Rosy RAMALES
La renuncia de Emilio Montero Pérez al Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) se debió a su relación con Miguel Sánchez Altamirano (alias “Quetu”), presidente municipal de Juchitán de Zaragoza, detenido recientemente por presuntos vínculos con el crimen organizado? ¿O dimitió porque mediáticamente se destapó la cloaca en dicha institución donde figuran en nómina funcionarios del ayuntamiento juchiteco?
Parece que una cosa va pegada con la otra.
¿O fue por motivos de salud? Sería una excusa poco creíble.
No se puede decir que Emilio Montero se dedicaba a las mismas actividades delictivas que se le imputan a Sánchez Altamirano (extorsión agravada y delitos contra la seguridad del estado); se desconoce si las autoridades federales y estatales competentes también lo investigan al respecto.
Pero se le identifica como padrino político de “Quetu”; incluso, lo defendió a capa y espada cuando hace algunos meses, la Fiscalía General del Estado y fuerzas de seguridad tomaron momentáneamente el control de la Policía Municipal de Juchitán tras haberse detectado 23 cámaras de video vigilancia que no eran de uso público.
Emilio Montero debería ponerse a disposición de las autoridades ministeriales correspondientes para que lo investiguen y, de este modo, disipar cualquier sospecha de participar con el grupo criminal “Los Cromos”, brazo operativo del Cártel Jalisco Nueva Generación; cosa de la que se le señala a Sánchez Altamirano.
O, dado el caso, someterse a la acción de la justicia. O sea, entregarse. Porque si estuviese involucrado, y huye complicaría su misma situación y la del gobierno estatal encabezado por Salomón Jara Cruz, que padece el embate por la pertenencia de Miguel Sánchez Altamirano al mismo partido, Morena.
Independientemente de lo anterior, Emilio Montero deberá responder por el hallazgo de funcionarios y concejales del ayuntamiento de Juchitán de Zaragoza en la nómina del IEEPO. Su renuncia a la dirección general de la institución no repara el golpe político por tal situación a la administración de Salomón Jara.
El hubiera no existe. Pero Emilio Montero nunca debió formar parte del gabinete del gobernador Salomón Jara, empezando porque el ahora ex funcionario no tenía el perfil profesional para estar al frente del IEEPO.
Los traspiés del IEEPO en su relación con el magisterio oaxaqueño, terminaban arreglándolos el gobernador Jara Cruz o el secretario de Gobierno, Jesús Romero López.
Después, Emilio Montero se convirtió en uno de los funcionarios que debieron salir del gabinete en la primera oportunidad; incluso, en ocasión de los relevos tras la jornada de la revocación de mandato.
Quien Montero ejerza fuerte presión en el IEEPO, porque su renuncia no se boletinó; incluso, la administración estatal tardó en dar a conocer quién se quedaría al frente de este Instituto. No nombran titular, sino encargada del despacho.
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rosyramalesg@gmail.com
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