ANDARES POLÍTICOS: “Cien fuegos” en el Ejército

Benjamín TORRES UBALLE

La detención en Estados Unidos del general Salvador Cienfuegos Zepeda, secretario de la Defensa en el gobierno de Enrique Peña Nieto, es un asunto que cimbró a la élite del Ejército mexicano. La cohesión que tradicionalmente ha mantenido el instituto armado le ha permitido superar toda clase de presiones políticas del más alto nivel, tanto nacionales como del exterior.

Sería ingenuo pensar que el arresto del general no tiene efectos en el actual titular de la Sedena y quienes hoy detentan el control de las fuerzas armadas. El presidente López Obrador ha empoderado y consentido a los militares como nunca antes. Les otorgó la construcción de una serie de megaobras que tienen asignados recursos millonarios, entre ellas, el aeropuerto en Santa Lucía; 2 mil 600 sucursales del Banco del Bienestar; dos tramos del Tren Maya y la conclusión de 32 hospitales dejados al garete por gobiernos anteriores, por mencionar sólo algunas.

El impacto por la captura de Cienfuegos es un golpe brutal no sólo al Ejército en su casta dorada, sino al presidente mismo y a la imagen de México ante la comunidad internacional. Durante años, nuestro país y sus gobiernos, en particular los últimos sexenios, han estado bajo el escrutinio mundial por escándalos de corrupción y donde el Ejército no escapa a sospechas por ello.

Una muestra de que altos mandos castrenses pueden sucumbir a las tentaciones del crimen organizado es lo sucedido a otro general: Jesús Gutiérrez Rebollo, director del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas en el sexenio de Ernesto Zedillo, quien fue condenado a 40 años de cárcel por delitos contra la salud (fomento a la transportación de cocaína, violación a la ley federal contra la delincuencia organizada y cohecho), luego de que en febrero de 1997 se difundieron audios en los que presuntamente Gutiérrez Rebollo y Amado Carrillo Fuentes, jefe del Cártel de Juárez, acordaban los pagos que el “Señor de los Cielos” hacía al militar.

Si en Palacio Nacional nada sabían de la investigación que la DEA realizaba desde hace meses sobre Cienfuegos Zepeda, solo muestra un par de cosas: que la agencia gringa desconfía del gobierno mexicano y por eso lo ignoró o que en Palacio conocían de la indagación pero prefirieron mirar a otro lado antes que tocar a la superioridad del Ejército.  

López Obrador no sólo incumplió la promesa de regresar al Ejército a sus cuarteles, por el contrario, les ha dado más atribuciones que en la praxis resultan peligrosas. A través de la cuestionada Guardia Nacional, militarizó de facto al país. Su comandante es un militar, un poderoso general, para ser precisos, se trata de Luis Rodríguez Bucio, doctorado en Defensa y Seguridad Nacional.

El tabasqueño, al igual que ciertos mandatarios en el mundo a quienes les produce urticaria la crítica, acostumbran ganarse las “simpatías” de las fuerzas armadas para sostener de manera robusta sus regímenes y para ello suelen otorgarles beneficios excepcionales. México hoy lo vive.

Desde luego que lo sucedido al general Cienfuegos molestará a demasiados en el instituto armado y preocupará a otros tantos. El obús de la DEA pegó donde más duele: en el orgullo y dignidad de quienes dirigen al Ejército; más aún, ahora saben que no están exentos de que en el futuro –para algunos, muy cercano- pudiera sucederles lo mismo. Los estadounidenses pusieron fin a un pacto no escrito y a partir del apresamiento del general, cualquier militar puede ser detenido.

Pero también vale la pena ubicar en su contexto preciso la acción unilateral de la agencia antidrogas estadounidense. Ésta se llevó a cabo “casualmente” cuando faltan poco más de dos semanas para las elecciones presidenciales en la unión americana y cuando el actual presidente, Donald Trump, está por debajo de su adversario en la mayoría de las encuestas, con altas posibilidades de perder la reelección.

Trump, desde su campaña presidencial, convirtió a México en punching bag. No oculta su aversión hacia nuestro país y especialmente a nuestros connacionales que, en busca de mejores condiciones de vida -no encontradas en la nación- emigraron al país del norte o intentan cruzar hacia él. La variedad de ofensas proferidas por el republicano es vasta, para él los mexicanos que ingresan a su territorio no son más que” criminales, traficantes y violadores”.

Así que más allá de un nuevo escándalo de corrupción proveniente de las esferas gubernamentales, esta ocasión de Ejército, una de las instituciones del Estado mejor calificadas por la sociedad, es importante observar el panorama completo donde, es evidente, existen fuertes intereses de Estados Unidos y no precisamente bien intencionados. Trump está en campaña y es capaz de todo.

El daño está hecho y aunque las autoridades en EE.UU. deben comprobar los supuestos cargos por narcotráfico y lavado de dinero al general Cienfuegos, no queda duda de que la “bomba” detonada por la DEA fue de racimo y deja muchos afectados, entre ellos al presidente López Obrador y al Ejército como institución, donde, es innegable, hay “cien fuegos”, por lo menos, que hoy arden intensamente en los niveles superiores allá por Lomas de Sotelo, en la Ciudad de México.

STATU QUO

Alfonso Durazo, el titular de Seguridad y Protección Ciudadana ya alista sus maletas para salir de la Secretaría y buscar la gubernatura de Sonora, su tierra natal. En sotto voce, miembros del Gabinete dan por hecho la llegada de Marcelo Ebrard para poner orden en un área tan neurálgica en la cual Durazo pasó de noche, sólo basta ver los altísimos índices delictivos en la República.

@BTU15     

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