COLUMNA DE CIPRIANO: Constitución y Naciones Originarias III

COLUMNA DE CIPRIANO: Constitución y Naciones Originarias III

8 septiembre, 2019 0

Cipriano FLORES CRUZ

No cabe la menor duda, la concepción de los hechos y cosas trae por consecuencia el modo o la manera de relación con tales hechos o cosas. Esto es muy claro con las Naciones Originarias de nuestro país. De acuerdo a la cultura europea de la época, en el proceso de colonización se nos concibió como bárbaros, puesto que todo pueblo que no tuviese la cultura griega, era eso, bárbaro.

Dentro de lo que implicaba ser considerados bárbaros, trajo por consecuencia ser considerados bajo  una serie de adjetivos, entre los cuales tenemos: aborigen, natural, indio, indígena. Durante el proceso de construcción del Estado nacional se nos fue reconociendo, en el sentido colectivo, puesto que de manera individual se nos dio la categoría de personas y de ciudadanos, como culturas diferenciadas respecto a la llamada cultura nacional.

Desde luego, esto fue un gran avance puesto que como culturas fuimos reclamando derechos específicos, unidos a nivel latinoamericano en los organismos internacionales se nos reconoce como pueblos. Pueblos indígenas serán aquellos que habitaban en el territorio que hoy es México antes de la llegada de los españoles y cuanto tales tenemos una serie de reconocimientos jurídicos y sociales.

El reflejo de tal concepción fue la redacción del actual artículo segundo de nuestra Constitución. Nuestro reconocimiento  como culturas milenarias será considerado como el sustento del carácter pluricultural de la Nación. Si nos atenemos al artículo segundo constitucional, sólo somos reconocidos desde la perspectiva de la Nación y no del Estado mexicano.

La Nación mexicana, única e indivisible, reconoce a la libre determinación de los pueblos originarios en el marco de la unidad nacional, no es posible otro reconocimiento que no sea dentro de la unidad de esta  Nación mexicana. En este sentido, la libre determinación será sólo como autonomía para ciertos efectos que las autoridades calificarán de acuerdo al criterio de indivisibilidad y unidad nacional. Es como el papá que le dice a su hija que “eres libre, pero te quiero ver antes de las doce de la noche”.

Si desde la perspectiva de la Nación tenemos cerrado el camino para nuestros caminos de libertad, desde la perspectiva del Estado, se nos considera menores de edad, objetos de administración del Estado, objetos de su benevolencia en razón de nuestra posición en desigualdad y en discriminación del resto de los mexicanos. Se ordena por tanto, a la Federación, Estados y Municipios que nos atiendan que garanticen la vigencia de nuestros derechos.

Si nos fijamos, en ningún apartado de la Constitución se nos reconoce como constitutivos del Estado mexicano. sólo somos entidades de interés público. Entonces el paso transformador será nuestro reconocimiento como entes constitutivos del Estado nacional mexicano como sujetos institucionales y políticos.

Es decir, reconocernos como comunidad y municipio, para empezar, con atribuciones y funciones de acuerdo a nuestro derecho de autodeterminación. Definir bien el sujeto colectivo. Esto implica asignación directa de recursos presupuestales para el buen vivir de municipios y comunidades de las naciones originarias. Esto implica también que se pueden constituir de manera regional y estatal como gobiernos específicos, con población y territorio.

En esta tesitura, se podrá declarar al Estado oaxaqueño y yucateco como Estados plurinacionales, contando con presupuestos especiales para lograr el desarrollo de sus naciones o pueblos. Lo mismo puede pasar en los reconocimientos regionales de Estados como Chihuahua o Sonora.  Las Naciones Originarias tomarían en sus manos sus propios desarrollos.

Desde luego, en territorios regionales y estatales habría representantes, en las instituciones nacionales también como en la Cámara de Diputados y de Senadores. En los Estados como Oaxaca, eminentemente con población mayoritaria de Naciones originarias, éstas determinarían su organización política, institucional y jurídica. Desde luego, en nada se pueden parecer al régimen prevaleciente.

Todo lo anterior significa un nuevo método para contar estadísticamente a las Naciones en comunidades, municipios, regiones y Estados, con nuevos criterios de identidad. El sujeto Nación Originaria será el protagonista en esta Cuarta Transformación.

Desde luego, no habrá problema de balcanización del país, será esta idea en manos de los conservadores el mayor escollo para el reconocimiento político de las Naciones Originarias. Aspirar a ser constitutivos del Estado mexicano no es un crimen puesto que somos mexicanos como el que más.

Seamos justos, tenemos el derecho a la diferencia, tenemos el derecho de tener en nuestras manos nuestro destino, que la construyamos en el contexto de la gran Nación que es México, tampoco es un crimen. Hay que barrer los prejuicios que tanto daño nos ha hecho durante más de quinientos años. Somos una civilización que merece estar y vivir con esplendor, con garbo y aires de libertad, sobre todo, para defender nuestro planeta. Para detener su destrucción y florecer de nuevo de cara al renacimiento del Sexto Sol.  Cuarta Transformación y el nacer del Sexto Sol deben ir de la mano.