Por Salomón PEREGRINO
“La esperanza de los justos es alegre, pero la expectativa de los malvados se desvanecerá”.
La voracidad del poder, político y económico, estigma social y distintivo de José Nelson Murat Casab y de sus más cercanos e incondicionales colaboradores, también ha logrado calar de forma brutal en lo que algunos juristas del Derecho Constitucional en Oaxaca dudaban: instruir y aprobar una reforma a modo en la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Oaxaca y violentar el espíritu y mandato de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Para José Nelson, al igual que antaño, hoy nuevamente presume que el pacto federal en nuestra entidad se supedita a sus caprichos.
La obsesión de poder que impulsa a Murat Casab, está muy por encima del respeto social y del lejano distanciamiento físico que debiera procurar a este generoso pueblo que le debio soportar durante seis largos años sus abusos y excesos totales. Y en esa estúpida vorágine de ambiciones desenfrenadas, arrastra consigo a su obediente hijo.
Cabe señalar, con absoluta puntualidad, que José y Alejandro se ostentan como abogados; el primero, egresado de la Facultad de Derecho de la UNAM; y el segundo, además de la licenciatura en Derecho por el ITAM, asegura haber realizado una Maestría en Derecho en la Universidad de Columbia, Nueva York (durante esa época de academia, estuvo habitando uno de los famosos departamentos que publicará el New York Times a principios de febrero de este 2015).
De igual modo, ambos han sido legisladores en el Congreso de la Unión. El padre por cuatro ocasiones como Diputado Federal (XLIX, LI, LIV y LX Legislatura), y durante 4 años como Senador de la República (1994-1998), antes de asumir la gubernatura de Oaxaca. El hijo, llega a San Lázaro a mediados de la LIX Legislatura por la vía plurinominal en Marzo del 2005; él era suplente de Jorge Ortíz Álvarado, quien precisamente solicita licencia al cargo en esas fechas.
Un dato a destacar es que Alejandro Ismael Murat Hinojosa es registrado en ese 2003 por la Cuarta Circunscripción Electoral Federal, la cual comprende al D.F., Guerrero, Puebla, Tlaxcala y Estado de México; en ese periodo, de acuerdo a información pública en el portal del Congreso de la Unión, establece como su entidad de residencia el Distrito Federal.
Los Murat, ambos abogados. El de más edad, negado al retiro político; y el pequeño, se piensa, al servicio público de la Nación. Los dos, se supone, conocen y saben del respeto a nuestra Constitución General. Y quizás José Nelson conozca algo o mucho más sobre nuestra Constitución Particular; él fue gobernador. Alejandro, después de su mediana estancia como Diputado Federal, se fue a laborar desde 2006 hasta el 2011 a su estado natal, el Estado de México; con el entonces gobernador y ahora presidente de la república, Enrique Peña Nieto, mismo que, en los últimos días de su mandato como gobernador, le concedió el Fiat Notarial Número 175 del Estado de México con residencia en el municipio de Cuautitlán Izcalli, México, con fecha del 7 de septiembre del año 2011. Notaría Pública en la cual Alejandro Ismael Murat Hinojosa continúa siendo titular con licencia.
Al recapitular a detalle los párrafos anteriores, las dudas saltan en toda dirección y las inquietudes nos asaltan con inesperada sorpresa: ¿Realmente el objetivo inmediato de los Murat se focaliza en la candidatura de Alejandro Ismael para gobernador en el 2016? ¿Acaso satisfacer un capricho político de José Murat merece esa incomprensible indolencia legislativa ante el repudio generalizado de la sociedad oaxaqueña en contra del Congreso Local? ¿Tan grave es la situación económica que priva en la administración de Gabino Cué para intercambiar la aprobación de mayor deuda pública a cambio de impulsar y consentir violar esas mismas leyes que protestó guardar y hacer cumplir hasta el último día de su mandato constitucional? ¿Tan cuantiosos son los recursos que percibe cada fracción parlamentaria para no sostener el mínimo vestigio de honorabilidad, decencia y orgullo, que se supone deben mostrar ante toda nuestra sociedad en general?
