CRÓNICA POLÍTICA: Las prioridades de Enrique Peña y de Alejandro Murat



Rosy RAMALES

El Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, quiere terminar su sexenio bañado de gloria…o por lo menos, consolidando sus reformas estructurales, principalmente la educativa. Así lo dejó ver en su mensaje emitido desde Palacio Nacional al reunirse con los servidores de su gabinete legal y ampliado, el viernes pasado; justo el día en que inició el último año de su gobierno.

¿Podrá? Es la pregunta.

En dicha reunión, el Mandatario definió las prioridades para 2018, “con el objetivo de lograr las metas propuestas al comienzo de este sexenio”; prioridades como las siguientes:

Combatir la delincuencia, principalmente en los 50 municipios con mayores índices de homicidios dolosos; operación más eficaz del Sistema de Justicia Penal Acusatorio, cumplir los compromisos pendientes en materia de derechos humanos; consolidar el Sistema Nacional Anticorrupción, el Sistema Nacional de Transparencia, la Estrategia Nacional Inclusión en el combate a la pobreza, y la estabilidad macroeconómica “a partir de finanzas públicas sanas”; concretar las primeras inversiones en las Zonas Económicas Especiales, y concluir las negociaciones comerciales con países de América del Norte, Asia y Europa, así como con Brasil y Argentina.

También: Dar prioridad a los programas de apoyo y protección a la comunidad mexicana en Estados Unidos y a la generación de oportunidades para quienes regresen a nuestro país; fortalecer la cubertura universal de salud, y cumplir los compromisos con la reconstrucción en las entidades afectadas por los sismos de septiembre de 2017.

Y por supuesto, como “principal tarea” para 2018 trazó “concluir la implementación del Servicio Profesional Docente y del Nuevo Modelo Educativo, incluyendo los Planes de Estudio y la Propuesta Curricular para el próximo ciclo escolar (y) acelerar el paso en el mejoramiento de la infraestructura (educativa)”.

Uf. Son varias las prioridades a cumplir para conseguir las metas trazadas al inicio de su sexenio, y un año es insuficiente, máxime si sus colaboradores distraen la atención en el proceso electoral en marcha, no precisamente buscando una candidatura, sino buscando ver vistos por el candidato del PRI a la Presidencia de la República. Porque una vez que hubo destape, “muerto el Rey, que viva el Rey”.

Quizá en ese entendido, el presidente Peña Nieto dijo que los integrantes de su administración “deben seguir ofreciendo resultados tangibles a la población…”

Y todo el trabajo para cristalizar las prioridades referidas, habrá de realizarse en el marco del proceso electoral más grande en la historia de México, “y se hará trabajando, cada servidor público desde su esfera de responsabilidad, para que las elecciones de 2018 sean una jornada democrática ejemplar”.

Más vale que sea así sea la jornada electoral: Democrática. Caso contrario, el país corre el riego de sumirse en la ingobernabilidad, sobre todo si el PRI gana y con muy poco margen de diferencia y en medio de un ambiente inmerso en señalamientos de irregularidades electorales.

Entonces es mejor que los servidores públicos se mantengan al margen del proceso electoral, incluido el presidente Peña Nieto. ¿Podrá? Esa, también debe ser una prioridad para el 2018.

Lógicamente, Peña Nieto quiere que el PRI gane las elecciones presidenciales, no solamente porque es su partido político, sino porque la derrota representaría su fracaso como Presidente de la República y, en consecuencia, el de sus reformas estructurales, sobre todo la educativa, la cual forma parte de las pocas buenas acciones de su gobierno, muy a pesar de la oposición de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Porque ¿quién no quiere educación de calidad para sus hijos? Es un reclamo, una necesidad y una urgencia en entidades con rezago educativo más de 20 años como Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán. La formación de estudiantes, de profesionistas, es fundamental en el desarrollo de los pueblos. Claro, a la par es necesaria la infraestructura, la salud, las fuentes de empleo, etc.

Quien sabe si en el contexto del fracaso o del éxito de sus reformas estructurales, y la continuidad de las mismas, el presidente Peña Nieto en su mensaje expresó que “México no puede detenerse y mucho menos retroceder en la transformación que ha emprendido”; o si lo dijo solamente como llamado a sus colaboradores a redoblar el paso en el último año de su administración.

