ANDARES POLÍTICOS: “No es por presumir”, peeero…

Benjamín TORRES UBALLE

El presidente López Obrador no defraudó en el mensaje por su segundo Informe de Gobierno. Tal como se esperaba, se concentró en subrayar una serie de autoelogios y logros de su administración. Insistió, para aquellos “necios” que opinan lo contrario, en que, en el peor momento, los mexicanos tenemos la enorme fortuna de contar con el mejor gobierno.

Nada más alejado de la realidad. México hoy padece la peor crisis de su historia moderna originada en parte por la pandemia del covid, pero principalmente debido a una pésima gestión gubernamental. En esto no cabe pretexto alguno. En el desplome del PIB el año pasado (-0.3%), nada tiene que ver la crisis pandémica, tampoco que, en ese mismo año, la violencia haya crecido a niveles de horror que lo convirtió en el más violento desde que se tiene registro.

Más aún, desde el inicio de la administración obradorista, miles de burócratas empezaron a ser despedidos bajo la excusa de la poco creíble austeridad republicana y, en no pocos casos, hasta con “moditos” bastante groseros. Así, de un plumazo, fueron cancelados puestos de trabajo que, por cierto, no sobran en el país. Desde entonces, las filas del desempleo han engrosado rápidamente.

De acuerdo a cifras del Coneval, en 2018 –último dato disponible- se tiene registrados 52.4 millones de personas en situación de pobreza y 9.3 millones en pobreza extrema, es decir, uno de cada dos ciudadanos se encuentra en tan deplorable condición. Quizás por ello el señor Presidente encontró en ellos una veta inagotable para explotar su discurso “por el bien de todos, primero los pobres”.

Y es que son, precisamente los “pobres”, quienes conforman la base que sostiene la popularidad del tabasqueño. A un sector de los 61.7 millones de pobres les administran, en lo individual, migajas del presupuesto. Sin embargo, la gran parte de ese amplio estrato, no recibe un solo peso del erario, ni cuenta con seguridad social. Esto se complica con el hecho de que millones de pensionados del IMSS reciben cantidades exiguas que rayan en lo inmoral; a estos extrabajadores les pagan sus pensiones en UMAS y no se benefician del aumento que se otorga a los salarios mínimos. ¿Primero los pobres?

En los hechos, las generosas cantidades que se destinan a los programas sociales, convertidos en prioridad para López Obrador, son para apuntalar sus bases de simpatizantes, esos que lo llevaron al poder en 2018. Su cimiento electoral, pues. A ellos va dirigido su discurso de todas las mañanas, su perorata electorera que este martes fue repetida sin gran emoción en Palacio Nacional.

Imposible jactarse de ser el mejor Gobierno en épocas turbulentas, si no lo fue en la “antigua normalidad”. Los números ahí están a la vista de todo mundo. Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, muestran como la inseguridad y violencia tienen cautiva a la población. No es cierto que la incidencia delictiva vaya a la baja; el número de homicidios dolosos, feminicidios, ejecuciones y asaltos en el transporte público, lo evidencia. La captura de algunos capos, no ha frenado el inclemente baño de sangre, al contrario, lo ha exacerbado.

Tampoco es posible arrogarse el título de mejor gobierno, si hay niños con cáncer que no pueden acceder a medicamentos en los hospitales públicos. Menos, si en la lucha contra la pandémica enfermedad de la Covid-19, el heroico personal médico carece del equipo adecuado y los suministros para desarrollar tan titánica labor. Tampoco, si a instituciones para ayudar a la mujer se les retiraron o disminuyeron los recursos para regalarlos mediante programas electoreros.

Cómo presumir de ser el mejor gobierno, si el hermano de quien lo dice es grabado recibiendo bolsas de dinero en efectivo y el hecho, en lugar de investigarse por las instancias judiciales correspondientes, es reducido a “aportaciones voluntarias” de la gente, dizque porque así se hacen las revoluciones. Nuevamente surge la incongruencia en el alegato presidencial. El rasero con que se juzga públicamente a los adversarios no es el mismo. Las leyes son aplicadas a conveniencia.

Si no, cómo puede el Presidente explicar que un siniestro Manuel Bartlett siga al frente de la CFE, luego de que fue exhibido su imperio inmobiliario, al igual que el de la señora secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira y su simpático marido. Sin pudor, los aduladores son favorecidos.

Así que no es animadversión al jefe del Ejecutivo, únicamente que la realidad que él insiste en querer ver es totalmente distinta. México está en una severa crisis sanitaria sí, pero también económica, social y política. Con un país partido en dos, como lo ha propiciado López Obrador, donde los “conservadores” y “fifís” son los requete malos y los liberales como él -bueno, eso dice- son la esperanza y salvación de México, es claro que el “mejor gobierno” no se conoce en esta Nación.

STATU QUO

Según datos de la firma SPIN, el presidente López Obrador incurrió en 101 AFIRMACIONES NO VERDADERAS (23 promesas, 9 falsas, 69 no comprobables), durante su mensaje del II Informe.

@BTU15

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