Carlos VILLALOBOS
La ENVIPE 2026, a pesar del aparato mediático que habla de un contexto desolador, deja algunos elementos que vale la pena mirar con calma, no para decir que el problema está resuelto, porque evidentemente no es así, sino para reconocer que la percepción de seguridad también tiene matices y que México y Oaxaca no pueden explicarse únicamente desde la preocupación.
Uno de los hallazgos más reveladores es una aparente paradoja en cómo medimos el riesgo y es que por un lado existe una percepción de inseguridad, pero sentimos que nuestra propia cuadra es un refugio. De acuerdo con la encuesta del INEGI, la percepción de inseguridad a nivel estatal alcanza un 72.2 por ciento, sin embargo, cuando se pregunta por su entorno más cercano, su colonia o localidad, solo el 25.1 por ciento lo considera inseguro. Esta enorme diferencia ilustra que se asume que el riesgo es inminente «allá afuera», en lo general, pero sentimos que «aquí adentro», en nuestro espacio diario, todavía estamos a salvo.
Quizá ahí está una de las partes interesantes de la encuesta, la seguridad no solamente se construye en los grandes indicadores, también se construye en la posibilidad de caminar por una calle conocida, salir de casa y sentir que el espacio cotidiano sigue siendo habitable. En Oaxaca, 58.3 por ciento de las personas consultadas dijo sentirse segura al caminar sola por la noche alrededor de su vivienda. No es una cifra para echar las campanas al vuelo, pero sí para recordar que junto a la percepción de riesgo existe también una parte de la población que conserva cierta confianza en su entorno inmediato.
Hay otro dato todavía más discreto, pero revelador, hoy en día el cajero automático ubicado en la vía pública continúa siendo el espacio que genera mayor sensación de inseguridad, pero el porcentaje pasó de 75.4 por ciento en 2025 a 69.6 por ciento en 2026. Son apenas unos puntos desde una perspectiva cuantitativa, pero cuando se habla de percepción, unos puntos también cuentan, sobre todo porque significan que un espacio específico está generando un poco menos de temor que un año atrás.
Tal vez la lección está precisamente en no mirar la seguridad como una fotografía en blanco y negro. Oaxaca enfrenta problemas y la propia ENVIPE los documenta, pero la misma encuesta permite encontrar espacios donde la percepción es distinta, donde la confianza permanece y donde algunos indicadores se mueven en una dirección que conviene observar.
Una sociedad también se mide por aquello que todavía funciona, por los espacios que las personas siguen habitando sin miedo y por la confianza que determinadas instituciones consiguen conservar. No todo avance tiene la forma de una gran movimiento, a veces aparece simplemente en unos par de puntos porcentuales, en una calle que alguien todavía puede caminar de noche o en instituciones las cuales se confía.
Frente al panorama actual, vale la pena observa que parte de la conversación sobre seguridad, es reconocer lo que falta, sí, pero sin dejar de mirar aquello que empieza a funcionar.
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