ANDARES POLÍTICOS: El mal ejemplo de no usar cubrebocas

Benjamín TORRES UBALLE

Pese a que en México se rebasó el medio millón de contagios confirmados por el gobierno, y nos aproximamos a las 60 mil muertes ocasionadas por Covid-19, es posible ver en las calles y otros muchos lugares, a personas sin el cubrebocas. El Presidente de México es uno de esos ciudadanos.

López Obrador ha dicho en varias ocasiones, que no está demostrado plenamente que el uso de la mascarilla proteja del contagio. El mandatario se basa en opiniones de los científicos de su preferencia, entre ellos, el desprestigiado y servil subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.

No obstante, al señor Presidente lo hacen caminar en sentido contrario sus erráticos consejeros y su conocida soberbia. Las evidencias científicas y recomendaciones de verdaderos doctos en la materia de infectología y áreas afines, son contundentes: el cubrebocas protege en alto grado del contagio cuando es utilizado de manera correcta, tanto en espacios abiertos como cerrados.

“Nosotros concluimos (…) que sí hay una transmisión muy importante de coronavirus que se puede evitar por el uso de máscaras”, afirmó el Premio Nobel de Química, Mario Molina, durante su conferencia titulada Cubrebocas, aerosoles y contagio viral, organizada por el Colegio de México el pasado viernes y transmitida por diversas plataformas digitales.

Y las conductas de funcionarios del Gabinete presidencial avalan, de facto, las afirmaciones del laureado científico mexicano. Así, podemos ver usando cubrebocas en reuniones mañaneras en Palacio Nacional y fuera de él, a Esteban Moctezuma, Zoé Robledo, Arturo Herrera, Marcelo Ebrard y la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, la morenista Claudia Sheinbaum, entre otros.

“En semanas recientes se ha aceptado que efectivamente hay una transmisión muy importante de coronavirus por estos aerosoles y por eso necesitamos usar máscaras, cubrebocas”, subrayó el doctor Mario Molina en otra parte de su ponencia.

Mario Molina, junto con un grupo de químicos de la atmósfera, publicó en junio pasado el artículo Identifying airborne transmission as the dominant route for the spread of COVID-19 (Identificar la transmisión aérea como la ruta dominante para la propagación de COVID-19), en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, en el que establece el papel de las partículas en el contagio de coronavirus, precisó el Colegio de México.

Como se ve, no existe razón alguna para obviar la utilización de la mascarilla. No, al menos, una razón coherente, justificada y hasta decente. No hacerlo, simplemente demuestra poses propias de niñerías. Pero cuando un mandatario se niega obstinadamente a su uso incurre, además, en errores que envían señales inequívocas a la población pues desalientan, en modo alguno, su utilización.

Así, no es casualidad que los tres países con mayor número de muertes por la covid-19: Estados Unidos, Brasil y México, tengan en común a presidentes reacios al uso de las mascarillas protectoras contra el nuevo coronavirus. A Trump, éste es uno de los motivos que le costará la reelección.

En México, la pandemia arrasó ya con la vida de miles de ciudadanos y seguramente lo hará con más en los próximos meses. La estratosférica cantidad de fallecimientos por el SARS-Cov-2, es muestra incontrovertible de que la estrategia oficial para enfrentarla deja mucho que desear. Los equívocos han sido muchos y costosos en todos los aspectos. Desdeñar el uso del cubrebocas, es garrafal.

Como en otros muchos aspectos fundamentales para México, el gobierno subordina el interés general a sus intereses y proyectos políticos; en tanto, el pueblo bueno y sabio es el pagano.

“En México todavía no lo estamos haciendo bien, la ciencia nos dice qué es lo que tenemos que hacer, desafortunadamente la política no”, se lamentó Mario Molina en su conferencia.

“Es importantísimo que las personas de alto nivel que están en el gobierno usen cubrebocas para proteger a la población. Sabemos que los presidentes en Estados Unidos y en México no usan y eso es por falta de información científica. Incluso obligar al uso de cubrebocas puede ayudar a aplanar la curva de contagios”, subrayó el destacado investigador surgido de la UNAM.

Si por los rumbos del zócalo capitalino no escuchan a los expertos y siguen prestando oídos a los abyectos aduladores, la administración obradorista continuará acumulando un pasivo pandémico muy alto que necesariamente pagará en algún momento y esto podría suceder en las elecciones del año próximo. La sinrazón de negarse al uso del cubrebocas es absurda y nada inteligente.

Hoy, resulta inútil, ofensivo y esencialmente populista que se guarde un minuto de silencio y se aplauda al personal médico en las dependencias del gobierno. A los médicos poco les ayudan o benefician aplausos forzados que obedecen a una orden presidencial; la mejor forma de honrarlos es proporcionarles el equipo, medicamentos e instalaciones adecuadas para desarrollar su labor.

De los fallecidos por Covid-19, guardarles un minuto de silencio es ocioso. Eso no sirve para devolverles la vida o mitigar el profundo dolor de las familias. Es útil, en realidad, aportar mayor presupuesto al sector Salud y mejorar sustancialmente su infraestructura, lo demás, es puro circo.

@BTU15

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