DEL ZÓCALO A LOS PINOS: Che Guevara, “hasta la victoria siempre”



Raúl CASTELLANOS

Parecen lejanos pero son reales. Han transcurrido cincuenta años de la muerte de Ernesto Che Guevara; sucedió un 9 de octubre de 1967, recién no hacía un mes que habíamos llegado a los felices dieciocho; un año después al devenir el Movimiento Estudiantil su figura fue emblemática. Desde la partida en el Granma, sus incursiones en la Sierra Maestra al lado de Fidel, Raúl, Camilo Cienfuegos; la entrada el 1 de enero del 59 a la Habana, su retador discurso en la ONU el 11 de diciembre de 1964 que, si me permiten expresarlo hoy, es más vigente que nunca en su planteamiento de fondo y sería muy recomendable que nuestro Canciller le diera una repasada: “Nos hemos declarado partidarios de los que luchan por la paz, nos hemos declarado dentro del grupo de países no alineados, a pesar de ser marxistas leninistas, porque los no alineados, como nosotros, luchan contra el imperialismo. Queremos paz, queremos construir una vida mejor para nuestro pueblo; y por eso, eludimos al máximo caer en las provocaciones maquinadas por los yanquis, pero conocemos la mentalidad de sus gobernantes; quieren hacernos pagar muy caro el precio de esa paz. Nosotros contestamos que ese precio no puede llegar más allá de las fronteras de la dignidad”.

Luego vendrían las misiones cuasi suicidas en el Congo y la que lo condujo a la muerte en Bolivia; en este país sería capturado y ejecutado –un día como ayer- de manera clandestina y sumaria por el Ejército Boliviano en absoluta coordinación con la CIA, en un paraje conocido como La Higuera. En una entrevista para El País, Félix Rodríguez, el agente cubano de la CIA que participo en la operación militar, la ejecución y se tomo la última foto con él en vida, narró los prolegómenos y los hechos de aquel día, aquí un fragmento: “Nosotros recibimos la información de la captura del Che el domingo 8 de octubre por la mañana. Se había entrenado a un grupo de soldaditos jóvenes que hablaban el quechua, el aymara y el guaraní para que fueran adelante del batallón a buscar inteligencia e información en ropa de civil, porque así era más fácil hablar con el campesinado. Y esta gente en ropa de civil regresa el 7 por la noche, sábado y le da información al capitán Gary Prado de que un campesino les había enseñado un área que se llamaba la Quebrada del Yuro donde estaban escondidos los guerrilleros; porque este campesino tenía una hortaliza cerquita de ahí y los vio. Entonces con esa información el capitán Gary Prado rodea la Quebrada del Yuro el 7 por la noche. Y el domingo 8 de octubre empieza a avanzar por la mañana y ahí comienza el tiroteo. En esa operación el Che es herido en la pierna izquierda, pero nada de peligrosidad, ahí mueren la mayor parte de guerrilleros y mueren algunos soldados y es donde cae preso el Che Guevara”.

Cumplida la “misión” –de asesinar al Che- inició el mito. Pablo Neruda escribió “Los que vivimos esta historia, esta muerte y resurrección de nuestra esperanza enlutada, los que escogimos el combate y vimos crecer las banderas, supimos que los más callados fueron nuestro únicos héroes y que después de las victorias llegaron los vociferantes, llena la boca de jactancia y de proezas salivares. El pueblo movió la cabeza: y volvió el héroe a su silencio. Pero el silencio se enlutó hasta ahogarnos en el luto cuando moría en las montañas el fuego ilustre de Guevara. El comandante terminó asesinado en un barranco. Nadie dijo esta boca es mía. Nadie lloró en los pueblos indios. Nadie subió a los campanarios. Nadie levantó los fusiles y cobraron la recompensa aquellos que vino a salvar el comandante asesinado. ¿Qué pasó, medita el contrito, con estos acontecimientos? Y no se dice la verdad pero se cubre con papel esta desdicha de metal. Recién se abría el derrotero y cuando llegó la derrota fue como un hacha que cayó en la cisterna del silencio. Bolivia volvió a su rencor, a sus oxidados gorilas, a su miseria intransigente y como brujos asustados los sargentos de la deshonra, los generalitos del crimen, escondieron con eficiencia el cadáver del guerrillero como si el muerto los quemara. La selva amarga se tragó los movimientos, los caminos y donde pasaron los pies de la milicia exterminada hoy las lianas aconsejaron una voz verde de raíces y el ciervo salvaje volvió al follaje sin estampidos”.

Hoy, a cincuenta años de su muerte –un día como ayer- el Che está presente. Hace algunos años estuve en la Habana; fuimos a entregar al Museo Nacional, al de la Casa de las Américas y al Museo de Benito Juárez, la Carpeta Gráfica elaborada por Creadores Gráficos oaxaqueños con motivo del Bicentenario del nacimiento del Benemérito; cumplida la encomienda, caminando por el malecón, nos encontramos con el “Gato Tuerto” un lugar de Trova Cubana, llegado el momento, Silvio Rodríguez y su Comandante Che Guevara se hicieron presentes “aprendimos a quererte, desde la histórica altura, donde el sol de tu bravura, le puso un cerco a la muerte”.

El posible que el Che siempre haya sabido que le iba la vida en perseguir sus utopías; en gran medida el Che Guevara forma parte de los paradigmas de nuestra generación, una generación de transgresores de convencionalismos: la imaginación al poder, el amor libre, el movimiento hippie, los Rollings y los Beatles; El Che Guevara, fue médico, guerrillero, diplomático, pero sobre todo fue un soñador; de aquellos que convocaba John Lennon “puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único, espero que algún día te unas a nosotros y el mundo será uno solo”.

¡Hasta la victoria siempre!

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh

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Categories: Columnas

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