EN OTRO CANAL: La necesidad de polarizar

Armando REYES VIGUERAS

Basados en el conocido dicho divide y vencerás, somos testigos de una verdadera batalla para polarizar a la sociedad. La división entre derecha e izquierda, en la cual cada bando piensa que es el único que tiene la razón, nos lleva a tener disputas diarias, pero ninguna solución. Que desde el mismo Palacio Nacional se habla de conservadores o adversarios, demuestra que lo importante no es resolver nuestros problemas, sino ganar la guerra ideológica.

Militantes

Un periodista conocido más por la furibunda militancia que profesa que por sus textos, escribió en Twitter que la derecha se iba a quejar por la cancelación de una de las conferencias mañaneras. Y es que de ese tamaño es la lucha que atestiguamos, en la que la militancia importa más que la razón o la solución que necesitamos en varios de los problemas que tenemos como nación.

Si se habla de pobreza, no se hace en términos de la continuidad de lo poco bueno que ha funcionado o de nuevas propuestas para resolver este problema, sino que se hablará de si se es indígena, mestizo o blanco, para avivar la polarización.

Si el tema es la corrupción, no se anunciarán nuevas medidas o se dará a conocer algunos de los funcionarios actuales y pasados que han incurrido en esta falta, sino que se acusará a mucha gente de ser corrupta, con el fin de colocarse en el lado de los honestos, aunque en el fondo sepamos que se continúa pidiendo mordidas en muchos trámites.

En redes sociales vemos como muchos usuarios se etiquetan en bandos en los que se encuentran chairos o fifís, sin importar que en muchas ocasiones –y sin querer– se coincida en ciertas cosas.

Si revisamos el tema de la seguridad pública, tenemos que recordar como algunos se han alegrado por asesinatos –como fue el caso de la familia Le Baron–, en tanto que otros aprovechan la coyuntura para culpar al presidente en turno.

Así, la polarización se ha apropiado de la agenda pública y determina el tono de la conversación, incluso define hasta prácticas legislativas, como fue el caso de la aprobación del presupuesto, escenario que aprovechó el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Mario Delgado, para atacar a la oposición al decir que algunos diputados no acudirían a la sesión porque ya no había moches, sin recordar que en una reunión con el presidente, hubo reclamos por ese tema y López Obrador abandonó el encuentro molestó por eso.

Pero parece que para muchos es más fácil hablar en términos de unos contra otros, que en buscar coincidencias o encontrar soluciones en equipo.

Da pena ver como funcionarios públicos destinan parte de su tiempo para pelear con la oposición, recurriendo al discurso que desde la presidencia se ha diseñado, llamando a los demás conservadores o fifís.

También apena que la misma oposición caiga en la trampa y se dedique a responder estas provocaciones, sin poder aportar algo a una conversación viciada desde hace mucho.

La impresión que queda después de ver como se intercambian insultos, etiquetas y algo más en redes sociales y en espacios de comunicación diversos, es que mucha gente se encuentra a gusto con este tipo de enfrentamientos. Es como si la polarización fuera parte de nosotros mismos y disfrutáramos de atacarnos con cualquier tipo de calificativo.

¿Qué sucedería si la discusión pública o los discursos políticos se dieran sin etiquetas como izquierda, derecha, chairo o fifí, por mencionar algunas?

¿Podríamos pedir al presidente que, aunque sea por una vez, hablará sin atacar a sus supuestos adversarios o en colgarles algún calificativo?

¿Podríamos esperar de la oposición algo más que respuestas que los ponen en el mismo nivel que sus adversarios?

Y qué decir de muchos usuarios de redes sociales que han hecho del ataque a sus adversarios su actividad diaria, ¿algún día podrían dejar de hacerlo?

Considerando que se podría hacer un llamado a misa, más que una verdadera propuesta, el escenario futuro apunta a que las elecciones intermedias de 2021 estarán marcadas por esta polarización y que las campañas electorales girarán en torno a esta premisa.

¿Es lo que busca el partido en el poder, conviene este escenario a la oposición? Son simples preguntas, pero lo único cierto es que este elemento estará presente en nuestro país en el proceso electoral que se avecina.

Así, si esto no cambia, asistiremos a unas campañas cargadas con una polarización que pudiera derivar en violencia previamente a los comicios, algo que no dejará nada bueno, pues todo el proceso se contaminará con esto y los resultados serán altamente cuestionados.

No es un escenario deseable, pero para allá nos dirigimos a pesar de que en julio de 2018 el candidato ganador de la elección presidencial habló de reconciliación.

@AReyesVigueras

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