EN OTRO CANAL: ¿Saben en qué gastan los los partidos el presupuesto que reciben del INE?

Armando REYES VIGUERAS

Muchos defienden al INE por ser, de acuerdo a su opinión, resultado de la alternancia que hemos tenido, pero olvidando los lastres que esta institución lleva a cuestas acerca de los cuales simplemente callan. Cuando se pide que se reduzcan el enorme presupuesto que tiene bajo su control dicho instituto, los defensores callan convenientemente acerca de lo que se destina a los partidos políticos y la manera en que dichos organismos utilizan los recursos que provienen de nuestros impuestos.

Barril sin fondo

¿Cuántos ciudadanos conocen realmente en que gastan los partidos el presupuesto que se les destina a actividades ordinarias? A continuación unas cuantas pistas.

En una reunión del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), en la que se toman decisiones de trascendencia para el partido, en especial con relación a las elecciones, el tiempo pasa y llega la noche, pero eso no es obstáculo para que sigan las deliberaciones, por lo que se giran instrucciones para que les llevan de cenar a los asistentes al conclave partidista.

En este caso, puede ser un buffet, incluso una barra de sushi, para quienes se encuentran dentro de la sala en la que se lleva a cabo la junta, que también incluye café o postres, además de distintas botellas de licores, desde brandy hasta ron, pasando por tequila y similares, no vayan a faltarles fuerza a los militantes para tomar la mejor decisión.

Además, en el partido se presenta a la autoridad electoral facturas por servicios de tintorería que en ocasiones incluyen los trajes de algunos dirigentes.

Pero también a cierto número de funcionarios partidistas —al igual que en el Poder Legislativo— se les paga el servicio de telefonía celular, cuentan con chofer y tienen manga ancha para presentar facturas de restaurantes por las reuniones de trabajo que llevan en esos lugares, que por lo visto cuando han llegado a presentar algunas por más de 10 mil pesos, deben ser para tratar asuntos de Estado, aunque sea con menos de cinco personas.

En el partido que estuvo en el poder a principios de siglo, se llegó a la conclusión de que el presidente del Comité Ejecutivo Nacional estaba a la altura de cualquier secretario de Estado, por lo que su sueldo también debería estar en la misma sintonía, por lo que acabó ganando más de 100 mil pesos.

Esto hizo que la nómina del partido creciera, pues convenientemente tienen la disposición administrativa, por citar un ejemplo, que un director de área puede ganar entre 20 mil y 80 mil pesos, claro a discreción de la presidencia del partido, con lo que se puede contratar a un profesionista con experiencia y capacidad para sacar el trabajo necesario, pero con un sueldo de 20 mil, en tanto que un “operador político” —cualquier cosa que eso signifique— que es parte de un grupo que controla alguna de las estructuras del partido, puede ser incluido en la nómina para mantenerlo en funciones ganando 80 mil, sin que su labor contribuya a las actividades ordinarias del partido.

Y si consideramos que una estructura de personal como la del PAN ha llegado a tener a 250 personas en su CEN, pues se pueden imaginar el costo de dicha nómina y también considerar cuántos son los que realmente trabajan en las actividades permanentes y cuántos son parte de los grupos que piden cuotas para su gente.

Así, los partidos destinan buena parte de su presupuesto a mantener las cuotas de los grupos que han negociado la llegada de un presidente a la dirigencia nacional del partido, incluso con el privilegio de tener asegurado el pago de su chofer, celular, gastos de representación e incluso, en no pocas ocasiones, renta de la vivienda que ocupa si se tuvo que mudar de estado.

¿Cuántos mexicanos tienen la oportunidad de que en su trabajo les den, además de su sueldo, el pago de lo que describíamos en el párrafo anterior, al grado de que pueden depositar casi de manera integra su sueldo en una cuenta de ahorros por varios meses o años?

Y eso que no hablamos del uso que se hace de los automóviles que han sido comprados por el partido, flotillas en las que también son usadas algunas de sus unidades para apoyar a ciertos miembros del partido y que acaban en manos de sus familiares.

Tampoco abundaremos en la manera discrecional en que se designan sueldos, por los que en algunas áreas se puede tener a una secretaria que gana 10 mil pesos al mes, en tanto que en el escritorio de al lado hay una que percibe 50 mil. Claro que la primera acaba bajo las órdenes de la segunda, aunque en el organigrama y el directorio ostenten el mismo puesto.

Para los defensores del INE tal cual está, deberían darse una vuelta por las nóminas partidistas y revisar las facturas que presentan ante la autoridad electoral, para darse una idea de que están defendiendo, pues no sería una mala idea terminar con este tipo de gastos, es más, quitando los gastos de representación y obligando a los militantes que ocupan un puesto en la estructura del partido a pagar por sus comidas, haríamos un gran ahorro al país.

@AReyesVigueras

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