ANDARES POLÍTICOS: El servilismo del Tribunal Electoral



Benjamín TORRES UBALLE

86 millones de ciudadanos estamos en la lista nominal de electores y siete jueces están en la lista real

Diego Valadés

El problema sustancial de las instituciones en México es que la ciudadanía ya no cree en ellas. Toneladas de desprestigio pesan en su imagen ante la opinión pública. Los motivos son muchos y recurrentes.

Tradicionalmente subordinadas al Poder Ejecutivo, casi todas han desarrollado una convenenciera pero rentable sumisión. El caso más reciente lo regaló este martes el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), que sospechosamente corrigió otra vez al INE.

Las discrepancias entre el INE y el TEPJF han sido una constante que se ha ventilado públicamente en los medios de comunicación, como si el segundo se empeñara a la menor oportunidad en recordarle a Lorenzo Córdova que el poder absoluto y la última palabra en materia electoral la tiene ese tribunal. Los juegos perversos de poder son más que manifiestos y no hay pudor en ocultarlos.

Todo lo anterior viene a colación por la “extraña y sorprendente” decisión del TEPJF de exhibir al Instituto Nacional Electoral al revocarle la decisión que negó el registro como candidato independiente a la Presidencia de la República, a Jaime Rodríguez Calderón. En pleno proceso electoral, la resolución generó una tormenta de suspicacias, donde domina aquella que sostiene que incluir al hablantín “Bronco” obedece a instrucciones desde Los Pinos, con objeto de atomizar aún más el voto el próximo 1 de julio, hecho que en teoría, restaría votos a AMLO y Ricardo Anaya.

De acuerdo con el INE, Rodríguez Calderón, gobernador con licencia de Nuevo León, no cumplió con el porcentaje de apoyo ciudadano requerido, causa por la cual le negó el registro; además, se dieron a conocer una serie de graves irregularidades en la recolección de firmas, lo cual debió investigarse pues constituyen un delito de acuerdo a la ley electoral. ¿Entonces, por qué no se actuó en su contra? Quizás el plan ya estaba urdido desde las esferas oficiales. Pero se atravesó el protagonismo de Córdova Vianello que alteró los planes del PRI-gobierno, entonces, se echó mano del TEPJF.

Si “El Bronco”- un expriista que resultó un fiasco como mandatario-, efectivamente, como se dice, incurrió en el uso de fotocopias de credenciales de elector, dispuso de empleados estatales en horario laboral para recolectar firmas y, asegura la vox pópuli, trianguló recursos públicos para tal fin, es una ofensa mayúscula que vaya a estar en la boleta electoral. Pero en México, eso no importa.

Para el Tribunal Electoral, “no se respetó la garantía de la audiencia en el proceso de revisión”. Éste es el pretexto, pero pudo ser cualquiera. La línea había que respetarla, aunque se tratase de disfrazarla con una votación “reñida” (4 votos a favor contra tres en contra). Se trataba de no hacer olas, quizás por ello el sufragio de los señores ministros se realizó después de la una de la mañana del martes. Así el desaseo que, entre otras cosas, da pie al adagio: “Piensa mal y acertarás”.

Y al más puro estilo de un tribunal aldeano, “la Sala Superior determinó ordenar a la autoridad responsable que tenga por cumplido el requisito relativo al número de apoyos necesarios para la postulación de Rodríguez Calderón como candidato a la Presidencia de la República por la vía independiente”, es decir, “El Bronco”, sin importar las miles de firmas obtenidas con trampa y rechazadas por el INE, a fuerza debe estar en la lista de los candidatos presidenciales.

Más allá de las claras filias y fobias de cada uno de los siete magistrados que integran la Sala Superior del TEPJF, el hecho es que estos señores y señoras demostraron con su controvertida determinación que de órgano independiente tienen poco. Y acciones como la tomada en el caso del expriista regio sólo contribuyen decididamente al desprestigio y desconfianza en los tribunales mexicanos a la hora de impartir justicia. Por lo pronto, la repulsa a la imposición de Jaime Heliodoro ha sido prácticamente unánime en la sociedad y el resto de los candidatos presidenciales.

Ante la aberración y atropello de las leyes electorales, resulta oportuno referirnos a las palabras que por este asunto expresó el destacado abogado Diego Valadés, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, exprocurador general de la República y exministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en su cuenta de Twitter: “El país recibe el día con una noticia electoral que siembra desconcierto y alimenta la desconfianza. El Tribunal Electoral ha hecho un mal servicio a las instituciones. Lo lamento profundamente”. Claro, en México se premia la trampa.

Seguro que los ministros del TEPJF echarán mano de argumentos legaloides para tratar de justificar tan ruin proceder, sobrarán tecnicismos como excusa barata, no obstante, va a ser imposible quitarse de encima la gigantesca mancha que hoy ha caído vergonzosamente en una degradada ética que impera en la mayoría de las instituciones que debieran ser ejemplo de probidad e imparcialidad.

@BTU15

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Categories: Columnas

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