ANDARES POLÍTICOS: ¡Al carajo las víctimas! No son su estilo

Benjamín TORRES UBALLE

La semana pasada supimos que la vida de un ciudadano vale 650 mil pesos para el gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Claudia Sheinbaum Pardo. Esa es la suma que recibirán las familias de las 26 víctimas fatales en el colapso del Metro en la línea 12, conocida también como “Línea Dorada”, construida e inaugurada en la gestión de Marcelo Ebrard como jefe de Gobierno.

Una cantidad irrisoria e insuficiente para los deudos que, en algunos casos perdieron al jefe de familia, al sustento económico. Lo más importante: el exiguo monto no repara el daño causado ni atempera el profundo dolor familiar. Derivado de un proyecto muy cuestionado desde origen, con graves fallas detectadas antes de su inauguración y advertencias de posibles accidentes, así echó a funcionar su obra estrella, Ebrard Casaubon, hoy convertido en Canciller y bombero del presidente.

A la desgracia económica se agrega el desdén, una vez más, de Andrés Manuel López Obrador con las víctimas. Para intentar justificar –injustificable a todas luces- su falta de empatía con las familias afectadas y la ausencia en el lugar de la catástrofe, escuchamos una de las más burdas, insensibles y equívocas excusas del jefe del Estado mexicano:

“Porque no es ese mi estilo, eso tiene que ver más con lo espectacular y lo que se hacía antes, no me gusta la hipocresía. Estoy pendiente, estoy solidarizándome con los familiares de las víctimas, me duele mucho, pero esto no es de irse a tomar fotos, eso ya también al carajo, ese estilo demagógico, hipócrita, eso tiene que ver con el conservadurismo”.

La ruindad de tales palabras desnuda, por enésima ocasión, una terrible pobreza de espíritu y una soberbia infinita. Pero en definitiva ese el ADN de Andrés Manuel López Obrador. Ese es el rostro verdadero, el del político formado en el PRI, que acomoda con estilo taimado las cosas a su favor.

Hipócrita y demagógico es el hecho de presumir en redes sociales cuando come en diversos lugares durante sus giras propagandísticas y electoreras. Hipócrita y demagógico es vivir en un Palacio. Hipócrita y demagógico es hablar de combate a la corrupción cuando su hermano Pío López Obrador es evidenciado recibiendo sobres con dinero; lo es también que su prima Felipa, sea beneficiada con sendos contratos por parte de Pemex; incluso, cuando se afirma que por el bien de todos, primero los pobres, esos que son impactados por la escalada de precios en los alimentos y combustibles.

Por eso ya es evidente el amplio descontento social rumbo a las elecciones de junio próximo. Por eso familias y vecinos afectados por el brutal accidente –que no incidente, como pretende matizarlo Claudia Sheinbaum- salieron este viernes a protestar en las calles cercanas al lugar del siniestro (twitter.com/i/status/1390840191838007311):

“No fue un accidente, fue negligencia”, coreaba a gritos la enardecida gente. En cartulinas, era posible leer más enojo de las personas: “Para el gobierno, la vida del pueblo vale 5 pesos”. En otra más, el texto era lapidario: “Es culpa del Estado”. Esta es la realidad del pueblo bueno y sabio dañado por una obra mal planeada, mal construida y mal conservada que choca con la insultante demagogia oficial, el intercambio de acusaciones y la execrable indiferencia de López Obrador.

Ninguna excusa cabe en la tragedia de la “Línea Dorada”. Hay responsables de ella y deben ser llevados ante la justicia. Marcelo Ebrard no tiene posibilidad de evadir su parte, tampoco Miguel Ángel Mancera que elevó el precio de tres a cinco pesos el costo del pasaje bajo el argumento de que era para mejorar el servicio, lo cual pasó de noche. Claudia Sheinbaum tampoco está exenta de responsabilidades, en el transcurso de su administración varios accidentes han dejado muertos y cuantiosos daños materiales, entre ellos el Centro de Control del Metro incendiado, y el choque de trenes en la estación Tacubaya. Accidentes que han degradado la seguridad del transporte naranja.

Más allá de la raja política que partidos y políticos opositores al gobierno obradorista pretenden sacar del accidente, lo cual es absolutamente deleznable, el hecho es que conforme pasan los días, se magnifican los efectos negativos para la administración morenista. El accidente no pegó sólo a las familias de los fallecidos, impactó especialmente a la sociedad capitalina pero también al resto del país. Y aquí, López Obrador no tiene para dónde hacerse, no tiene, como es su costumbre, forma de echar culpas a gobiernos pasados. Los probables responsables son de su círculo más íntimo, son – o eran- un par de “presidenciables”. Eso enfada y perturba el gigantesco ego de AMLO.

Mientras tanto, cuando falta menos de un mes para las elecciones, si las cosas no pintaban bien para Morena, ahora, con la desgracia en el Metro y la ofensiva actitud presidencial hacia las familias dañadas, el panorama se vislumbra harto complicado para la mal llamada cuarta transformación.

@BTU15

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