CRÓNICA EXPRÉS: Héctor Pablo

Rosy RAMALES

Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva siempre lo tuvo todo en el PRI: Posiciones, rejuego político, presupuesto y cercanía con los círculos de decisión. Fue, sin duda, uno de los cuadros privilegiados entre los privilegiados.

Incluso, desde cuando incursionó en la política cuando en Héctor Pablo apenas despuntaba la juventud: Alto, delgado, con el cabello abundante y siempre ondulado, bien parecido y todavía inocente.

Lo recuerdo nítidamente casi siempre acompañado de don Héctor, su padre; un hombre de los medios de comunicación muy poderoso en aquél entonces por ironizar a los políticos con sus magníficas caricaturas.

Nunca preguntamos, pero suponemos que el poder de don Héctor influyó en el primer ofrecimiento del primer cargo público hacia Héctor Pablo. Eran los tiempos en que las designaciones no pasaban por la revisión de nadie.

Como haya sido, Héctor Pablo fue lo suficientemente hábil, astuto, audaz, para trascender a los sexenios y permanecer en la política; incluso, más allá de aquél poder paterno, que en algún momento mermó cuando desapareció el diario Extra de Oaxaca; un periódico pequeño que hacía periodismo a pesar de todo.

Pasaron los sexenios de José Murat Casab y Ulises Ruiz Ortiz y Héctor Pablo tuvo posiciones en la administración pública o partidistas el Revolucionario Institucional.

Después de Ulises Ruiz vino un gobierno de oposición al PRI, el de Gabino Cué Monteagudo, un ex priista arropado por el entonces partido Convergencia, el PRD y el PAN. Y fue en ese momento tal vez donde Héctor Pablo se engarzó a la política nacional de la mano de Videgaray.

Durante su larga militancia por el PRI, Héctor Pablo ocupó buenas posiciones en el gobierno local y el federal. Y en su entidad natal, Oaxaca, había pasado por casi todos los cargos de elección popular con excepción de dos: Senador y Gobernador.

En el 2016 intentó verse favorecido con la candidatura a gobernador, pero ésta ya estaba determinada para Alejandro Murat Hinojosa. Incluso, Héctor Pablo fue el primero de los cuadros con tal aspiración en reconocerlo como el perfil para encarnar la candidatura priista.

Luego en el 2018, HP quiso ser candidato a Senador de la República, pero el grupo gobernante ya había trazado una estrategia electoral en la cual el PRI formalmente no pondría al candidato (aunque fácticamente sí): Una coalición con su aliado de siempre, el PVEM, bajo cuyas siglas quedó registrado Raúl Bolaños Cacho Cué para la senaduría.

Héctor Pablo se sintió traicionado, según dicen, porque en el 2016 había acordado con la cúpula priista local la candidatura al Senado por la primera fórmula a cambio de levantarle la mano a Alejandro Murat como candidato a la gubernatura.

La estrategia fue diseñada de modo tal que maniató a todo priista para impugnar la decisión. Entonces, Héctor Pablo renunció al PRI tras dimitir también como Director General de Liconsa.

Dejando toda una vida atrás, se hizo candidato de la coalición PRD-PAN-MC, apoyado por cierto grupo de perredistas; incluso, por encima del mejor derecho de los militantes de cualquiera de estos tres partidos políticos.

Y emprendió una campaña de odio en contra del PRI, de los priistas, del candidato de la coalición PRI-PVEM-Panal. Y se confió en el capital político electoral construido desde Liconsa, pero no fue suficiente; además, ciertos grupos perredistas y panistas no movieron un solo dedo para apoyarlo.

Ante tanto derecho lesionado, Héctor Pablo perdió y se fue hasta el tercer sitio. Vaya, ni siquiera pudo colocarse en segundo lugar y así ganar la senaduría de primera minoría. El poder, es el poder, pero sabiéndolo, lo desafió.

En esa búsqueda por la senaduría, sus adversarios incluso llegaron a vincularlo con el ex gobernador Ulises Ruiz Ortiz; según que éste lo habría ayudado abriéndole puertas opositoras a solicitud del interesado. Claro, ambos lo negaron.

Y más valdría que así haya sido. Porque entonces ninguno cargaría en la conciencia el peso de la traición al PRI. O tal vez no fue así, pues ahora Héctor Pablo regresa al Revolucionario Institucional para respaldar a Alejandro Moreno Cárdenas en su aspiración a la presidencia nacional priista, no a Ulises Ruiz.

¿Traición o camuflaje? El tiempo lo dirá… es más, por ahí circulan ya diversos artículos muy adversos a HP.

¿O de algún modo Héctor Pablo se vio obligado porque algo le saben por su paso por Liconsa y como cierto grupo priista tiene excelente relación con el Gobierno Federal, pues ofreció mediación a cambio de respaldo?

Mmm…pero qué capital político puede tener ya Héctor Pablo sin cargo y sin presupuesto. Claro, tiene sus habilidades como operador político electoral.

En fin, amén de los motivos de Héctor Pablo, nunca debió abandonar el PRI cuando no tenía la seguridad de ganar la elección al Senado, ni la posibilidad de hacer una carrera en la oposición a su partido de origen.

Vaya, en el PRD y en el PAN a duras penas hay cargos para los propios, menos hay para los extraños; el canibalismo interno es tal que ha llevado a ambos partidos políticos, sobre todo al PRD, al borde de la tumba política. ¿Qué futuro entonces tendría Héctor Pablo?

Ni futuro, ni la suerte, ni las tablas, de un Ricardo Monreal, de un Andrés López Obrador, de un Porfirio Muñoz Ledo, que abandonaron al PRI e hicieron carrera en la oposición.

En fin, hubo un momento de tanto brillo en la vida de Héctor Pablo que se olvidó hasta de sus amigos… bueno, en política no hay amistades, hay conveniencias y complicidades; tal vez por lo mismo se olvidó de personas que siempre le tendieron la mano.

Después de su salida del PRI, Héctor Pablo ya nunca será el mismo, aún cuando haya regresado con bombos y platillos. Por lo menos tardará en levantar de nuevo su imagen, deteriorada por el fantasma de la traición a su partido.

¿O podrá ser el mismo? ¿Cómo remontar tal fantasma?

En fin, el mayor capital de un político es su imagen.

FE DE ERRATAS: Habíamos puesto la incursión de Héctor Pablo en política allá por el sexenio de don Heladio Ramírez López, y que también había ocupado posiciones en el de Diódoro Carrasco Altamirano, pero HP (el ahora «ex chico súper poderoso») aclaró que no, en los siguientes términos jocosos:

«Rosy agradezco tu artículo sobre mi solo con una aclaración: yo no trabajé ni con Heladio ni con Diódoro, en esas épocas andaba yo en la universidad ja ja. Tampoco soy tan viejo!»

¿Usted cree? Dice tener 51 años de edad, que nació el 30 de noviembre de 1967. ¿Sí llegaría en esa fecha la Ciegüeña? ¿O hubo error en el Registro Civil? Bueno, si Héctor Pablo lo afirma, habrá que creerle.

***

Correo: rosyrama@hotmail.com


Descubre más desde Rosy Ramales

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *