DEL ZÓCALO A LOS PINOS: Lula: no podrá detener la primavera



Raúl CASTELLANOS

La frase es de Pablo Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. Un emotivo Luiz Inacio Lula da Silva se dirigió a miles de sus seguidores al declarase víctima de una injusticia, de la que aseguró saldrá “más fuerte, más verdadero e inocente”. El acto inició con una celebración religiosa en honor de su fallecida esposa, Marisa Leticia, celebrada a las puertas del Sindicato de los Metalúrgicos en la Ciudad de Sao Bernardo do Campo.

En la parte medular de su discurso, dijo: “Yo soñé que era posible gobernar incluyendo a millones de pobres, que un metalúrgico sin título llevara a los negros a la universidad. Cometí el crimen de poner pobres en las universidades, pobres comiendo carne y viajando en avión. Por ese crimen me acusan. Yo soñé, si ese es mi crimen, seguiré siendo criminal. Me voy a presentar ante el comisario con la cabeza erguida y la historia va a mostrar que los que cometieron un crimen fueron los que me acusaron. Yo no estoy por encima de la justicia , si no, no habría fundado un partido político, habría propuesto una revolución”.

“El fiscal dice que no tiene pruebas, pero tiene convicciones. Que guarde sus convicciones para sus cómplices. Lo que no se da cuenta es que, cuanto más me atacan, más crece mi relación con el pueblo brasileño. El golpe no terminó con Dilma. El golpe sólo terminará cuando ellos consigan que yo no sea candidato. Su sueño es la foto de Lula preso. Van a tener un orgasmo múltiple con mi foto preso. Voy a acatar la orden para transferir la responsabilidad, porque ellos no saben que el problema de este país no es Lula, sino la conciencia del pueblo. No alcanza impedir que yo camine el país, porque hay muchos para caminar”.

“Voy a cumplir la orden de prisión y todos ustedes van a ser Lula y van a caminar por este País. Yo ya no soy un ser humano, soy una idea. Todos vamos a llamarnos Lula. Ellos tienen que saber que la muerte de un combatiente no para la revolución. Los voy a enfrentar mirándolos a los ojos. Cuantos más días me tengan preso, más Lulas van a nacer en este país. Voy a salir de esto mayor, más fuerte, más verdadero. No tengo cómo pagar la gratitud, el cariño y el respeto que ustedes me dieron. Los poderosos podrán matar una, dos, cien rosas, pero jamás van a impedir la llegada de la primavera. No van a decir que yo estoy prófugo o escondido. No les tengo miedo, hagan lo que quieran, yo voy a probar mi inocencia”.

Y en efecto, la trama montada para impedir que Lula se postule y gane la Presidencia de Brasil, como lo apuntan todas las encuestas, tiene todas características de un golpe político desde los tribunales. La acusación se basa en una declaración de lo que aquí sería un “testigo protegido”. Un ejecutivo de la constructora OAS de nombre Léo Pinheiro, beneficiado por el juez de la causa a cambio de declarar que Lula y su esposa habían sido favorecidos con un apartamento en Guarujá, la playa más popular de Sao Paulo. Lo relevante del caso, es que no hay, no se ha presentado, una sola prueba documental, escrita, o contrato firmado –por Lula o algún familiar- que ratifique, haga evidente que el departamento era de Lula.

Ya en el colmo de la fantasía, para Ripley, el Juez Moro aceptó como prueba el “rumor” del que hacían eco algunos vecinos de que “el departamento era de Lula”, ahora resulta que el “Run rún” es evidencia. Tampoco se presentaron pruebas de que Lula haya favorecido en forma alguna a la empresa OAS en licitaciones o contratos. Sin embargo según el juez, Lula “no impidió” actos genéricos de corrupción. Es culpable aunque no se defina de qué.

En este escenario, la trama brasileña con Lula da Silva como símbolo de la fractura de un país debe ser analizada con templanza. Reconocer los hechos no es ser intransigente. La movilidad social que vivió Brasil en los años que gobernaron Lula y Dilma Rousseff no tiene precedente. En palabras de investigadoras como Beatriz Magaloni, académica de la Universidad de Stanford, en aquellos años uno visitaba Brasil y se daba cuenta de realidades concretas como una gran cantidad de población de raza negra con acceso a la educación superior, prestaciones sociales y traslados en avión.

No obstante, también es cierto que ambos gobiernos dejaron intocados los privilegios de la élite económica y se dieron actos de corrupción de miembros del PT y sus aliados. Puede estar en duda al día de hoy si Lula accedió a recibir sobornos –todo indica que no- pero hubo un desgaste notable en el rubro de la transparencia y rendición de cuentas.

Ante esto, ¿qué postura tomar? ¿Cómo posicionarse frente a la imágenes de cientos de miles de personas apoyando a Lula, o un número similar que salió a las calles a celebrar su encarcelamiento? Tampoco podemos pasar por alto que los miembros de la derecha en el poder, empezando por su antiguo aliado y actual Presidente Michel Temer, están abiertamente involucrados en actos de corrupción pero gozan de la protección constitucional que le otorgan sus cargos y con la indolencia del sistema de justicia que tanta atención le procura a Lula.

La crisis brasileña me recuerda una frase de Salvador Allende, entonces Presidente de Chile, que le compartió a Julio Scherer, en noviembre de 1970: “Si se desata la violencia reaccionaria, responderemos con la violencia revolucionaria”. Y ya sabemos quién ganó aquella partida en el caso chileno. Ojalá Brasil pueda encontrar una salida democrática y societaria a su laberinto, posibilidad remota y poco probable al día de hoy.

Sin embargo, yo me quedo con la cita que Lula hizo de Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh

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Categories: Columnas

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