ANDARES POLÍTICOS: “No es momento de invertir en México”

Benjamín TORRES UBALLE

Las proyecciones del futuro económico para México empeoran conforme crece de manera exponencial el número de contagios y muertes a causa del Covid-19, lo cual se complica ante la ausencia de una estrategia clara y contundente del gobierno para enfrentar la crisis económica-social que ya está avasallando a millones de ciudadanos que perdieron su fuente de ingresos.

A pesar de ese marco catastrófico, donde en Palacio sigue observándose con optimismo color rosa, la realidad asesta duros golpes al discurso triunfalista que cada mañana se predica ante los medios de comunicación y algunos lacayos que, a cada instrucción, aplauden o preguntan a modo.  

El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó el pasado miércoles que la economía mexicana caerá 10.5% en 2020. Ante ello, el presidente López Obrador calificó de “muy pesimista” el dato del organismo internacional. “Yo estoy optimista a partir de datos, objetivos, datos reales, datos duros. Yo sostengo que nos vamos a recuperar pronto”, señaló el tabasqueño para salir del paso.

No obstante, son precisamente los datos duros, los reales, que abollan el injustificado optimismo del mandatario. Por ejemplo, quienes se han quedado sin empleo durante la pandemia, sólo en el sector formal, suman por lo menos un millón de personas; en la actividad informal la cantidad es mayor y se calcula que habría unos dos millones de afectados. Esto, en materia laboral.

De acuerdo a estimaciones del sector empresarial y comercial -al que López Obrador se niega a otorgar estímulos fiscales- son miles de empresas y comercios que ya no podrán reanudar operaciones debido al cierre forzoso ordenado por las autoridades para intentar frenar los contagios de la nueva cepa del coronavirus. Aquí, hay miles de plazas laborales perdidas en todo el país.

Y para que no exista duda de la situación verdadera, la que prevalece en la República a causa de las políticas erráticas emanadas desde el Ejecutivo, fue el embajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau, quien este jueves definió, sin cortapisas la delicada condición que prevalece en el territorio nacional: “no es el momento oportuno para invertir en México”. (bit.ly/3g5kanT).

El diplomático basó sus dichos ante los industriales de la Concamín, en que se ven cosas muy desalentadoras para la inversión extranjera y apuntó que corresponde al gobierno mexicano decidir si toma el camino de atraer inversión o espantarla. Más allá de los claros intereses norteamericanos, así es como se ven los yerros e indecisiones de la administración morenista desde la óptica de quien compra la enorme mayoría de nuestras exportaciones manufactureras.

Por eso es que el entorno en México no es para provocar optimismo, por el contrario, se vislumbra un panorama que se complicará aún más para la mayoría de los mexicanos; en especial lo resentirán de manera profunda los sectores más vulnerables. De concretarse el brutal desplome de 10.5% en el PIB, las consecuencias sociales serán devastadoras y tardarán años en poder revertirlas.

Si López Obrador insiste en su obsesión de cambiar las reglas del juego establecidas para la inversión y confrontarse con los dueños del dinero, éstos buscarán otros destinos seguros donde colocar sus recursos. La mala reputación comienza a permear a la actual administración que insiste en aplicar encuestas “patito” para guillotinar proyectos e inversiones que redundarían en miles de empleos.

Nada puede alterar la realidad mexicana, ni siquiera el señor presidente al que sus empleados y aduladores temen contradecir y además aplauden cada decisión sin importar que sea descabellada. Aspectos como ese alientan la errónea creencia del máximo líder morenista, en el sentido de que México saldrá de la actual crisis mediante una “V” y no con una “L”, tal como es la percepción generalizada entre expertos en materia económica y social.

El primer obstáculo para que el país pudiera superar la crisis en forma de “V” –caída rápida y profunda con salida también rápida- es la reticencia obradorista a tomar medidas contracíclicas. Por ello es más viable que se dé la teoría de “L” –desplome abrupto con salida muy lenta-.

Una de las obligaciones de López Obrador como jefe de Estado es defender los intereses de México, es un precepto irrefutable. Sin embargo, hacerlo de manera autoritaria, burda y por encima de las leyes no conduce a nada bueno. Como bien lo sabe AMLO, en política la forma es fondo, y si en muchas ocasiones se ha referido a la máxima juarista de que nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho, entonces hay que ponerlo en práctica. Tiene el oficio para hacerlo.

Coincidimos en que empresas extranjeras fueron beneficiadas de manera muy oscura por el peñismo y hay que ponerlas en orden, pero no se debe arremeter parejo con declaraciones incendiarias: “Que se entienda bien, que se escuche fuerte y lejos: México no es tierra de conquista, no van a venir a saquearnos, se acabó eso”. Esto trasciende lo estrictamente comercial y exhibe a un gobierno que hace gala de un discurso anacrónico. Es mejor la diplomacia de altura.

@BTU15  

Deja un comentario