aspiran vivir en una sociedad mejor, sin la monstruosa desigualdad económica y social que padecemos”, reconoce el inminente presidente de México. En él está que ese anhelo deje de ser mera aspiración y se convierta en realidad absoluta. Buena suerte AMLO, por el bien suyo y el de todos los mexicanos.

@BTU15

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Categories: Columnas

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