CALEIDOSCOPIO: Autonomofobia electoral

Guillermina GÓMORA ORDÓÑEZ 

Una vez más y al cierre de su sexenio, el presidente Andrés Manuel López Obrador, retoma uno de sus principales mandamientos: ¡Al diablo las Instituciones! Enfoca, de nuevo, sus baterías contra los organismos autónomos y los órganos reguladores, como si se tratara de una competencia de tiro al blanco. 

Los acusa de “ineficientes”, de haber “guardado un silencio cómplice” de “no servir para nada”, de ser parte de un “gobierno paralelo”, dice que, «Fueron hechos para privatizar», etcétera. «¿Para qué ayudan organismos así?» AMLO cuestiona una y otra vez al tiempo que sentencia: “sería mejor que no existieran, nos ahorramos muchos recursos”.

Como discurso y propuesta de campaña suena bien, lo sabe y lo estirará lo más posible hasta el 2 de junio para que el voto duro de Morena se refleje en las urnas en favor de su candidata Claudia Sheinbaum. Al gobierno de la #4T le provocan alergia las evaluaciones, las recomendaciones y si fuera el caso, las sanciones sobre sus políticas públicas.

En el conveniente olvido de la política quedó el discurso pronunciado tras recibir su constancia de presidente electo, en agosto de 2018. Entonces, López Obrador prometió, ante los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que respetaría los poderes legalmente constituidos y las entidades autónomas. “El ejecutivo no será más el poder de los poderes ni buscará someter a los otros”. ¡Ajá!

En 2021, intentaron desaparecerlos con una “Reforma Administrativa”, que no avanzó en el Congreso, porque perdieron la mayoría legislativa en las elecciones intermedias. López Obrador reconoció entonces: “Ya no nos dará tiempo a nosotros…Y un poco lo que estoy pidiendo es que les quiten el presupuesto”.

Ahora en 2024, en plena guerra electoral, va por la cosecha de votos, en su papel de estratega de la coalición “Sigamos Haciendo Historia”. Prueba de ello la reforma al actual sistema de pensiones, para que los trabajadores jubilados reciban su sueldo completo de forma mensual y no solo una parte, además de que puedan percibir su último salario de vida laboral. Esto beneficiará a los que se encuentren afiliados al IMSS y al ISSSTE.

Sin duda, un atractivo anzuelo para los millones de votantes y un gran desafío para los partidos de oposición. López Obrador ilusiona a los electores a sabiendas de que sus propuestas son inviables, pero les pasará el costo político a sus adversarios a quienes acusará de no querer aprobar sus reformas para beneficio del “pueblo bueno”. Una jugada en doble banda.

Por ello, el Presidente, que no estará en la boleta el próximo 2 de junio, busca influir en el ánimo de los electores, desde la tribuna de la “Mañanera” dirige la campaña y acapara el discurso público. Sus candidatos y voceros sólo atinan a replicar el mensaje y decir que aprobarán todo lo que mandé al Congreso, al fin que estamos en tiempos de promesas.

Otro de sus objetivos políticos y mediáticos es la Reforma al Poder Judicial, busca que los jueces, magistrados y ministros sean electos mediante el voto popular, como si se tratara de unas elecciones. López Obrador sostiene que quiere «limpiar al Poder Judicial de complicidades, conflictos de interés, convivencias inconfesables, corrupción y derroches de recursos».

López Obrador, omite decir busca eliminar un contrapeso que incomoda a su administración. Olvida, convenientemente, que al gobierno federal lo integran: El Poder ejecutivo; Poder legislativo: Cámara de Diputado, Cámara de Senadores y el Poder judicial. Tres poderes autónomos garantes de nuestra democracia, que no deben subordinarse a otro.

Así las cosas, en campaña y al cierre del sexenio, el Presidente busca con sus reformas ganar votos, repartir culpas y eludir responsabilidades. Sí, desde la “mañanera” dirá que intentó con sus 10 o 20 proyectos de reformas transformar al país para beneficiar a los mexicanos y que sus adversarios políticos no lo aprobaron.

Su autonomofobia electoral, será un gran pararrayos y distractor contra las denuncias de corrupción, inseguridad, abusos de poder, desaparecidos, feminicidios y un largo etcétera que prometió resolver en 2018 y no cumplió. ¿El Congreso le servirá de comparsa al Presidente para seguir en campaña? Ya veremos.

 Vericuentos

¡Viva el chapulineo electoral!

Sin el menor pudor, la clase política cambia de camiseta en busca de la supervivencia laboral, Eruviel Ávila, ex senador del PRI, ahora es integrante del PVEM y llamó a la militancia del tucán: “Les pido que hasta donde tope nos vayamos con Claudia Sheinbaum”. Vaya, el ex gobernador priista, no quiere perder sus prebendas políticas. Por cierto, a la bancada del PRI en el Senado se sumó Indira Kempis, que estaba en Movimiento Ciudadano, dejó a los “fosfo-fo”, luego de la designación de Jorge Álvarez Máynez como candidato presidencial. Así de sólidos sus principios y congruencia política. ¡Tómala!

Megafarmacia – Megafracaso

Duro se fue la precandidata presidencial de la coalición “Fuerza y Corazón por México”, Xóchitl Gálvez, aseguró que la megafarmacia del presidente López Obrador es otro de los símbolos de ineptitud y corrupción del gobierno federal. A través de sus redes sociales, destacó que la megafarmacia nos costó 2 mil millones de pesos y es de 90 mil metros cuadrados, pero sólo surte en promedio cinco recetas al día, ni cómo desmentirla. ¡Sopas!

@guillegomora

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