ANDARES POLÍTICOS: Manlio Fabio vs. Andrés Manuel, el mismo gen priista

Benjamín TORRES UBALLE

Formados con el mismo gen priista, herederos de la savia tricolor del abuso, la explotación, el chantaje, la corrupción, la demagogia, la opacidad, el nepotismo y el amor patológico por el poder, hoy Manlio Fabio Beltrones y Andrés Manuel López Obrador están enfrascados en una serie de dimes y diretes que raya en el cinismo, la “verdad absoluta” y el show barato digno del arrabal.

Mientras Beltrones llama loco al mesías tropical por pelearse hasta con su propio hermano y acusarlo de traidor, López Obrador lo tilda de capo mafioso, “como Don Corleone”. Y las acusaciones son de todo calibre, contestadas una por una, como en una riña de taberna, pero aún peor es que ésta se lleva a cabo en un escenario más virulento y vil: la política. La nefasta y degradada política.

Tanto el presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como el dueño del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) apenas inician las hostilidades rumbo al 2018. Por lo tanto, aún nos falta por escuchar toda clase de descalificaciones, señalamientos e insultos entre ambos personajes, es decir, la parte facilona del rejuego político que suple a la inteligencia, a las propuestas y al debate de altura. Pero es importante señalar que nada de ello importa ni beneficia a la sociedad, únicamente exhibe a dos “políticos” anacrónicos.

Al mismo tiempo que el sonorense y el tabasqueño se denuestan afanosamente, el electorado confirma la trayectoria nada ejemplar de esos señores que comparten la formación en la “doctrina” priista y el gusto enfermizo por el poder. En la práctica, ninguno se ha olvidado de sus raíces priistas, los dos resultaron alumnos muy aventajados, aunque uno de ellos pretenda olvidar el ADN que lleva hasta en lo más profundo de su ser y que ahora canaliza con su “empresa” denominada Morena. El otro ahí está, viviendo y haciendo negocios desde hace años mediante los puestos públicos y disfrutando del erario. Ni a cual irle, sus “ofertas políticas” son demagógicas e inútiles.

Convenencieramente, López Obrador pretende no recordar que él mismo perteneció oficialmente a lo que ahora llama la “mafia del poder” y que sólo la abandonó cuando en el Revolucionario Institucional no accedieron a sus caprichos. Años después, el “rayito de esperanza” sigue actuando conforme a los más fieles principios de la enseñanza priista; si no, basta con recordar su apoyo a los Abarca en Iguala, la opacidad en los segundos pisos o cómo protegió a Marcelo Ebrard cuando éste fue cesado por el linchamiento de los policías federales en Tláhuac.

Larga es la lista para objetar a quien ha mandado al diablo a las instituciones, de las cuales hoy se beneficia a través de las asignaciones para Morena, pero también lo es para el dirigente nacional del PRI, al que persigue un prestigio nada grato, por señalamientos –no comprobados– de presuntos nexos con el narcotráfico (New York Times, febrero 1997) y una cuestionada gubernatura en su natal Sonora; sin embargo, lo que parece incidir mayormente en su contra es la defensa a ultranza de militantes del priismo como Humberto Moreira, Fidel Herrera y la tibieza con la que ha reaccionado ante el desastre de Javier Duarte en Veracruz. De la “Casa Blanca”, la violencia en Guerrero, Tamaulipas y el Estado de México, mejor ni hablar.

Desde la óptica del electorado, Beltrones Rivera representa al viejo PRI, con todo lo que eso significa, y quizá sea lo más pesado que cargue en su bagaje político este indispensable operador político del presidente Peña Nieto, que impulsó exitosamente las reformas constitucionales en la Cámara de Diputados. Su recompensa fue la dirigencia del PRI.

El camino electoral no será un día de campo para ninguno de los dos ex correligionarios, que por estos días se tratan con acritud exacerbada y manipulan su génesis priista en aras de conservar e incrementar cada quien su poder político. Por lo pronto, en entrevista con MVS Primera Edición, este lunes Beltrones acusó a López Obrador de mentiroso y ocurrente, y aseguró: “Yo sé que ya tuvo un problema en el corazón, pero yo no sabía que tenía Alzheimer…”.

Así es el nivel de la diatriba que se recetan, un día sí y el otro también, los señores Manlio Fabio y Andrés Manuel, lo que hace recordar el viejo adagio: “enójense las comadres y sáquense las verdades”.

BRASIL Y MÉXICO

No, no nos referimos a ningún partido de futbol (en los que, por cierto, nuestro país le ha tomado la medida a la verde-amarela), sino a la crisis económica, política y social que vive Brasil. La desbordada corrupción en Petrobras –y otras áreas– terminó por colmar a la población del gigante sudamericano, que exige la renuncia de su presidenta Dilma Rousseff y cárcel para el ex presidente Lula da Silva. El populismo, la corrupción, los malos manejos y el sobreendeudamiento siempre terminan por dañar a la sociedad; es una ley inexorable. Ojalá el gobierno de México aprenda de lo que sucede en Brasil. No queremos vernos en ese espejo.

@BTU15


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