Por Cipriano MIRAFLORES
México está siendo víctima de la más terrible corrupción de su historia. No es solo un problema de funcionarios deshonestos, como antaño, no es solo de sobornos, desvío de dinero público, tráfico de influencias, o enriquecimiento ilícito, es mucho más profundo y estructural, es decir, antes lo teníamos en la piel, ahora lo tenemos en la sangre.
Es un deterioro interno de la vida política de nuestra sociedad y gobierno. Es ya una degradación progresiva de las instituciones, las costumbres cívicas, la virtud pública y la capacidad colectiva de sostener una República estable y sana.
No es solamente un crimen administrativo, ya es una enfermedad de todo el cuerpo político. Las instituciones están perdiendo legitimidad, como el Congreso, el Poder judicial, la Presidencia de la República, el Poder Ejecutivo, el partido en el gobierno y sus aliados.
El Poder Público se está privatizando, los funcionarios están dejando de pensar en el bien común, solo persiguen intereses particulares, la corrupción, peligrosamente, está dejando de ser una excepción, se ha convertido en forma normal de funcionamiento político y de la política.
Lo más reciente, el INEGI cuenta menos adultos mayores de los que el gobierno cuenta en el programa para ellos, la secretaria del Bienestar se está robando 50 mil millones de pesos al año, a dónde va ese dinero? Adivine usted.
Así de grave está el asunto, la corrupción ha invadido a todo el cuerpo político, tiene un virus letal, para detenerlo parece demasiado tarde.
Pobre México, levantarse costará sangre, dolor y lágrimas, necesita, con urgencia, de una Revolución de la Vida Pública, de una Nueva Ética Pública, de un Nuevo Hombre Público, los Noroña se tienen que ir al basurero de la historia.
Así las cosas, en vía de mientras sea usted rabiosamente feliz y un feliz inicio de semana. Nha shagsllo bishlle.
La corrupción política II
Por Cipriano MRAFLORES
Los Estados no colapsan únicamente por enemigos externos. Muchas veces se destruyen desde adentro, cuando pierden cohesión, disciplina cívica y sentido político compartido, cuando no hay virtud.
No significa simplemente virtud moral , sino que implica energía política, capacidad de acción, inteligencia estratégica, disciplina cívica y fuerza para sostener el orden político frente a la fortuna y el caos.
Una República fuerte necesita ciudadanos capaces de priorizar, al menos parcialmente, el interés común sobre el beneficio inmediato individual. Cuando esto desaparece, comienza la corrupción. La corrupción no empieza necesariamente, con el dinero.
Empieza en las costumbres. Una sociedad se corrompe cuando el deseo privado absorbe completamente la vida pública.
Cuando los cargos públicos se usan exclusivamente para enriquecimiento personal, cuando las instituciones funcionan mediante favores y clientelismo, cuando las leyes se aplican selectivamente, cuando los ciudadanos pierden confianza absoluta en el sistema político y asumen que todos roban, la corrupción deja de ser anomalía. Se convierte en cultura.
Esto es lo más peligroso, porque un gobierno puede tener muchos problemas pero cuando ya está en un nivel de corrupción, como el régimen político de morena, es ya una corrupción generalizada de las buenas costumbres políticas, donde quiera que usted le aprieta sale pus, ya nadie puede creer, realmente, en la cosa pública, en este caso ya es un problema de cultura de la corrupción.
Ya necesitamos crear nuevas instituciones políticas, que eviten la degeneración del gobierno. Necesitamos poner límites al poder, para contener ambiciones privadas. Pues resulta que morena quitó todo esto y todos comenzaron a corromperse, empezando por Cabecita de Algodón y sus hijos.
Morena quitó los frenos a la corrupción, en cielo abierto, cualquiera se corrompe. No es justificación, es solo realidad. Votemos oposición para volver a poner los frenos a la corrupción, lo debemos de hacer antes de que sea demasiado tarde, y México ya esté en el fondo del barranco.
Así las cosas, en vía de mientras sea usted rabiosamente feliz.
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