Rosy RAMALES
El consejero jurídico, Geovany Vásquez Sagrego, presumió anoche en redes sociales una fotografía con la siguiente leyenda: “Con dos amigos a quienes aprecio y respeto: el Senador Luis Alfonso Silva Romo y el vecino presidente Municipal de Oaxaca de Juárez, Ray Chagoya.”
Cuando la ví, imaginé a un aficionado acariciando a dos gallos de pelea tras un combate feroz. Gallos que crecieron juntos, y que, de pronto, el gallero echó al ruedo para ganar la apuesta. Sorpresivamente, uno estuvo a punto de aniquilar al otro, pero éste se levantó y respondió con una lluvia de navajazos. Hoy ambos siguen vivos, aunque profundamente heridos.
Quizá Geovany se conmovió ante las heridas (hasta a él debió dolerle tan brutal pelea) y quiso propiciar la reconciliación juntándolos para una fotografía en el Salón Juárez (antes Salón Exgobernadores) del Palacio de Gobierno, en el marco de la celebración de El Grito de Independencia de México.
O quizá el cuarto de guerra del gallero pidió a Geovany aplicar sus dotes de mediador para limar asperezas entre Ray Chagoya y Luis Alfonso, y sanar sus heridas, o, al menos, convencerlos de posar juntos, sonrientes, para enviar el mensaje de reconciliación y de que ahí no ha pasado nada.
Bueno lo de “juntos” es un decir, porque Geovany está en medio de ambos. Y las sonrisas se ven forzadas, lejos de reflejar alegría desbordante o reconciliación sincera. Quizá Ray y Luis accedieron a la foto, nada más para no desairar al consejo jurídico. Ya ven que en política el menú diario incluye tragar sapos sin hacer gestos.
Lo que sí, en el ambiente político se respira cierta necesidad del grupo gobernante de reparar los daños que dejó el innecesario encontronazo entre Luis Alfonso y Ray Chagoya. Los echaron a pelear sin justificación cuando pudieron hablar con ellos para definir en buena lid la candidatura a la presidencia municipal de Oaxaca de Juárez para las elecciones del próximo año.
Sin embargo, los lanzaron al ruedo de manera sorpresiva y casi perversa. Y, al parecer, las cosas se les salieron de control.
Como suelen decir en la “Cuarta Transformación”, que sea el pueblo quien decida si Ray Chagoya compite por la reelección o si el candidato es Luis Alfonso. Los dos son buenos gallos de pelea, por eso los navajazos levantaron tanto ámpula en la afición.
Por lo pronto, anoche posaron sonrientes quizá fingiendo camaradería. Vaya, nadie se cree que después del cruento combate, sigan ilesos. Más bien, el plumaje de ambos aún se ve ensangrentado.
En fin, en el ruedo político la amistad nunca ha sido más que un cálculo de apuestas, donde los galleros aplauden al gallo sobreviviente hasta que vuelva a armar la siguiente pelea. ¡Hagan sus apuestas, señores!
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