ANDARES POLÍTICOS: No es “guerra”, sólo “severos problemas de seguridad”

Benjamín TORRES UBALLE

Las recientes declaraciones del secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, acerca de que la administración del presidente Enrique Peña Nieto no deja un país en guerra, sino “severos problemas en materia de seguridad pública”, los cuales, asegura, no se han resuelto debido a una debilidad institucional, nos ubica de manera plena en la forma de pensar y actuar del gobierno peñista durante toda su gestión. Intentar desvirtuar la realidad en muchas de las áreas fundamentales de la nación ha sido una constante del mandatario priista y su equipo cercano.

A Navarrete Prida le ayudaría mucho para conocer la realidad mexicana, salir de su cómoda oficina en Bucareli y viajar a Tamaulipas, Guerrero, Chihuahua, Guanajuato, el Estado de México, Veracruz o Puebla, entre algunas de las entidades donde el Estado de derecho es una utopía y los criminales han impuesto su ley. Cierto, el país no está en guerra en el sentido estricto de la palabra, pero algunos de sus lesivos efectos sí están presentes. La cantidad de muertes violentas en la república mexicana supera a los de ciertos países en conflicto. El sexenio actual es considerado ya el más violento de los tiempos modernos. La cantidad de armas en manos de la delincuencia es inmensa.

Por eso es que son inadmisibles las desafortunadas palabras del titular de Gobernación. Y lo son porque huachicoleros pueden impunemente cerrar la autopista México-Puebla e incendiar trailers ante la pusilánime actitud de las autoridades, o peligrosos capos pueden fugarse por la puerta principal de un penal en Sinaloa con la complicidad de los custodios; incluso, que vergonzosamente miles de mujeres sean asesinadas cada año en México, ante la brutal negligencia oficial; también, que innumerables comercios y empresas sean extorsionadas, violentadas, o que el transporte público se haya convertido en el lugar más seguro para ser asaltado o privado de la vida.

No, México no está en guerra, pero las condiciones en que lo han dejado los “genios” priistas del gobierno vigente, en el área de seguridad, son desastrosas. De otra forma no es posible explicar las constantes balaceras y narcobloqueos a plena luz del día en ciudades del territorio nacional o que militares sean atacados con armas de alto poder y un helicóptero de la Sedena, derribado.

Los atracos que suceden cotidianamente a bordo del peligroso y deficiente transporte público de la Ciudad de México, pero sobre todo en el del Estado de México, gobernado por otro priista, Alfredo del Mazo Maza, no son cosa menor, pero la autoridades respectivas muestran una negligencia mayúscula y son incapaces de frenar el infierno de inseguridad que azota de modo inclemente a la población capitalina y mexiquense. Entonces, es imposible negar lo evidente: México, en su enorme mayoría, padece directamente la negligencia e incapacidad del gobierno de Peña Nieto para garantizar seguridad a todos los mexicanos, tal como lo mandata la Carta Magna.

Es evidente que dentro del gen priista están profundamente arraigados la simulación, el engaño y la retórica populista. Es prácticamente unánime que los funcionarios del gobierno federal rehúyan aceptar de manera clara y sin rodeos las fallas, errores y en general los aspectos negativos de su gestión gubernamental. Y así se la llevan, esquivando las responsabilidades, maquillando lo que no les gusta, y repartiendo culpas por lo mal hecho. Así es la ancestral técnica del “dinosaurio”.

Desde luego que, además de lamentables, resultan patéticas las justificaciones de Navarrete Prida. Consecuencia de tanta soberbia es que el PRI recibió en las pasadas elecciones el repudio de los electores. Por actitudes como las del titular de la Segob que no hacen otra cosa sino mostrar una vez más la “filosofía” del valemadrismo del decrépito partido en el poder y de quienes lo integran. La estrategia de seguridad ordenada por el Ejecutivo federal, lo hemos subrayado en este espacio, es simplemente fallida, no se le puede llamar de otra manera. Si el huésped del Palacio de Cobián insiste en “matizar” el infierno de la inseguridad quedará como otro gran mentiroso ante la opinión pública.

Ojalá que el responsable de la seguridad interior del país analice las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, dependiente de la dependencia a su cargo, y las del INEGI, donde se dará cuenta que la incidencia delictiva ha crecido año con año. Si hoy, afortunadamente, no estamos en una guerra franca, eso no es consuelo alguno para ninguno de los 130 millones de mexicanos; la cantidad de muertos, desaparecidos, y víctimas de la delincuencia, es una prueba fehaciente de que el gobierno de Peña Nieto y todo su equipo no han hecho bien el trabajo. No obstante, todo indica que a menos de cuatro meses de que dejen el cargo, las críticas les tienen sin cuidado. Lo que les urge es irse, pues parece que AMLO ya asumió la Presidencia.

STATU QUO

Es una buena señal que AMLO deje de lado su discurso y comportamiento autoritario para escuchar y conciliar intereses entre lo que será su gobierno y los diversos sectores de la sociedad. El objetivo de todos debe concentrarse en lograr la urgente pacificación del país y sacarlo de la mediocridad y subdesarrollo que afecta, en principio a los 53 millones de pobres. La Intolerancia es pésima consejera.

@BTU15

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