COLUMNA DE CIPRIANO: Autoridades electorales en problemas



Cipriano FLORES CRUZ

De verdad es muy lamentable que nuestras autoridades electorales no gocen del reconocimiento y respeto de la ciudadanía y de la opinión pública, porque son puntales para la buena salud de nuestras elecciones.

Los ciudadanos, los partidos políticos, las autoridades electorales y el gobierno son los actores fundamentales en las elecciones y cada uno debe jugar el papel que las leyes, los principios de la política y la responsabilidad les corresponda. Salirse de la ley, de los principios de la política y de la ética de la responsabilidad es muy grave y tergiversa la voluntad de los ciudadanos.

La pregunta que nos debemos hacer el por qué nuestro país está pasando por un período de serios cuestionamientos sobre la actuación de nuestras autoridades electorales. Me refiero, desde luego, del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, que no todo el INE, de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, del Organismo Público Local Electoral de nuestro Estado y del Tribunal Estatal Electoral del Estado de Oaxaca.

Una primera respuesta consiste en que los niveles de la competencia electoral, apasionan a un gran sector de la opinión pública y de los ciudadanos, la incertidumbre en los resultados nos angustian de sobremanera, de tal suerte que cualquier decisión de estas autoridades son sujetas a cuestionamiento de un sector de los jugadores de manera natural. Durante mucho tiempo, en momentos del dominio del partido hegemónico, por la falta de competitividad fue muy raro encontrar cuestionamientos a las autoridades electorales, se cuestionaba fuertemente al régimen, al Estado, al gobierno, por el contrario. No habiendo competencia no hay cuestionamiento, de esta manera, con fuerte competencia, mayores son los cuestionamientos.

Una segunda razón de los cuestionamientos consiste que los cargos de elección popular se han convertido en fabulosos negocios, las grandes riquezas que se pueden adquirir a la sombra de los cargos públicos es tan inmensas que su adquisición se ha convertido en un asunto de vida o muerte. En un país de pobres, de falta de industria, comercio, labores productivas, la política para un gran sector de la población es la única vía de ascenso social. Por esta razón es explicable la enorme corrupción en la política.

Una tercera razón es el gran costo que significan nuestras elecciones, el que arriesga competir en una elección deberá invertir, esta es la palabra exacta invertir, grandes sumas de dinero suyo, de amigos, de parientes o de inversores en la política, que hace que las decisiones de las autoridades electorales sean un peligro para el negocio.

Una cuarta razón es que no se ha encontrado un procedimiento adecuado para el nombramiento de estas autoridades, regularmente se ha caído en manos de alguno de los actores, sea el gobierno o de los partidos, de tal manera que estas autoridades no pueden desmarcarse de quienes los nombraron, obligándolos a tomar decisiones parciales e interesadas. El sello de quienes los nombraron vaga como una sombra en los pasillos de estas instituciones.

Una quinta razón el de por qué son tan cuestionadas las decisiones de las autoridades electorales consiste en que cada día que pasa el conocimiento electoral se ha convertido en un saber más especializado, la ignorancia del conocimiento electoral es evidente en estas autoridades, asimismo, las corrientes teóricas que abrazan los hace dependientes de sus decisiones, de la misma manera, sus posiciones ideológicas influyen también en sus decisiones causando molestias a los sectores que no comulgan con la corriente ideológica asumida, incluso, influye también la universidad en que hacen sus estudios, no es lo mismo ser egresado de la UNAM que del ITAM.

Por último, influye en los cuestionamientos a las autoridades electorales la calidad moral de cada uno de estas autoridades. Lo que es cierto es que cada día que pasa asumen la gestión y autoridad personas de muy baja calidad moral, desde luego con sus excepciones. Qué decir que la gente añora a aquellos personajes que desempeñaron con virtud la función electoral, en sus decisiones iban su honor y prestigio.

Hoy desgraciadamente, me cuesta decir autoridades, porque quien la tiene es un personaje que goza de reconocimiento de los ciudadanos y de las instituciones, más bien hablemos de empleados de los partidos, del gobierno y de padrinos políticos, son de mediocre gracia moral, son aspirantes del poder y de las riquezas que ello implique. Las causas que aquí hemos mencionado buscan explicar no justificar las decisiones de los empleados electorales.

No quiero pensar mal pero este tipo de empleados electorales son capaces de dar un golpe de Estado Electoral e impedir el triunfo del candidato que pueda surgir de la voluntad popular. En América Latina ya hay señales de ello, el presidente americano y los poderosos de México les tienta su espíritu golpista.

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Categories: Columnas

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