EN OTRO CANAL: Una breve reflexión sobre la violencia

EN OTRO CANAL: Una breve reflexión sobre la violencia

2 diciembre, 2019 0

Armando REYES VIGUERAS

Somos una sociedad violenta. Hay muchas pruebas de eso, aunque lo realmente grave es la manera de concebir a la violencia como una herramienta para solucionar nuestros problemas. Reaccionamos ante una gran cantidad de situaciones de manera violenta –las redes sociales han dado cuenta de ello– y hasta legítimas demandas –como las que se han visto en meses recientes en marchas y protestas– se ven manchadas por la violencia que expresan varios de sus participantes.

A destrozar todo

Si usted piensa que esté texto está exagerando el tema, le invito a repasar estos ejemplos:

Las cifras de violencia doméstica acumulan en lo que va de 2019 más de 171 mil denuncias, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

Las cifras de homicidios y feminicidios muestra casi 37 mil denuncias en el ámbito nacional, de acuerdo al SNSP, en el primer caso para los 11 primeros meses de este año, en tanto que para el segundo delito hay 809 denuncias.

El total de delitos que muestra el reporte de la institución citada es de un millón 699 mil 97. Cabe considerar aquellos que no se denunciaron por diversos motivos.

También cabe agregar esa macabra galería que en muchas oportunidades nos ofrecen las redes sociales a propósito de acciones de grupos del crimen organizado en contra de la ciudadanía, o en enfrentamientos con las fuerzas armadas.

Pero lo anterior no es el único botón de muestra de este problema, pues a diario se tienen reportes –a través de los medios de comunicación o de las redes sociales– de expresiones violentas por cualquier motivo y que no tienen que ver con la delincuencia.

Uno de los casos más recientes es el del llamado #LordCafe, es decir un hombre que agredió a una mujer en su auto en Guadalajara por un incidente de tránsito, algo que mostró no sólo el rechazo de una gran cantidad de las personas que vieron el material en video que lo exhibe, sino la manera en que se procesan –por parte de algunos– la manera de solucionar un diferendo.

Y que decir de las marchas que hemos tenido en la última parte de este año, en las cuales los destrozos se han hecho presentes. También llama la atención la manera en que algunas personas justifican estas acciones en redes sociales, como si se resolviera con la destrucción de algún mobiliario urbano o una fachada el problema que están denunciando.

Claro que nadie está justificando la inacción de las autoridades o disculpando a los criminales que cometen violaciones o acosos en la calle o en el transporte público, pero la manera de encontrar una solución no debe pasar por más violencia.

Lo anterior muestra que no sólo las acciones reflejan una violencia que asumimos no sólo como cotidiana, sino que las palabras también están cargadas de ese elemento.

En las redes sociales, las discrepancias u opiniones diversas reciben como respuesta insultos o amenazas, incluso muchos se apoyan en el anonimato que permiten estas herramientas para injuriar en todas direcciones.

Lo sucedido con la familia Le Baron es una muestra de eso, pues a las pocas horas de sucedida la masacre ya se podía leer mensajes en los que se decía que no se sentía pesar por las muertes y que incluso se lo merecían por ser parte de un grupo con antecedentes delictivos, esto sin importar que se tratara de mujeres y niños desarmados.

El intercambio entre los defensores y los detractores de la 4T se da, en muchas ocasiones, en términos violentos, incluso recurriendo a recursos que buscan caricaturizar a sus oponentes, no a argumentar.

Las mañaneras también llegan verse en este estilo, pues el presidente se ha dedicado a calificar a quienes han criticado sus acciones, llegando al grado de decir que un cantante de rock es un conservador, lo mismo que los vándalos que han destruido mobiliario urbano en las marchas en la Ciudad de México y quienes se oponen a sus políticas. De hecho, ha dicho que la prensa crítica es su adversaria, sin considerar que se trata de la palabra del jefe del ejecutivo federal y que, como consecuencia, muchos de sus seguidores empiezan a atacar a periodistas y medios.

Así, el díalogo ha sido sustituido por agresiones que se dan todos los días en distintos ámbitos.

En este punto conviene preguntarnos qué hacer y el problema es que tardará mucho en cambiar esta tendencia, pues si en las familias, entre vecinos o en el trabajo hay violencia, será complicado modificar estas conductas.

Es cierto que valores como el respeto y la tolerancia han dejado de tener sentido para muchas personas, que prefieren golpear a alguien más que razonar, pero se debe insistir en que esto no es el camino y que de seguirlo, acabaremos en un país en el que lo que imperará será la Ley de la Selva o del más fuerte.

@AReyesVigueras