CRÓNICA POLÍTICA: Guardia Nacional, arma de doble filo y el beneficio de la duda

CRÓNICA POLÍTICA: Guardia Nacional, arma de doble filo y el beneficio de la duda

9 enero, 2019 0

Rosy RAMALES

Es buena la intención del presidente Andrés Manuel López Obrador de implementar la Guardia Nacional para combatir de manera pronta y eficaz la delincuencia en nuestro país; el crimen organizado se ha enseñoreado en el territorio nacional.

Sin embargo, distintos actores políticos tienen sus reservas bajo el argumento de tratarse de una militarización simulada, la cual conllevaría al control de la población por la fuerza y a la violación de los derechos humanos.

Vaya, han llegado a imaginar hasta escenarios donde elementos del Ejército Mexicano entran a las casas sin orden judicial y hacen destrozo y medio no solo con los muebles, sino también con la vida de las personas, incluyendo la honra de las mujeres. 

Son escenarios indeseables, pero nadie tiene la certeza de que así será.

¿Por qué no conceder el beneficio de la duda a la Guardia Nacional? Precisamente habrá una ley para regularla y evitar cualquier exceso de los militares, quienes ciertamente están formados de manera dura. Sin embargo, la misma disciplina es vía para la humanización.

Es más, el Ejército tiene su lado muy humano, el cual demuestran cuando se implementan planes de emergencia y de rescate en ocasión de desastres naturales. Además, en los cuarteles alguna clase habrán tomado sobre derechos humanos máxime cuando se rigen por la Constitución General y ésta desde el 2011 los tiene como eje rector.

En ese año el Congreso de la Unión hizo una reforma constitucional para establecer como columna vertebral los derechos humanos, poniendo al centro la dignidad de la persona, la cual es el fin de todas las acciones de gobierno.

Entre los principales cambios de la reforma se encuentra el deber de todas las autoridades, sin distinción alguna, de cumplir con cuatro obligaciones específicas: Promover, respetar, proteger, y garantizar los derechos humanos. Y la obligación de investigar, sancionar y reparar cualquier violación a los mismos.

Entonces, el Ejército Mexicano debe estar instruido sobre el artículo 1º constitucional, donde se establece precisamente el goce de los derechos humanos de todas las personas, con las excepciones que la misma Carta Magna establece.

No obstante, distintos actores políticos tienen sus reservas. Veremos qué pasa al final de la discusión. Y ojalá que entre las voces oponentes no se encuentren algunas impulsadas por intereses inconfesables, los cuales saldrían perjudicados con la Guardia Nacional.

Claro, como casi toda acción nueva y riesgosa, la Guardia Nacional también puede ser una arma de doble filo. Porque si bien cabe la posibilidad de constituir el instrumento para el combate pronto y eficaz de la delincuencia y sobre todo del crimen organizado, también es probable el acecho de peligros.

Por ejemplo, el peligro para los derechos humanos al militarizar las calles. Sin embargo, el marco jurídico en puerta regularía la actuación de la Guardia Nacional, acotando excesos. ¿O no sería así?

Otro peligro: Que dicha Guardia y, en consecuencia el Ejército Mexicano, sean infiltrados por el crimen organizado para seguir operando en el país. Es un riesgo, sobre todo cuando están de por medio ganancias en millones de dólares.

En ese tenor, quizá deba implementarse la Guardia Nacional de manera temporal. Porque de que es necesario un mecanismo eficaz, es necesario.

Ejemplos de los bueno y lo malo cuando actúan militares, hay muchos. Habría qué preguntar cómo funcionó la entrada del Ejército Mexicano o de la Marina en aquellos lugares del país donde en sexenios anteriores hubo operativos emergentes ante situaciones ya incontrolables.

Lugares donde las bandas de criminales prácticamente salían a duelo como en las películas del Viejo Oeste, o donde casi todos los días amanecían cabezas humanas por doquier, o donde la siembra de estupefacientes por poco y se daba en macetas.

En administraciones anteriores no mandaron a los militares al combate del huachicoleo. ¿O si? Al parecer solamente le entraron las fuerzas de seguridad pública con resultados de “detenciones” de camionetitas transportando algunos tambos de combustible. ¿Alguna vez detuvieron pipas de Pemex o las cabecillas del robo de hidrocarburos?

En fin, hay experiencias donde la presencia del Ejército y de la Marina disminuyó los escenarios de violencia.

Habría que probar con la Guardia Nacional. Y si no funciona, darle reversa. Claro, sería necesaria la atención total de las instituciones responsables para evitar excesos y detectar a tiempo cuáles serían casos impulsados por intereses opositores.

Porque es probable que hasta inventen violación de derechos humanos en comunidades indígenas por parte de la Guardia Nacional con tal de desprestigiar a ésta.

Por cierto, muchos de los líderes “sociales”, que ahora ocupan una diputación o una senaduría vía la coalición “Juntos Haremos Historia”, siempre se opusieron a los operativos militares en sexenios anteriores. ¿Recuerdan?

En fin, también habría que leer de manera minuciosa la iniciativa para crear la Guardia Nacional.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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