CRÓNICA POLÍTICA: Oaxaca, la improvisación en protección civil



Rosy RAMALES

Ojeroso, más delgado, con el cabello algo más planteado y con gesto de preocupación. Así han visto, dicen, al Gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa. Y no es para menos cuando el estado ha sido impactado por sismos de gran magnitud y por lluvias generadas por depresiones tropicales, tormentas y huracanes.

Y él ahí anda, recorriendo las comunidades, caminándolas literalmente; supervisando de manera personal las tareas de reconstrucción de la zonas afectadas por los sismos, sobre todo en el Istmo de Tehuantepec. Ahí pasó prácticamente todo el periodo de la emergencia, y con él un séquito de funcionarios que más bien estaban de queda bien, que por cumplir las tareas encomendadas.

Es cuando la gente se pregunta: ¿El gabinete de Alejandro Murat está a la altura de una entidad devastada por los fenómenos naturales? Además, financieramente devastada por la rapiña de servidores públicos de administraciones estatales anteriores.

Incluso, algunas dependencias como la Secretaría de Asuntos Indígenas y los Servicios de Salud de Oaxaca reportaron “gastos excesivos en viáticos” durante la contingencia por las afectaciones que dejó la tormenta Beatriz, por trabajo realizado en municipios de la Sierra Sur y la Costa oaxaqueña (….).

Y en la contingencia por el terremoto del 7 de septiembre pasado, sobraron los funcionarios que pernoctaron diariamente en hoteles de cuatro y cinco estrellas ubicados en los municipios de Tehuantepec y Salina Cruz, a unos 25 y 35 kilómetros de distancia respecto de Juchitán de Zaragoza, que fue la localidad más afectada de los 41 municipios comprendidos en la zona impactada.

Por supuesto, funcionarios del Gobierno Federal también (y quizá en primerísima fila) frecuentaron lugares cómodos para resguardarse en la noche mientras estuvieron atendiendo la emergencia en la región del Istmo de Tehuantepec.

¿Cuánto habrán erogado los gobiernos Federal y Estatal por concepto de viáticos? Porque además los funcionarios suelen llegar a cualquier lugar con un séquito de guaruras y auxiliares hasta para que les pasen el papel de baño.

En fin, quizá sea lo de menos el gasto en viáticos. Lo de más sí que es la falta de cultura de Protección Civil en el Estado de Oaxaca, pero sobre todo la carencia de servidores públicos y personal especializado en la materia, así como de equipo.

Cada sexenio, Protección Civil ha sido refugio de cuates y cuotas del gobernante en turno. Y en la administración de Alejandro Murat, no ocurrió la excepción; en la Coordinación Estatal designó a Armando Bohórquez, quien fuera presidente municipal de Miahuatlán de Porfirio Díaz y diputado local en la Legislatura anterior, sin el menor conocimiento para ejercer un cargo de cual depende la vida misma de los habitantes de una entidad tan vulnerable a los fenómenos naturales como Oaxaca.

Justo en la emergencia Bohórquez fue destituido y en su lugar nombró a Heliodoro Díaz Escárraga, cuya experiencia en la materia se remonta a sus funciones como Delegado del Centro de Investigaciones y Seguridad Nacional en el Estado de México y como Secretario de Protección Ciudadana, éste último desempeñado en el periodo comprendido de 1999 a 2003, precisamente en la administración de José Murat, ex Gobernador de Oaxaca.

Y como la mayoría de los funcionarios desconocen la materia de protección civil, igual desconocen los inventarios. Y cuando los conocen, guardan silencio para evitar comprometer a los servidores públicos de administraciones anteriores, ni siquiera por tratarse de gobiernos emanados de partidos políticos diferentes.

Por ejemplo, ¿cómo no reportar e iniciar los procedimientos sancionadores correspondientes por la falta de equipo adquirido? En 2012, el gobierno del coalicionista Gabino Cué Monteagudo adquirió 6 mil radios de alertamiento sísmico, pero alrededor de 3 400 mil estaban guardadas en bodegas; el resto se instaló solamente en municipios de la región central oaxaqueña.

Igual ocurrió con 13 bocinas de alto alcance para difundir la señal de alerta sísmica.

Además, existía un adeudo por concepto de mantenimiento a las alertas sísmicas en la entidad del orden de los 23 millones de pesos, según heredado por la administración gabinista. No obstante, hasta después del terremoto del 7 de septiembre del año en curso se dieron cuenta de la “omisión”.

El actual Coordinador de Protección Civil, Heliodoro Díaz Escárraga, confirmó: “Fue una omisión el que no se haya pagado el recurso para el mantenimiento de las alertas sísmicas, ya hay un señalamiento en la Contraloría y ya será esta instancia o la Fiscalía (General del Estado) quien deberá de actuar”.

Por lo pronto, la administración estatal ya pagó 7 millones de pesos del adeudo.

¿Qué tal? Ah, pero no les digan de emergencias electorales, porque entonces no hay omisión alguna, sea el partido que sea.

A las deficiencias estatales en protección civil se suman las carencias municipales. La mayoría de los 570 municipios de la entidad no cuenta ni siquiera con Atlas de Riesgo, ni con comités en la materia.

Por eso existe una “precaria capacidad de respuesta autónoma por parte de los gobiernos municipales para enfrentar los desastres causados por los fenómenos meteorológicos”, como bien lo dijo el diputado local Donovan Rito.

Así, Oaxaca, una entidad altamente vulnerable a los fenómenos naturales, todos los días corre el riesgo de la improvisación en materia de protección civil. Y todo el territorio está expuesto, no solamente las franjas costeras y la Mixteca; la misma capital oaxaqueña se cimbró apenas el sábado pasado con un sismo de 4.7 grados cuyo epicentro se ubicó en el casi conurbado municipio de Cuilápam de Guerrero.

Po lo tanto, es necesario el despertar de conciencias de los servidores públicos del gabinete estatal, de los presidentes municipales, de los diputados locales y de los habitantes del estado de Oaxaca en general, para generar cultura de protección civil.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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