ANDARES POLÍTICOS: El Día del Periodista, ¿con censura o sin censura?

ANDARES POLÍTICOS: El Día del Periodista, ¿con censura o sin censura?

7 enero, 2019 0

Benjamín TORRES UBALLE

Con solidaridad para la Revista Etcétera

Este viernes se conmemoró en México el Día del Periodista. Una celebración devenida a mero acto simbólico. A pesar de las felicitaciones oportunistas colgadas en las redes sociales por gobernantes, políticos y funcionarios, la realidad es que no hay razones para festejar dignamente a quienes se dedican a ejercer el periodismo, particularmente a los que osan desempeñarlo con un enfoque crítico. No, porque el gobierno mismo representa la mayor amenaza para aquellos que lo enjuician.

Por eso están de más las expresiones hipócritas que desde el poder y sus demonios aparecen a propósito de fechas en que se intenta reconocer la imprescindible labor de los profesionales del periodismo y de los medios de comunicación. Incluidos, por supuesto, los que se niegan a convertirse en marionetas del autoritarismo y la descalificación a priori. Una democracia deja de serlo cuando, sin importar la causa, cientos de comunicadores son violentados impunemente.

Incluso existen, además del sistema, otros factores lesivos que agreden de manera recurrente el trabajo periodístico y a sus autores. Ahí están las bandas criminales, elementos policiacos coludidos con los diversos cárteles, y también los diversos grupos de poder fácticos. Pero quizás la mayor perversidad se da cuando los propietarios de periódicos, al igual que concesionarios de televisoras y estaciones de radio, establecen la autocensura para alinearse sin pudor alguno y actuar como los dóciles soldados incondicionales del señor Presidente, en el abyecto juego del poder.

Quizás es la razón por la cual en ciertos medios impresos y electrónicos la orden de no “tocar” al Presidente y deshacerse de los colaboradores incómodos es una deleznable práctica. Así hemos visto salir de empresas ‘periodísticas’ a José Gutiérrez Vivó, Carmen Aristegui, Leonardo Curzio, Incluso, otros ‘fastidiosos’ comunicadores han resentido los embates del régimen. Carlos Loret de Mola, León Krauze, José Cárdenas o Ciro Gómez Leyva, por discordar del discurso oficial, pueden dar cuenta de ello.

La práctica gubernamental en México de acotar a los críticos de la tarea presidencial, es costumbre añeja. La presente administración no es excepción. Los encontronazos de Andrés Manuel López Obrador con quienes en espacios periodísticos manifiestan inconformidad a las decisiones del tabasqueño, no son nuevos, se remontan a varios lustros, cuando empezó con sus afanes presidenciales. El catálogo de adjetivos que les endilga a sus detractores es amplio para denostarlos: “fifís”, “conservadores”, “apariencia de liberales”, “calumniadores”. Éste es el talante del nuevo mandatario de México.  

Apenas la semana pasada acusó a Reforma de“volarse” la nota en un artículo donde el diario señala que los homicidios dolosos en lo que va del gobierno obradorista aumentaron 65% en relación con el último mes de la gestión de Peña Nieto. Además, acusó al rotativo de atacarlo otra vez. Eso sí, el presidente López Obrador jura y perjura que es respetuoso de la libertad de expresión y que nunca utilizará la censura, aunque hará uso del derecho de réplica. Es decir, la amenaza velada.

Y a los amagos e intimidaciones de la maquinaria oficial, se agregan aquellos vomitados por las turbas de fanáticos en las “benditas” redes sociales mediante las que ofenden y atacan a quienes ejercen el inalienable derecho de juzgar y visibilizar la labor de un servidor público pagado por los ciudadanos. Grupos de porros “digitales” que conjuran para quemar en la “plaza pública” a un periodista crítico, a un comunicador, o a un medio que se atreve a salirse del ominoso guion: “Sí, señor Presidente, lo que usted mande”, “las horas que usted disponga”, “lustro sus zapatos, señor”.

Como en días recientes le sucedió a la Revista Etcétera, cuya cuenta en Twitter fue suspendida por presiones de grupos, bots y personajes siniestros. Sólo las masivas protestas en la arena digital aunadas a las severas críticas y repudio por la burda maniobra, lograron que la empresa del pajarillo azul restableciera el espacio de la revista, una de las más críticas del titular del Ejecutivo. Dado que las coincidencias políticas no existen, las miradas se dirigieron hacia Palacio Nacional.

Por todo lo descrito resulta imposible conmemorar el Día del Periodista en este violento país. Es evidente que para el gobierno – pasado y actual- la seguridad de los periodistas no es prioridad, ni le importa que ello redunde en detrimento de nuestra incipiente democracia. La impunidad con la cual se quita la vida a un trabajador de los medios de comunicación, trátese de un columnista, reportero, fotógrafo, o editor, exhibe la negligencia, desinterés y tal vez hasta complicidades de la oligarquía política en turno.

Quien en la esfera del poder carece de capacidad para comprender que el ejercicio de la función pública conlleva obligadamente el escrutinio social y del periodismo, bien podría, hace tiempo, haber cruzado la línea democrática para arraigarse en el repugnante abismo del autoritarismo.

Ojalá que muy pronto en México existan motivos para celebrar con entusiasmo el Día del Periodista. Hoy día no los hay. Dejaron de existir a punta de balas. También por la criminal indolencia gubernamental que ubicó a la República como uno de los lugares más peligrosos para ejercer el periodismo. Guste o no, para restaurar el estado de derecho y fortalecer la anémica democracia nacional, es indispensable el periodismo crítico, serio y responsable. Sobra el autoritarismo; es inaceptable la violencia verbal y simulación en los discursos de quien está obligado a procurar la paz y armonía entre los mexicanos.

@BTU15

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