Rosy RAMALES
En la práxis política (instaurada por el PRI), el gobernador se convertía en el jefe político de la militancia de su partido político. Así, pues, con el fin del sexenio de Alejandro Murat Hinojosa, el priismo oaxaqueño se queda en la orfandad.
Orfandad de jefe político. Porque el gobernador entrante, Salomón Jara Cruz, es de Morena. El Revolucionario Institucional, no pudo retener la gubernatura.
A decir de mismos militantes del tricolor, el priismo oaxaqueño siempre se sintió huérfano de jefe político, porque Alejandro Murat mostró desapego. Al partido le hizo falta atención y al los priistas, cuando menos el apapacho. Qué quizá lo hubo, pero solo para su primer círculo y muy cerrado.
Murat Hinojosa seguirá su camino; irá en busca de cristalizar sus aspiraciones, la inmediata, la candidatuta del PRI a la Presidencia de la República, según sus propias declaraciones públicas (aunque hay quienes dicen que en realidad busca un escaño en el Senado); y quizá regrese a su entidad natal, el Estado de México, o establezca su residencia en la Ciudad de México para continuar haciendo política en ligas nacionales.
¿Y los priistas de Oaxaca qué harán?
Puede suceder lo que ayer dijo Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva en la sede del PRI estatal: O este partido cambia, o los priistas se cambian.
El priismo oaxaqueño debería llevar esa postura, el reclamo, ante el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) que preside Alejandro Moreno Cárdenas (“Alito”), desde donde dictan la línea, las instrucciones y las órdenes a los Comités Directivos Estatales. Claro, éstos bien podrían rebelarse asumiendo todos los riesgos.
El Comité Directivo Estatal del PRI-Oaxaca funciona casi gracias al Espíritu Santo. El financiamiento público local apenas alcanza para pagar nómina de la directiva, sectores y organizaciones, así como servicios e insumos indispensables, amén de multas y quizá hasta laudos.
Hasta donde se sabe, el actual presidente estatal priista, Javier Villacaña Jiménez, paga gastos propios de su cargo con recursos de su bolsillo.
Así, ¿cómo crecerá el PRI oaxaqueño? ¿Cómo conformará estructura electoral? ¿Cómo se organizará?
Los priistas tendrán que ingeniárselas para allegarse de recursos económicos dentro de los márgenes permitidos por la ley. Y de entrada, la militancia que aporte sus cuotas.
Independientemente del tema econonómico y financiero, el PRI podría dar la pelea en las próximas elecciones con buenas candidaturas, liderazgos regionales sean militantes o de la sociedad civil. Postular a los mismos de siempre, llevaría a este partido a no alcanzar ni siquiera el mínimo de votación para conservar sus prerrogativas locales.
Algo de suma importancia: ¿Quién organizará al priismo? ¿Los priistas a quién obedecerán? Lo lógico es que sea a la dirigencia formal, encabezada por Javier Villacaña y Liz Concha. Por cierto, hace algunos días hubo el run-run de haber la intención de la cúpula de cambiar a Javier, pero para que ello suceda, éste debe renunciar. Y hasta donde se sabe, no tenía la mínima intención de dimitir a la dirigencia.
Vaya, está en su derecho de hacer lo mismo que “Alito”: Que el cambio sea hasta que concluya su periodo.
En fin, parece avecinarse una lucha por los pocos espacios del PRI. ¿O ya empezó? Pretender manejar al priismo oaxaqueño a control remoto por ex gobernadores, sería darle la estocada a este partido político.
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Correo: rosyrama@hotmail.com
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