DEL ZÓCALO A LOS PINOS: “No hay nada más entretenido que un poema o una gran novela”.

Raúl CASTELLANOS

“NO HAY NADA MÁS ENTRETENIDO QUE UN POEMA O UNA GRAN NOVELA” –Mario Vargas Llosa dixit-; y si ese poema o esa gran novela surge de tu sentir, de tu vivir, del contacto día a día con tus amores y desamores, sin duda será tu mejor obra; Mario Vargas Llosa recibió el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Salamanca –la más antigua de España- ahí expresó “uno conoce cientos o miles de personas, es testigo o protagonista de otros tantos hechos, pero no se sabe bien por qué, algún individuo, algún suceso se quedan grabados de manera indeleble en la memoria y más tarde se convierten en el origen del fantaseo”; tal definición daba la impresión de ser una respuesta subliminal ante la expectación de ver cruzar las puertas del histórico Paraninfo a Isabel Preysler, la mujer que a sus 79 le brinda nuevas primaveras, le devolvió la pasión de un adolescente, tal vez más intensa que la que le profesaba Ricardito a la niña mala, personajes de “Travesuras de la Niña Mala”, para mi gusto una de sus mejores obras “te deseo, le susurre al oído, mordisqueándole el borde de la oreja, estas más bella que nunca, peruanita, te quiero, te deseo con toda mi alma, con todo mi cuerpo, en estos cuatro años no he hecho otra cosa que soñar contigo, que quererte y desearte y también maldecirte, cada día, cada noche, todos los días”, la misma –Isabel- por la que ha roto convencionalismos y como suele suceder, al fin humanos, encarar un complicado divorcio; “bodaclick” narra “lo suyo fue amor a primera vista, Julio Iglesia e Isabel Preysler eran muy jóvenes cuando se casaron, tuvieron tres hijos y se convirtieron en grandes estrellas, él, en el cantante español más famoso de todos los tiempos, ella en la reina de la alta sociedad y las revistas del corazón, se casaron el 29 de enero de 1971 en la iglesia de Illescas en Toledo, durante la ceremonia Julio cantó varias veces Gwendolin, luego se fueron de luna de miel a la Gran Canaria”; el pasado 9 de octubre, Mario Vargas Llosa, Francisco González y el duque de Alba, fueron homenajeados por la Sociedad Hispánica de América, por su contribución a las artes y a las culturas hispanas, les fue entregada la Medalla Soralla, instituida desde 1924, la gala tuvo lugar en el emblemático y centenario Metropolitan Club de Nueva York; la crónica de “El País” narra “a Mario Vargas Llosa le acompañaba Isabel Preysler, el Nobel lleva dos semanas dando clases en la Universidad de Princeton, Preysler está pasando unos días en la ciudad aprovechando la celebración de la gala, pero aseguró que espera viajar más veces mientras el escritor esté en Princeton, ‘no les digas cuando por favor’, le dijo el novelista entre risas a su pareja mientras atendían a los periodistas, ambos dicen que se sienten más a gusto en Nueva York que en Madrid, ‘hay menos periodistas aquí’, bromeó Vargas Llosa, ‘estoy más tranquila aquí desde luego, tenemos más libertad’ añadió Preysler, a la vez que él señaló que ‘esta ciudad es demasiado grande, hay muchas cosas, así que uno está más protegido y el neoyorquino no se deja sorprender ni le llamas la atención”; como se advertirá, don Mario y su Isabel solo quieren recorrer la inmensidad de sus océanos en la íntima intimidad; desilusionado y abatido por una nueva travesura de la niña mala, Ricardito decidió saltar desde Pont Mirabeau, uno de los puentes del Sena, fue detenido por un clochard que olía a vino y mugre, en medio de una torrencial lluvia, abatido y frustrado volvió a su casa, ahí estaba la niña mala, “estás empapadito, te vas a resfriar, quítate esa ropa mojada zonzito, si quieres después me matas, pero ahorita hazme el amor, había recuperado la serenidad y ahora era dueña de la situación, el corazón se me salía por la boca y apenas podía respirar, pensé que sería estúpido que precisamente en ese momento me diera un síncope, me ayudó a quitarme el saco, el pantalón, los zapatos la camisa, todo parecía recién salido del agua y a la vez me ayudaba a desvestirme, me pasaba la mano por los cabellos en esa rara, única caricia que se dignaba hacerme algunas veces, como te late el corazón tontito, me dijo un momento después pegando su oreja a mi pecho ¿yo lo he puesto así?, yo había comenzado a acariciarla también, sin que por ello hubiera dominado la rabia, pero, a esos sentimientos se mezclaba ahora un deseo creciente que ella atizaba, se había arrancado el vestido de bailarina y tendida sobre mí me secaba con su cuerpo, metiéndome la lengua en la boca, haciéndome tragar su saliva, atrapando mi sexo, acariciándolo con las dos manos y por fin, encogiéndose como una anguila sobre sí misma, llevándoselo a la boca, la besé, la acaricié, la abracé, sin la delicadeza de otras veces, más bien con rudeza, todavía herido, dolido y por fin la obligué a sacar mi sexo de su boca y ponerse debajo de mí, abrió las piernas, dócilmente, cuando sintió que mi sexo forcejeaba para entrar en ella, la penetré con brutalidad y la sentí aullar de dolor, pero no me rechazó y con el cuerpo tenso esperó, quejándose, gimiendo que eyaculara, sus lagrimas mojaban mi cara y yo las lamía”; es Vargas Llosa, el escritor, el poeta, el político, el amante, el de la primavera a los 79…¿alguien puede asegurar que esto ya está decidido?… RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / RCMULTIMEDIOS.MX http://rcmultimedios.mx/politica/48345/del-zcalo-a-los-pinos#.ViclNaBIMwI.mailto

 


Descubre más desde Rosy Ramales

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *