ANDARES POLÍTICO: El Presidente y la realidad alterna

Benjamín TORRES UBALLE

En Palacio Nacional se construyeron desde hace tiempo una realidad alterna, “su realidad”. Conformada por un conjunto de quimeras, así  navegan en sentido contrario de manera necia a bordo de un barco que poco a poco hace agua, donde la mayoría de la tripulación aplaude y otros más callan.

Hay muchas evidencias de ello; por ejemplo, mientras el misógino subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, finalmente admitió que la cifra de muertos por la Covid-19 es mayor a la reconocida oficialmente e insiste en el #QuédateEnCasa, el presidente López Obrador, en pleno pico de la pandemia, insiste en que ésta ya “se domó” y por lo tanto se alista a reanudar las giras de “trabajo”.

Otro punto que las huestes presidenciales quieren ver con lentes fantasiosos, es el estado que guarda la economía nacional y su perspectiva para lo que resta del año, así como en el 2021. En tanto el consenso de calificadoras y organismos internacionales consideran que el PIB nacional será uno de los más afectados en el mundo y la caída se ubicará en un rango de 7%-12%, López Obrador se pronunció este jueves en su conferencia “mañanera” acerca de los pronósticos de Banxico que contemplan hasta un desplome de 8.8%: “somos muy respetuosos nosotros de la autonomía del Banco de México, desde luego no coincidimos con sus proyecciones, nosotros pensamos que nos vamos a recuperar pronto”. Sería muy saludable que explicara a los mexicanos cómo lo hará.

Con la pandemia en auge, la apertura de empresas y comercios no se dará a partir del próximo 1 de junio, por lo tanto, los efectos perniciosos seguirán devastando la economía y patrimonio de las empresas junto con el de miles de trabajadores despedidos. Empleitado con los empresarios –excepto con Slim y compañía, que se cocinan aparte- y aplicando una estrategia fiscal que bien pudiera considerarse más que persecutoria, el gobierno carece de un plan eficaz para salir del hoyo.

Al inquilino de Palacio –en el que dijo no viviría- le tiene sin cuidado que las empresas quiebren, así lo manifestó hace días, el problema de fondo es que los más afectados son quienes pierden su fuente de ingresos. En consecuencia, ellos tampoco le importan a López Obrador; esa, es realidad.

Decir que el pueblo bueno y sabio es feliz, muy feliz, hoy se confirma como un embuste. El millón cuatrocientos mil  ciudadanos que se estima perderán su plaza laboral (formal) durante la pandemia, hoy son muy infelices y están sumamente preocupados por cómo harán para llevar el alimento a sus familias, pagar servicios básicos, transporte o en algunos casos, créditos hipotecarios.

Todo indica que la prioridad del señor Presidente sigue estando en regalar el dinero de los mexicanos en programas asistenciales cuyo trasfondo es eminentemente electorero. Su atención no está puesta en atender debidamente los problemas que se han presentado en los hospitales y clínicas por el grave desabasto de equipo adecuado y suministros para el personal médico, tal parece que las protestas en las calles de galenos, enfermeras, técnicos y hasta personal administrativo no llegan a oídos del Ejecutivo quien de modo rutinario insiste en que no hay esas carencias.

Y si de inseguridad y violencia se trata, esta no cede ni en tiempos de pandemia, por el contrario, los asesinatos y ejecuciones son cosa de todos los días en diversas regiones del país. No obstante, para el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, los crímenes están a la baja, ficción que nadie cree.

La Jornada documentó este jueves 28, la Ola de asesinatos en 5 estados en la era Covid, (bit.ly/3c99JwT) el trabajo periodístico exhibe como “la violencia y la inseguridad provocadas por grupos criminales, ha cobrado más vidas en Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Chihuahua y Guerrero que el Covid-19 desde que ocurrió el primer deceso por el virus en esas entidades”.

Como la Guardia Nacional no pudo con el paquete de abatir la inseguridad, López Obrador ordenó sacar al Ejército de sus cuarteles para encargarse de ello. Una militarización de facto. Atrás quedaron los abrazos, aplausos, chanclazos y el amor y paz. Transcurrido un cuarto del sexenio y a unos meses de que inicie el proceso electoral para renovar la Cámara de Diputados y varias gubernaturas, entre otros puestos públicos, el tabasqueño sabe que si no soluciona el problemón de la inseguridad, el riesgo de que pierda la mayoría en la Cámara baja, es altamente probable.

La realidad que prevalece en México es muy diferente a la que quiere percibir y da por buena Andrés Manuel López Obrador. No vamos requeté bien –durante su gobierno jamás ha sucedido-, en días pasados se confirmó que el PIB 2019 en lugar de crecer, como lo prometió en campaña, se estableció en menos 0.3%. El año pasado fue el más violento de los últimos tiempos. Las calificaciones a Pemex y al propio gobierno han sido negativas. Los pleitos con medios de comunicación se volvieron recurrentes. Pero AMLO dice que vamos muy bien, que saldremos muy rápido de la crisis pandémica, que generará dos millones de empleos, que sus críticos mienten y que los organismos internacionales no son confiables, excepto cuando se expresan bien de su administración.

Ojalá que el jefe del Estado mexicano deje de lado su realidad y se adentre en la objetividad que demanda el honroso puesto que desempeña. La sociedad requiere de un Presidente pragmático que no viva en la permanente fantasía rodeado de una legión de abyectos lisonjeros. El poder presidencial no es una entelequia,  por eso exige decisión, acción, congruencia y resultados positivos.

@BTU15

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