¿En verdad estamos dispuestos a consentir que un reducido número de personas, 28 para ser exactos, al haber aprobado la cuestionada reforma electoral, se sirvan a utilizar cual sustituto de papel higiénico lo que plasma nuestra Constitución estatal? Afortunadamente, aunque hayan sido los menos, hubo Diputadas y Diputados Locales que se negaron a ser parte activa de semejante insulto contra Oaxaca. Ojalá determinen hacer propios los cauces juridicos que se establecen al respecto. Opciones jurídicas y argumentos sociales de peso, los hay. Esperemos que también exista voluntad verdadera.
Desde una particular opinión, pienso que lo realizado en el Recinto Legislativo de San Raymundo Jalpan el pasado 30 de junio, es una cortina de humo diseñada o consentida desde la propia sede del PRI nacional. Distraer a todos con Alejandro para proteger a quien finalmente se alzará con la candidatura oficial. “El cachorro”, como algunos le llaman, ni es nacido ni nunca ha vivido por más de un par de años consecutivos en Oaxaca. Los únicos registros públicos que se disponen de que haya emitido aquí su voto electoral, son en 2012 y 2015. Esto significa que, su deber democrático ciudadano lo realizó poco antes de cumplir 37 años de edad; y el pasado 7 de junio, ya próximo a cumplir 40 años de vida.
Lo que si es un hecho fehaciente, es que en las elecciones federales del 2003 sufragó en el Distrito Federal. Y en las elecciones federales del 2006 y del 2009, lo mismo que en los procesos locales del 2008 y del 2011, lo hizo en el Estado de México. Por consiguiente, durante los procesos locales del 2001, 2004, 2007 y 2010, no votó en Oaxaca. Y durante el proceso de 2013, ¿alguien recuerda haberlo visto caminar solidario con alguna candidata o candidato de su partido? ¿o haberlo visto depositar su voto en alguna región, municipio o sección electoral en el estado de Oaxaca?
No haber votado en Oaxaca durante ocho procesos consecutivos, incluidas las elecciones para gobernador del 2004 y 2010, significan una fuerte razón de peso entre la militancia activa del PRI para que, al menos en el siguiente proceso local electoral, no aspire con pleno derecho a ser candidato en ningún cargo de elección popular.
Lo primero que requiere realizar la dupla Murat, con urgencia, es que Alejandro empiece por conocer Oaxaca; sus regiones y municipios, sus escabrosos caminos, la diversidad cultural de su gente, la riqueza de sus tradiciones y amplia diversidad de sus costumbres, sus necesidades cotidianas, sus aspiraciones personales y anhelos colectivos.
José Nelson y Alejandro Ismael lo saben mejor que todas y todos aquellos de su círculo cercano. Todo Oaxaca lo dice. Los grupos parlamentarios locales, saben que la Reforma Electoral pende de un hilo delgado. Los partidos políticos que irán en su contra, se frotan las manos con el entusiasmo que provoca un adversario débil. En el PRI nacional no lo ignoran, las encuestas se lo indican. En el PRI estatal, es murmullo generalizado. Y en Los Pinos, allá donde la opinión del inquilino principal será determinante… todo lo anterior se sabe.
José Nelson Murat sigue moviendo sus piezas, con celeridad e ironía. Conoce el juego y sabe de estrategias. Su apuesta real, en favor del hijo, podría ser de inicio la candidatura al Senado en el 2018; y para el 2022, con arduo trabajo personal en el interior del estado, ir con todo por la gubernatura. Mientras tanto, todo lo que viene realizando le abre margen para negociar y exigir nuevas y más posiciones para sus leales de siempre. Y a la operación de todo esto, Alejandro es un simple espectador pasivo.
Oaxaca no se construyó en un día… ni todos los problemas que enfrentamos a diario merecen seguir recibiendo respuestas improvisadas. Oaxaca requiere, entre tantos aspectos fundamentales, que quien aspire realmente a gobernarla la ame profundamente y posea ese arraigado sentido de pertenencia que tanto nos distingue y nos enorgullece.
Nuestra Constitución Local, debe mantener inalterable su espiritu de igualdad e imparcialidad al igual que la Constitución General de la República.
Quien no respete, ni este dispuesto a sujetarse a las leyes que nos rigen, no merece el respeto ciudadano. Mucho menos… la confianza de un voto libre y razonado.
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