Rosy RAMALES
El Covid-19 obligó a establecer medidas para contener la pandemia. Así, la Cámara de Diputados permitió en su reglamento las sesiones semipresenciales de Comisiones y del Pleno. Fue una medida temporal aprobada en el 2021.
El Gobierno de México puso fin a la emergencia sanitaria el 09 de mayo del 2023. En octubre del mismo año, la Cámara de Diputados aprobó nuevas reformas a su reglamento para hacer de la medida temporal, una medida permanente.
Según “para adaptar la tecnología utilizada durante la pandemia al nuevo contexto de funcionamiento de este órgano colegiado, la cual arrojó elevados índices de productividad y eficiencia legislativa en los trabajos parlamentarios de la misma”.
Desde entonces se permite a las y los legisladoras participar de forma física o telemática. Pero la medida “extraordinaria” se está volviendo ordinaria, generando bajos porcentajes de asistencia física a las sesiones. Porque diputadas y diputados ya la agarraron de pachanga.
Imagínense, el propio presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal Ávila reconoció el ausentismo presencial de alrededor de 80 diputados y diputadas, citándolos expresamente a la sesión del miércoles pasado.
Con sus honrosas excepciones, Les es tan fácil solicitar permiso sin una causa justificada real nada más por flojera, o piden asistir vía remota mientras desempeñan otra actividad.
Ahí está el ejemplo del exfutbolista y ex gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco quien jugaba pádel durante una sesión semipresencial de la Comisión de Presupuesto, y todavía cínicamente pidió anotarán su asistencia sin poner atención a lo discutido y votado.
No es el primer caso. Pululan.
El jueves de la semana pasada, medios de comunicación dieron cuenta de que a la sesión de la Comisión de Presupuesto solo asistió un diputado de los 38 integrantes para el análisis de la iniciativa de la Ley General de Extorsión.
Y en el pleno, la ausencia de diputados de todos los colores, pero principalmente de Morena han puesto en riesgo iniciativas presidenciales.
En fin, el contexto de ausentismo justifica la reducción del número de diputadas y de diputados, ya sea de representación proporcional (plurinominales) o de mayoría relativa; o de ambos principios, en la próxima reforma electoral.
Son alrededor de 80 los que acostumbran a faltar, sin que nunca se sepa de la aplicación de las medidas disciplinarias, incluidas sanciones.
Honestamente, ¿cuántos de los 500 diputados y diputadas cumplen cabalmente con sus funciones? ¿Cuántos son quienes toman las decisiones? ¿Cien o menos? Mientras el gran resto solamente levanta la mano. Eso sí, el Estado los mantiene con dinero público.
Y si tanto gusta la tecnología, hay otra opción: Creen diputados dotados de inteligencia artificial (robots). Unos 50. México se ahorraría mucho dinero en dietas, bonos, viajes, bailes, vacaciones todo pagado, y el mantenimiento de una onerosa sede legislativa.
TAIBO II, MISÓGINO
El arte, la literatura, obedece a reglas generales; como la gramática, por ejemplo. Pero acatándolas, cada quien puede escribir como quiera. Es como un diseño arquitectónico, o escultórico; la idea es del artista. Y en la palabra escrita, el estilo es del escritor, de la escritora.
Al final de cuentas las reglas alguien las inventó. ¿Qué tal si cambian ahora a partir del texto de una mujer poeta desdeñada por Paco Ignacio Taibo II?
Mal, Taibo II. Y miren que me han encantado los libros que de su autoría he leído. Pero me enfada su alocada forma de juzgar anticipadamente.
Eso de decir que “si partimos de la cuota, un poemario escrito por una mujer, horriblemente asqueroso malo, por el hecho de haber sido escrito por una mujer, no merece que se lo mandemos a una sala comunitaria en Guanajuato”… es francamente un desatino.
En arte, en literatura, lamentablemente ocurre como en todo: Los machos se han posicionado.
Qué pena, Taibo.
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