Sócrates A. Campos Lemus: La muy muy



AGENCIA QP-                ¡QUE CONSTE,… LOS OLVIDADOS!
HAY QUE PINCHE DESMADRE, ¿VIERON LA CARA DE GUAT QUE PUSO LA PINCHE VIEJA CUANDO LE JALAMOS LAS GREÑAS, PARA QUE NO SE CREA LA MUY MUY?. La güerita del salón del tercero B, la que siempre llega con las calcetas limpias y los zapatos blancos impecable, con la falda bien doblada y bien planchada, con la camisa blanca blanca, el saquito con el escudo de la escuela bien nuevo, pues se cree la muy muy y la verdad es que nos chinga la vida porque en nuestras casas todo es diferente, a ella la traen en carrito, la baja el padre y le da su beso en la mejilla y le da el dinero para el desayuno, y en mi casa, pues qué va, puros gritos y mentadas, mi viejo llegó borracho y mi madre estaba angustiada porque no llegaba y decía que a lo mejor se fue con aquella fulana y que nos dejaría a la mano de dios y el coraje que se sube por la panza y llega a la cara y pierde uno la noción de todo y quiere terminar y dar de chingadazos al que sea, al que se deje y así, estaba la güerita muy acá, muy sácale la punta al lápiz, muy con el borrador nuevo, con el cuaderno bien forrado y me cae que no me pude contener, y le mostré quién es más chingona, ella o yo. Pues yo, le di una madriza de aquellas y la tuve en el piso sin que entendiera lo que pasaba y solo gritaba que ella no hacía nada y yo no lo podía creer que fuera tan re pinche, tan cobarde, tan culera y más le daba. Ahí llegó el portero y nos levantó y nos llevó con la directora y ésta me dijo no sé qué del acoso y que el “boouling” y no sé qué que quería que vinieran mis padres y yo cómo le digo que ellos no vendrán porque antes me dan una santa chinga que no la cuento sin saber la razón, así es en la vecindad. Allá, lo que cuenta es cada quién con su pedo y con su cuento, pero no hay que enredar a nadie más y menos a los jefes porque entonces estalla el cuete y no la terminamos de contar… y hay voy, ya calmada, tranquila, riendo de las caras de la pinche güerita y sacando mi furia y mi resentimiento… pero voy muerta de miedo y de susto y toda jodida porque no sé qué decir ni cómo explicarle a mi mamá y ella le diga a mi papá y ahí está de la jodida, y ahora no quieren que nos agarremos de la greña si en la vecindad es cuestión de todos los días, que por el pan, que por el chavo, que por el juego, que porque me miras güey y voy al tiro vampiro que para eso estamos y nacimos…
        
Y pues nada, que me hago la pendeja y no llego a la escuela y me voy de pinta por ahí, le entró a camellar en una tortería y ahí me divertía y ganaba, comía lo que quería que si torta de jamón, de queso, de salchicha, de frijol con huevo, de romeros, que si sopes y garnachas y pambazos y taquitos y yo voy y llevo y como hago cuentas pues la ñora me deja y me da de comer y no pide explicaciones, entre los jodidos no se piden explicaciones, se sabe que cuando uno no anda en la casa está de huida y hay razones para no estar y no llegar y nadie dice nada. Hay el silencio que lo dice todo, lo acusa, lo muestra, la soledad y la terquedad dice mi mama y es por ello que ya no vamos a la escuela y dejamos de ir porque al fin de cuentas ni sabemos qué vamos a hacer, algunos dicen que con el estudio se libera y la verdad me dan pena porque siguen en la jodidez y en la nada. Hay veo a los muchachos salir muy acá con sus portafolios en busca de jale y van de un lado al otro y como no conocen a nadie no les dan jale y vuelven al puesto de discos chafas y de refrescos y muy acá, muy licenciaditos y el mejor anda en la ruleteada y todo mugroso porque el pinche vocho se calienta a cada rato y hay que buscarle para que camine y así se la lleva, en la jodidez. ¿De qué sirve estudiar, si no salimos de la vecindad? y mi papá como que se las huele y me pregunta cómo voy en la escuela y me trabo todita y no le cuento que ya no voy porque le puse en la madre a la güerita del salón, la muy acá, la que se siente soñada… y me hago pendeja por ahí y me voy a la tortería y doña Cuca se alegra y me ve y me dice que me parezco a su hija y me sonríe y me dice que tomé un café con leche y pan y me cuenta que la muchacha se creía muy acá, le daba pena que su mamá vendiera y así comenzó a salir con un viejo de carro y de billuyo, de varo, de feria y de pronto  se desapareció de un día para otro, y dice que por ahí anda quién sabe en qué malos pasos porque solo le cuentan de vez en cuando y le dicen que a veces está golpeada y ella sale a buscarla y nada. Me dice que anda callejeando y está siendo explotada por el viejo y no puede dejarlo porque la mata, así dice doña Cuca y le creo y me espanto y yo que era la gallita, la que no le tenía miedo a nada y al paso de los años le tengo miedo a la vida y a todo… la vida no vale nada, como dice la canción…
         
Y voy llegando a la casa y mi viejo de pronto me suelta el primer chingadazo y me voltea la cara y me manda una patada y me dice que soy y valgo una chingada, que le mentí y que ya no voy a la escuela y que le avergüenzo y que así me dio el ejemplo mi mamá, que tampoco sirve para más que pura chingada y va un chingadazo y otro, hasta que mi madre se lo pide de rodillas y se calma y me corre y voy a la tortería y doña Cuca me soba y me pone lienzos de agua y me pone vaporrú y sal y me tapa y me acuesta en el catre y me arrulla como si fuera su hija a la que perdió y ya no ve. Ahí me quedo con ella y va mi mamá y me ruega que regrese, y el viejo, dice, está en la borrachera y en la tomada le pega a todos y se pelea y tiene miedo de que haga alguna pendejada y será mi culpa, y así fue, un buen día, en la pulquería de la esquina donde tragaba los tacos de hígado y de tripa con salsa verde, un tipo lo acuchilló porque perdió en el conquián y no pagó, y ahora, aquí estamos las viejas, solas, llorando con mi mamá y doña Cuca que es como mi otra mamá y velamos al viejo y apesta a pulque y no tenemos para enterrarlo y pedimos caridad y vienen las viejas lloronas y cantan y rezan y piden caridad y lo llevamos al panteón y ahí se queda llorando mi mamá por su viejo, la que la amaba y la golpeaba y decía que le pagaba porque la quería y que ella era la buena, y la otra, era la amante y no valía y no la dejamos entrar ni a rezar ni a poner la veladora ni a tomar café con piquete ni a fumar… la vida se va en un dos por tres y en una cuchillada, por perder, por dejar que la güerita se burlara, y al final, se reía, porque decía que me corrieron y no era verdad, salí porque quise y me fui a la tortería y ahí sigo con el cuchillo listo para lo que se ofrezca uno no sabe, pero algún día, se necesita y se mata…
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Categories: Columnas

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