Liz hizo historia dejando al PRI sin bancada
Rosy RAMALES
Se veía venir la renuncia de la diputada Lizbeth Concha Ojeda al PRI, a su militancia y al cargo como secretaria general del Comité Directivo Estatal. No le quedaba otro camino después de haber votado a favor de la reforma al Poder Judicial, contrario a la directriz nacional de este partido político.
Hasta se tardó en renunciar. Por congruencia debió hacerlo inmediatamente. Es más, si su intención era respaldar la reforma, hubiera renunciado antes de la votación. Sin embargo, jugó a ‘tragar pinole y andar en la procesión’, igual que el resto de los miembros de su bancada, pero en ella es más cuestionable por formar parte de la dirigencia priista.
Ahora, después de casi dos meses, sale con que se va porque el PRI “dejó de ser la opción” en la cual se sentía representada. Pues sí, ya no es el poderoso Revolucionario Institucional que hacía ganar las postulaciones más aberrantes; ahora el poder lo tienen Morena y partidos aliados, donde se van los arrepentidos de la militancia priista, si es que no optan por jugar al independiente.
Y todavía dice:
“Las dirigencias actuales no exigen institucionalidad, exigen sumisión, el PRI que conocí y el que me forme ya no es el mismo, se ha alejado de la verdadera voluntad popular, es necesario reconocer también que, recientemente se ha acentuado la cerrazón y la intolerancia, se dejó de escuchar a la militancia y a quienes hermos (sic) y seguimos realizando un trabajo permanente en territorio, y que muchos de esos cuadros merecen una oportunidad en el comité estatal y que no han sido tomados en cuenta, en su lugar, se han privilegiado decisiones cupulares y dirigencias impuestas en las que no tienen cabida quienes se atreven a disentir y a quienes hemos exigido espacios se nos ha excluido de la toma de decisiones.”
Nada nuevo. La sumisión es o fue el rasgo distintivo del PRI. Por eso el líder sindical Fidel Velázquez hasta acuñó la frase “el que se mueve no sale en la foto”, que exigía disciplina ciega, control, sumisión, sobre todo de quienes aspiraban a cargo popular. Y de que este partido se alejó de la voluntad popular, uy, desde hace mucho, quizá desde cuando empezó la época de los tecnócratas en dirigencias y gobiernos priistas. ¿Cómo 20 años? Entonces Liz apenas se estrenaba en las filas tricolores.
Sí, puede ser cierta la cerrazón y la intolerancia al interior del PRI, así como todo lo demás que acusa Liz. Pero ¿por qué aguantó tanto tiempo? ¿Por qué no renunció antes de que este partido le diera nuevamente la candidatura para reelegirse como diputada local vía plurinominal? Por cierto, su candidatura fue una decisión cupular ¿o no?, y ella fue impuesta como secretaria general ¿o no?
Si nunca la llevó bien con Javier Casique ¿por qué aceptó la secretaría general del PRI en mancuerna con él como presidente estatal? En ese momento hubiese renunciado, diciéndole sus cuántas verdades al dirigente. Pero el que calla otorga, máxime sabiendo las reglas del juego interno.
A Liz no le queda buscar culpables.
Es mucho mejor y más digno gritar a los cuatro vientos que decidió militar en otro partido político, y punto, al fin que la afiliación es un derecho político libre e individual. Así, sin buscar justificaciones a la traición.
Ya nada le es creíble.
En fin, tampoco es casualidad su renuncia cuando faltan menos de diez días para la instalación de la nueva Legislatura, donde ella repetirá como diputada local. Son, digamos, momentos de definiciones rumbo a la integración de los grupos parlamentarios de la próxima Legislatura del Congreso del Estado a instalarse el 13 de noviembre.
Entonces Liz está tomando una definición: No formará parte de la bancada del PRI. Es más, en un hecho histórico por primera vez el PRI no tendrá grupo parlamentario en la Legislatura local después de haber sido el partido hegemónico; la dimisión de Liz lo deja sin bancada.
¿Y a qué bancada de va Liz? ¿Morena, PVEM o Fuerza por México-Oaxaca?
¿O se queda como independiente en solitario? ¿O se une a la ex panista Natividad Díaz Jiménez para integrar ambas un grupo parlamentario ‘independiente’? Tenían pláticas en ese sentido. Además, como grupo parlamentario (si acaso Morena lo reconoce como tal, que es lo más seguro) tendrían todas las canonjías y podrían integrar la Junta de Coordinación Política.
En fin, tuvieron más dignidad Gaby Pérez y Mariana Benítez, que Liz Concha. Ellas se salieron del PRI sin cargo seguro todavía.
Ah, Liz tuvo una reunión con el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, recién su voto a favor de la reforma judicial. ¿Alito le pidió renunciar?
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