ANDARES POLÍTICOS: Evo Morales, dos veces corrido

Benjamín TORRES UBALLE

“Con respecto a la información que circula sobre Evo Morales, precisamos que el día de hoy el Sr. Morales viajó por la mañana rumbo a Cuba. Según nos informó, se trata de un viaje temporal. Por el momento esa es la información disponible”, tuiteó el pasado viernes, el vocero de la Cancillería, Roberto Velasco Álvarez, para intentar explicar la súbita salida de territorio azteca, en condiciones cuasi secretas, del ex presidente de Bolivia.

La partida de Morales se dio, de manera “coincidente”, luego de la visita a Palacio Nacional un día antes, del fiscal estadounidense, William Barr. Bajo el sabio adagio de que en política no existen las casualidades, las especulaciones del viaje del asilado boliviano a la isla caribeña, han sido vastas.

“Vino Barr a informarle a AMLO cómo está la cosa: MX debe enfrentar a cárteles, sacar a Evo, aceptar operaciones de DEA aquí y ceder en T-MEC. O sea, la enchilada completa, pero para los gringos. Y saben qué: ¡México aceptó! ¡Viva la 4T!”, describió el viernes reciente en Twitter, Ricardo Pascoe Pierce, exembajador de México en Cuba y columnista del periódico Excélsior.

Desde que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador decidió “rescatar” al ex presidente boliviano y envió un avión de la Fuerza Aérea para hacerlo, un cúmulo de críticas cayeron sobre el titular del Ejecutivo. Morales es visto por un amplio sector de la sociedad mexicana como uno de los mandatarios sudamericanos populistas y con deseos de eternizarse en el poder, lo cual está lejos de otorgarle simpatías, por el contrario, hay mucha animadversión hacia su persona.

Evo Morales Ayma no es el asilado político con el que los mexicanos suelen solidarizarse, como lo ha demostrado la historia con el llamado exilio español, o los perseguidos por las dictaduras en Sudamérica en la fatídica década de los 70, el siglo pasado. En Morales hay algo que no gusta a buena parte de la sociedad mexicana, tal vez sea su estrecha relación con el autócrata Nicolás Maduro y con el régimen cubano, pero sobre todo, sus ansías febriles de eternizarse en el poder.

Conjeturas de politólogos, académicos, y diplomáticos, sostienen que la partida de Morales hacia Cuba, donde esperará a que el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, tome posesión el próximo martes para trasladarse a esa nación, obedece a presiones del gobierno estadounidense a la administración lopezobradorista, pues en la Casa Blanca no cayó nada bien que el presidente López Obrador haya autorizado sin objeción alguna el asilo al “renunciado” Morales Ayma.

Si bien al mandatario mexicano le asiste toda la razón cuando, a propósito de las ansias intervencionistas del vecino del norte,  invoca la autodeterminación de los pueblos y hace énfasis en la no intervención, concepto que seguramente tiene el apoyo de toda la población, en los hechos no es sino un bonito discurso para consumo interno, pues la realidad demuestra que, debido a la ancestral y evidente dependencia de México respecto a la unión americana, es prácticamente imposible que el presidente López Obrador se oponga a las disposiciones de Trump y compañía.

Durante la campaña presidencial, López Obrador presumió que respondería a cada una de las ofensas y amenazas de Donald Trump, a través de las redes sociales. Hoy, esas palabras se las llevó el viento y la realidad de México respecto a los Estados Unidos no ha variado. La dependencia comercial, de remesas, de turismo y de inversiones que nuestro país tiene de los estadounidenses le imposibilita de facto desobedecer las instrucciones provenientes de Washington. En descarga del tabasqueño, es necesario reconocer que la sumisión gubernamental viene de tiempos ancestrales.

Por lo tanto, no es de extrañar que Evo Morales se haya marchado por la puerta trasera, en una especie de reedición del ignominioso “comes y te vas” que le aplicó el entonces presidente Vicente Fox a Fidel Castro por deseos de la administración de George W. Bush en el año 2002. Sólo que ahora el título de la comedia bien podría titularse “te asilo, pero sólo hasta que  quieran los gringos”. Y para los vecinos del norte Morales es persona non grata, en especial si desde aquí se le permite operar políticamente sin restricción alguna y con todas las facilidades del Estado.

No obstante, bastó un enviado de alto nivel con el mensaje de Donald Trump para que se acabara la placentera estancia del ex gobernante boliviano en la república mexicana. El principal dolor de cabeza para López Obrador, no es la inseguridad –que ya es decir mucho-, tampoco el nulo crecimiento económico del país; tal como se ve, son las órdenes y amenazas del gobierno estadounidense, donde a pesar de las lisonjas del republicano a su contraparte mexicana, la voluntad del poderoso vecino se hará efectiva siempre que así convenga a sus intereses.

@BTU15

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