Rosy RAMALES
__ “Has notado que Vilma aparece en todos lados cerca del gobernador?”,__preguntaron el otro día haciendo notar la coincidencia rumbo a la sucesión del 2028.
Ciertamente, Vilma Martínez Cortés frecuentemente aparece en primer cuadro con el gobernador Salomón Jara Cruz, sobre todo en las giras en el interior de la entidad, como si fuese una de las cartas para sucederlo en la titularidad del Poder Ejecutivo de Oaxaca; en el lógico placeo político.
¿O la cercana presencia de ella obedece al cargo que desempeña desde principios de diciembre del año pasado: Secretaria de Bienestar, Tequio e Inclusión (Sebienti)? Posición clave en la política social.
Mmmm. Va junto con pegado, ¿no? Las cartas suelen estar en posiciones clave precisamente para el fogueo social-político-electoral.
Lo mismo se decía de la hoy senadora Laura Estrada Mauro cuando se desempeñó al frente de la Sebienti, que era una carta a la sucesión gubernamental. Pero parece que no despegó suficiente y se quedó en el escaño de primera minoría, el cual obtuvo en parte gracias a la estrategia diseñada ex profeso del Plan “C” donde Morena echó toda la carne al asador.
Quizá siga siendo una carta sucesoria. Pero en este momento, figura en segundo plano, según parece.
Por ahora el brillo lo tiene Vilma Martínez, pensando en que Morena decida la candidatura a la sucesión para mujer para la próxima gubernatura de dos años, si acaso antes no desbaratan la homologación con las elecciones federales y vuelven a la de seis años.
En el caso de Oaxaca existe una observación, por así decirlo, de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, sobre la paridad sustantiva. Pero está en veremos, y quien sabe si varíen los criterios a partir de la integración de magistraturas electas por voto popular.
Todo puede pasar.
Incluso, que la próxima candidatura oaxaqueña sea para hombre. Al final de cuentas, la paridad en gubernaturas, tanto los partidos políticos como las autoridades electorales la han decidido en función del número de gobiernos estatales a elegir en cada proceso electoral.
Es más, no se ha legislado en materia de alternancia de género, ni en el Congreso de la Unión, ni en la mayoría de las entidades federativas.
Además, viene la reforma electoral, en la cual seguramente habrá nuevas reglas para la competencia electoral, incluidas las de paridad y alternancia, o solo paridad.
Es natural que el mandatario prepare varias cartas femeninas y masculinas rumbo a la sucesión. En la lógica política el gobernador que sale siempre perfila a quien lo pueda suceder en la gubernatura.
Aunque en Morena no es regla que el gobernador saliente, deje sucesor; muchas veces se lo imponen desde el Comité Ejecutivo Nacional, como lo hizo Mario Delgado en diversos estados. Incluso, en diversas entidades, varias diputaciones federales no son afines a la gobernadora o al gobernador, como sucede en Oaxaca.
En fin. A ver qué pasa de aquí a la sucesión. Y que no está lejos, considerando que el gobernador Salomón Jara Cruz está por rendir su tercer informe de gobierno. Pronto se van a desatar más los demonios. Varios ya andan sueltos con el tema de la revocación de mandato, que se ve difícil de prosperar porque el mandatario tiene base social y por los umbrales de la propia ley.
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