Transformación conforme a su plan de gobierno, amén de otros planes. Por eso, evidentemente, para él es vital el triunfo del PRI en el 2018, sobre todo en las elecciones presidenciales. Porque la victoria de otro partido político, implicaría dar marcha atrás de algunas o todas sus reformas, máxime si gana el inminente candidato de Morena (en coalición con el PT), Andrés Manuel López Obrador, quien claramente ha advertido en darles reversa.

Un año calendario es insuficiente para cumplir prioridades y metas sexenales. Incluso, para la jornada electoral faltan alrededor de seis meses; muy poco tiempo para que los mexicanos vean resultados tangibles. Además, el presidente Peña Nieto tiene pendiente temas sensibles para la economía de la ciudadanía en general: La liberación de precisos de las gasolinas, que redunda en alzas a todo.

En fin, si el PRI pierde las elecciones del 2018, Peña Nieto también habría fracasado como jefe político del priismo. Y aquí cuentan otros factores relativos a la vida partidaria en todo el país: Unidad, estrategia, estructura, militancia y candidatos (presidencial y a todos los cargos de elección popular). Pero este es otro tema.

LAS PRIORIDADES DE ALEJANDRO MURAT

Alejandro Murat Hinojosa, joven gobernador, lleno de entusiasmo y ganas de hacer las cosas bien, pero que no ha tenido mucha suerte en el primer año de su mandato, el cual cumplió el primero de diciembre.

Su Plan Estatal de Desarrollo, poco socializado por parte de sus funcionarios y legisladores, no permite saber cuáles exactamente son las prioridades del gobierno de Alejandro Murat, y en su discurso correspondiente a su Primer Informe, su mensaje se diluyó, quizá porque improvisó. No leyó, sino fue hilando frases; bien hiladas, pero al final le faltó cerrar con un mensaje contundente.

No obstante, las prioridades inmediatas de Alejandro Murat como Gobernador de Oaxaca son tangibles: La reconstrucción de las zonas afectadas por los sismos de septiembre pasado en el Istmo de Tehuantepec y en la Mixteca (una prioridad circunstancial); aminorar la pobreza, la cual creció en el sexenio anterior; terminar las autopistas al Istmo y a la Costa; dotar de infraestructura vial a la capital oaxaqueña (que no sea citybus heredado de Gabino Cué); el funcionamiento de la Zona Económica Especial de Salina Cruz; y obra pública, mucha obra pública, que no se ha visto y que demanda la población a todo lo largo y ancho de la entidad.

¿Podrá? Por el bien de Oaxaca ojalá que sí.

Cuando recién ganó las elecciones, Alejandro Murat prometió “el milagro oaxaqueño”, y cifró esperanzas en el respaldo que tendría del Presidente de México, Enrique Peña Nieto; ambos emanados del PRI. O sea, el gobierno de Oaxaca ya no sería de filiación distinta al gobierno de la República, y por lo mismo habría menos trabas y más apoyos.

Sin embargo, en el primer año del mandato de Alejandro Murat ha sido insuficiente el apoyo del Gobierno Federal. Vaya, ni siquiera se ha visto que éste le ponga ganas a la terminación de las autopistas al Istmo y a la Costa; y fue una promesa del presidente Peña Nieto, aunque las obras no se iniciaron en su sexenio.

Y Peña Nieto ya se va. Así que o le cumple a Oaxaca en su último año de gobierno, o Alejandro Murat no podrá hablar del “milagro”, salvo que el PRI gane las elecciones presidenciales del 2018.

Y esa sería una prioridad de Murat Hinojosa como jefe político del priismo de la entidad: Entregar buenas cuentas electorales a su partido, tanto en las elecciones federales como en las locales; concurrentes el próximo año.

Pero para entregar buenas cuentas, necesita cumplir, y para ello es indispensable que Peña Nieto le cumpla a Oaxaca. Porque las elecciones no se ganan nada más con programitas sociales, ni solo con despensas; se ganan con resultados en el ejercicio de gobierno.

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Correo: rosyrama@hotmail.com 

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