Benjamín TORRES UBALLE
“No busques quién te la hizo, sino quién te la pague”, apunta el conocido adagio que la Iglesia católica parece haber seguido al pie de la letra el pasado domingo. En el editorial del semanario Desde la Fe, órgano oficial de la Arquidiócesis de México, el clero vapulea una vez más a los políticos —que no a la política— al afirmar que, en este proceso electoral, “Los partidos recurren a viejos candidatos, funcionarios señalados, cartuchos quemados, juniors y dinastías familiares, sea en solitario o al amparo de coaliciones kafkianas; las ideas políticas convincentes son pura ilusión que se aferran a campañas huecas que persiguen el poder sin proponer”.
Sin embargo, a decir de no pocos conocedores de los intrincados caminos en que se mueven arzobispos y obispos, el virulento editorial titulado “Otra vez a votar” bien podría ubicarse en el umbral de un desquite por la severa reprimenda que el papa Francisco propinó en público a la cúpula del clero durante su visita a la Ciudad de México, pero también como un distractor de las evidentes —y al parecer insalvables— pugnas internas de los jerarcas eclesiásticos.
Resulta obvio que para su desahogo eligieron con absoluta precisión el blanco adecuado: la vilipendiada clase política. Un privilegiado grupo al que nadie en su sano juicio va a salir a defender. Sus excesos, tropelías, hurtos e inmoralidades los convirtieron desde hace mucho en una causa indefendible y repulsiva. Ante ello, la Iglesia encontró al sparring perfecto, a ése al que todos abuchean y odian por gandalla y celebran con euforia cada vez que recibe castigo.
Y en hábil maniobra, la Arquidiócesis exacerba los ánimos en contra de los políticos mexicanos ávidos de un lucrativo “hueso” cuando reitera: “En cuanto a los candidatos, el electorado está ante los dilemas generados por la clase política desgastada y cuestionada. En medio de la corrupción y opacidad, todo se paraliza en las negociaciones legislativas, y los acuerdos se generan a raíz de los resultados en las urnas”. Incontrovertibles y precisos los argumentos.
Tan contundentes son los razonamientos en contra de partidos políticos y sus cuestionados candidatos que prácticamente nadie de ellos ha dicho “esta boca es mía”. A excepción de Jesús Zambrano, el perredista presidente de la Cámara de Diputados, quien tibiamente intentó la defensa al declarar que la Iglesia no debe meterse en política, ya que los políticos no intervienen en asuntos religiosos. Algún tipo de amnesia parece haber afectado a don Jesús, pues él fue uno de los muchos políticos que se peleaban por saludar y tomarse la foto con el Papa en Palacio Nacional bajo el peregrino argumento que era una recepción de Estado.
Trayendo a colación que en política nada es casualidad, llama poderosamente la atención que el misil de grueso calibre lanzado por el clero haya sido exactamente cuando se llevan a cabo las campañas electorales y el electorado está más atento a lo que sucede en éstas por los escándalos, filtraciones, acusaciones, impugnaciones, acarreos, y la infaltable torta y refresco incluidos.
“Definitivamente, no hay razón para permitir que los partidos políticos sigan derrochando inmoralmente los recursos de un país sumergido en la pobreza. Por ello, resulta inaplazable contemplar con seriedad la posibilidad de un recorte presupuestal a estos institutos políticos, sobre todo cuando el gobierno federal ha hecho un enorme recorte al gasto público. ¡Hoy no hay excusas!”, dice el llamado fervoroso de la dirigencia católica, en el que muchos coinciden.
Hoy la Iglesia católica parece aprovechar oportunamente el desprestigio de la clase política y la coyuntura electoral para quitarse presión mediática y dirigirla con mucha astucia a todos los partidos políticos y sus ungidos, que aspiran a vivir los próximos años cómodamente a expensas de nuestros impuestos y de todo tipo de transas que tengan oportunidad de realizar.
Ninguno de los señalamientos hechos a través del semanario arquidiocesano es nuevo ni desconocido para los mexicanos. Sabemos cómo se las gastan “nuestros” señores políticos y conocemos sus “aficiones” por el dinero público, las mansiones, los autos de lujo, las cuentas en el extranjero, los “moches”, el nepotismo y el infaltable “contratismo”. Así es que las críticas del clero se generan en un claro oportunismo político. Por lo pronto, vamos a ver qué sucede en este choque de trenes surgido por la defensa de grandes y poderosos intereses de ambos bandos.
VICENTE FOX Y LOS ALTOS SUELDOS EN EL CONGRESO
En entrevista para Noticias MVS, el ex presidente de México, Vicente Fox Quesada, al ser cuestionado sobre la petición de que se elimine la pensión vitalicia para los ex mandatarios, aseguró que él sí la necesita, pues vive de ésta, y que mejor reduzcan los salarios en el Congreso, así como de 500 a 300 los integrantes. Controversial como siempre. ¿Qué opinarán en San Lázaro?
@BTU15
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