ANDARES POLÍTICOS: AMLO, tiempo de cumplir y cerrar heridas



Benjamín TORRES UBALLE

En la efervescencia del histórico triunfo de Andrés Manuel López Obrador el pasado domingo, donde literalmente hizo polvo a sus competidores por la Presidencia de la República, comienzan a tomar su nivel las aguas. El trabajo del virtual presidente de México por los próximos seis años, comenzó ya con la reunión de este martes en Palacio Nacional con el mandatario actual, Enrique Peña Nieto.

Los muchos y graves insultos, acusaciones y descalificaciones durante el proceso electoral, deben quedar atrás. México tiene demasiadas calamidades que lo tienen postrado en el subdesarrollo: pobreza, desigualdad, violencia, atraso, y corrupción gubernamental, son algunas de las pesadillas.

Si bien la elección reciente fue ejemplar en términos de asistencia a las urnas, no hay que olvidar la virulencia que le antecedió y la cantidad de candidatos y políticos asesinados. La nación mexicana no resiste mayor violencia, los cadáveres a causa de ella pronto no cabrán en los panteones. Los ríos de sangre son cada vez más caudalosos. Por eso es que este México no necesita ni un acto o palabra adicional de agresividad. La polarización social a causa de las diferencias políticas, debe cesar ya.

Por lo pronto, López Obrador debe serenar a quienes, bajo el inaceptable pretexto de su victoria, torpemente agreden a quienes difieren del tabasqueño. Hay que enfatizar en el hecho relevante de que, aunque AMLO arrasó al obtener el 53% de los votos –según datos del PREP- , el 47% de los que sufragaron, no lo hicieron por él. Esto debe tenerlo bastante claro el candidato triunfador.

Cierto que el discurso del tabasqueño en el zócalo de la Ciudad de México, la noche del domingo, tras conocerse los incontrovertibles resultados que le favorecieron en la votación, fue en tono conciliador además de inteligente. No obstante, la belicosidad usada como estrategia ante Ricardo Anaya, José Antonio Meade, el propio Peña Nieto, los ministros de la Suprema Corte de la Nación, comunicadores y en general quienes en algún momento criticaron su proyecto político, dejó heridas profundas y no pocos odios y posturas irreconciliables. Por eso es urgente la reconciliación.

Hechos bochornosos y absolutamente condenables como el protagonizado por la morenista Alejandra León, virtual senadora por Baja California, quien en estado de euforia –o tal vez algún otro- celebró su triunfo con champán insultando a los candidatos perdedores, simplemente son infames. En la victoria hay que ser dignos, lo opuesto sólo muestra ruindad, bajeza y una inconmensurable vulgaridad.

Así que resulta de mucha valía y estatura política el cambio radical de “El Rayito de Esperanza” al empezar el trabajo fino para poner término a tantas animadversiones generadas en la disputa electoral. Eso debe quedar definitivamente atrás. Por delante hay mucho trabajo a realizar que no puede esperar, y en su ejecución debe participar la sociedad entera sin rencores, sin mezquindades. Destrozarnos nosotros mismos o ponernos obstáculos insalvables, nos mantendrá en la misma mediocridad, empantanados en los perniciosos y pesados lastres de siempre.

Bienvenido el dialogo, incluso, las naturales diferencias. Ello nutre nuestra endeble democracia. Hoy es el tiempo de cumplir las promesas; de que Andrés Manuel planee como hará efectiva la confianza que millones de ciudadanos le otorgaron a través del sufragio. También, de cuidar que aquellos, a los que nombró ya por anticipado en su gabinete y que lo acompañarán en la travesía sexenal, cumplan a cabalidad de forma eficiente y proba con las tareas que les serán asignadas.

Desde luego, y es necesario subrayarlo, la elección la ganó Andrés Manuel López Obrador, vamos ni siquiera Morena. Aquí no debe quedar la menor duda. El pero es que gracias al Efecto López Obrador, muchos deleznables oportunistas de la política, expertos en el trapecismo y otras “virtudes”, se beneficiaron inmerecidamente, así que AMLO deberá tener especial cuidado con ellos, pues la corrupción estará latente en tales personajes.

No dudamos de la honestidad de López Obrador, pero sí de la de individuos de dudosa reputación cobijados innecesariamente por Morena, como Napoleón Gómez Urrutia, Nestora Salgado, y de quienes han estado en la controversia como Claudia Sheinbaum –que será la próxima jefa de Gobierno en la Ciudad de México, a pesar de los muertos en el Colegio Rébsamen- , o Víctor Hugo Romo, quien tiene una investigación en su contra en la capital del país, además de los ex jefes delegacionales Francisco Chiguil y Jesús Valencia. Incluso, el mismísimo Marcelo Ebrard. La honestidad valiente pregonada por AMLO puede ser socavada si no cuida las manos de ciertos pillos neomorenistas.

También enhorabuena la prudencia y el buen quehacer político que empezó a mostrar AMLO en aras de fortalecer la democracia y reconstruir el estado de derecho que ha sido pisoteado en esta administración ante el temor patológico de aplicar la ley, pero sobre todo, debido a las complicidades y protecciones que, entre sí, se procura la clase política en general.

La historia de AMLO se escribirá con aciertos y errores, pero sobre todo, debiera ser recordado por comportarse con absoluta congruencia y respeto a las instituciones del Estado, y, desde luego, la tolerancia a la necesaria crítica que conllevará su quehacer presidencial.

@BTU15

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Categories: Columnas

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