Max Vargas, constructor de consensos y buscador de la democracia interna del PRI

Rosy RAMALES

No recuerdo ni el año, ni cómo conocí a Max Vargas Betanzos. Pero lo recuerdo cuando formó parte del equipo de campaña de la candidata a diputada federal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Irma Piñeyro Arias. Corría entonces el año 2000.

Maximino, conocido simplemente como “Max” (afectuosamente o por abreviar), participaba en la coordinación de aquella difícil campaña en el distrito electoral de Tlaxiaco, en la mixteca oaxaqueña.

De por sí era una campaña muy compleja para el PRI en todo el país, pues la elección para integrar el Congreso de la Unión coincidía con la elección presidencial, y el candidato del PAN, Vicente Fox Quesada, venía imparable frente al abanderado priista, Francisco Labastida Ochoa; incluso, venía por arriba del candidato perredista Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Fox ganó la Presidencia de México.

Pero en Oaxaca, siendo José Murat Casab el gobernador (y por praxis el primer priista de la entidad) el PRI consiguió ganar todos los distritos electorales federales, con excepción del distrito con cabecera de la capital oaxaqueña (si mal no recordamos), así como la elección de Senadores de la República.

Por cierto, uno de los candidatos a senador por el principio de mayoría relativa fue Ulises Ruiz Ortiz, quien entonces gozaba del afecto de José Murat. De hecho ambos venían en un mismo proyecto político; quien sabe en qué momento la relación se fracturó tan profundamente que hasta la fecha Oaxaca resiente los efectos.

En fin, retomando el tema: Max Vargas, siempre muy formal y de explicaciones minuciosas, informaba a la candidata Irma Piñeyro de los pormenores de la agenda y los reportes políticos y sociales pertinentes. A veces lo hacía de modo tan singular que ambos reían.

Ah, qué campaña tan bonita; de esas campañas que casi ya no se hacen: De tierra, de contacto directo con las y los ciudadanos, de recorridos municipio por municipio, de largas horas por caminos serpenteados, de escuchar pacientemente a los electores y dar respuestas.

EN EL CONGRESO

Años después, Max Vargas Betanzos formó parte de la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Oaxaca; emanó de las elecciones locales 2010, justo el año en que el PRI perdió por primera vez la gubernatura de Oaxaca frente a la coalición PRD-PAN-PT-Convergencia con Gabino Cué como candidato.

Sus compañeros de bancada fueron: Martín Vázquez Villanueva, Mercedes Rojas Saldaña, Zory Ziga Martínez, David Mayrén Carrasco, Daniel Cuevas Chávez, Martín Vela Gil, Carlos Martínez Villavicencio y Francisco García López, por el principio de mayoría relativa. Y plurinominales: José Antonio Hernández Fraguas, Javier Villacaña Jiménez, Carolina Aparicio, Marco Antonio Hernández Cuevas, Delfina Prieto Desgarennes, Germán Rojas Walls y Elías Cortés.

Uf, qué bancada; batería pesada en buena medida, liderada por Martín Vázquez. Por cierto, priistas pluris en esa ocasión se sacaron la lotería con la debacle del PRI; en su vida se habían imaginado en la curul de modo tan fácil. Nunca entraban más de dos pluris.

Las bancadas del PAN y del PRD no se quedaban atrás en batería pesada. Por la panista estaban, por ejemplo: Isaac Rodríguez, Marlene Aldeco Reyes, Luis de Guadalupe Martínez, Clarivel Rivera Castillo, Juan Mendoza Reyes, Ivonne Carreño Gallegos y Eufrosina Mendoza Cruz. Y por el PRD, Francisco Martínez Neri, Carol Antonio Altamirano y Alejandro López Jarquín, entre otros.

Mientras por Convergencia, figuraban Margarita García García e Hita Beatriz Ortiz Silva. Por el PT, entró un solo diputado: Flavio Sosa Villavicencio, y el PUP hizo legislador a Carlos Hampshire Franco.

Todos ellos, todas ellas, fueron compañeros de Max en aquella Legislatura, en la cual, por cierto, la bancada del PRI ya tenía poco margen de acción; había perdido la mayoría para hacer reformas, aunque tenía el mayor número de legisladores y legisladoras, pero los coalicionistas juntos les aplicaban la aplanadora.

Además, como los coalicionistas llegaron con ganas de acabar políticamente con los priistas; éstos poco podían hacer debido a “pecados” de la cúpula, o por “pecados” propios. Incluso, para no votar, cuando se aprobó la reforma electoral mejor se salieron del recinto parlamentario (con sus contadas excepciones).

En fin, como priista de hueso colorado a Max le tocó vivir un momento histórico y complejo para el PRI, el cual había perdido su hegemonía.

Max, solo una vez tuvo oportunidad de ser diputado.

POCAS OPORTUNIDADES

La última vez que vi a Max fue ya como Subsecretario de Contraloría y Transparencia Gubernamental, en un desayuno con el titular de la dependencia, José Ángel Díaz Navarro.

Y como siempre, Max atento e institucional, con la mejor disposición de cumplir con su trabajo y, por supuesto, con sus superiores: El Secretario Díaz Navarro y el gobernador Alejandro Murat.

Max tuvo pocas buenas oportunidades en el PRI y en el servicio público, a pesar de ser un soldado de su partido; situación que debería hacer reflexionar a los priistas que tomarán las decisiones sobre las próximas candidaturas: No dejen para después a los cuadros que se han formando desde abajo.

Después quizá ya no haya tiempo, y después quizá hasta pierda el registro el PRI.

Además, Max era amiguero sin importar ideologías, pero siempre fue leal a su partido. Por eso, al conocerse su fallecimiento a causa de Covid-19, personas de diferentes afinidades se condolieron en redes sociales.

El actual Secretario Ejecutivo del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca, Luis Miguel Santibáñez Suárez lo definió exactamente: “Un hombre amable, tolerante y siempre constructor de consensos”.

Y Elías Cortés López, también en la red social, en dos renglones retrató la lealtad priista de Vargas Betanzos:  La platica que tuvimos camarada MAX unos días antes de tus síntomas, algún día serán cristalizados al interior del PRI. Descansa en paz.”

Ambos muy cercanos partidariamente.

Ah, haciendo memoria…Max, siendo chaval, formaba parte de un grupo interno del PRI denominado “Democracia 2000”, liderado por Ramiro de la Rosa y donde también participaba Carol Antonio Altamirano. El maestro de todos ellos era Héctor Hugo Olivares Ventura.

Esos jóvenes políticos luchaban por la democratización interna del entonces hegemónico Revolucionario Institucional. Una democratización que nunca llegó. Carol dimitió y se enfiló en el PRD; Max se quedó en el PRI y nunca perdió el espíritu de hacer de su partido, un mejor partido.

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Max, con el aprecio de siempre: Que Dios te tenga en su gloria.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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