ANDARES POLÍTICOS: AMLO: los claroscuros del tercer aniversario

Benjamín TORRES UBALLE

Bastaron unas cuantas horas para que en aquel 1 de julio del 2018, los adversarios políticos de Andrés Manuel López Obrador supieran que el tabasqueño los arrasaría en las históricas elecciones. El líder morenista obtuvo más de la mitad del total de sufragios. La gente estaba harta de la corrupción desbordada en el sexenio del priista Enrique Peña Nieto y su “nueva clase política”. Hoy, varios de ellos están en prisión: Javier Duarte, Roberto Borge, César Duarte, Tomás Yarrington y Eugenio Hernández. El propio Peña Nieto estuvo involucrado en el escándalo de la “Casa Blanca”.

El saqueo y voracidad de los políticos surgidos del PRI no es asunto nuevo, a través de esas ancestrales “herramientas” acumularon fortunas, aplicaron con absoluta eficacia la máxima “político pobre es un pobre político”. Se llevaron todo lo que pudieron. Hartaron a la población que demandaba un cambio; ahí entró muy bien un agudo López Obrador con muchos años en campaña, con un discurso anticorrupción donde los pobres serían su prioridad. La retórica obradorista incluía también el regreso a los cuarteles de los militares, el combate frontal a los delincuentes y el término de la inseguridad, así como el uso óptimo de los recursos públicos y la generación de empleos.

Pero la decepción ha sido colosal. La corrupción no desapareció, hay ejemplos cercanos al presidente de los cuales no ha podido desmarcarse de forma contundente. Su hermano Pío aceptando sobres con efectivo, no ha sido investigado; compras de respiradores durante la pandemia a sobrecosto; irregularidades en el gasto público (bit.ly/2SNLPUg) y tolerar que Manuel Bartlett no explique el origen de tantas propiedades. La bandera del gobierno de López Obrador no permanece incólume, las corruptelas la han manchado, igual que la sangre de las masacres al país.

Desaparecer los apoyos a estancias infantiles fue una pésima decisión. Igual que el retiro de recursos públicos a los refugios para mujeres víctimas de violencia. Ambas determinaciones bajo el argumento de presuntos actos de corrupción, lo cual no fue demostrado cabalmente. En todo caso habría que proceder judicialmente en contra de los autores de las conductas ilícitas y corregir lo que fuese necesario pero no optar por lo más simplón: dejar sin protección a niños, mamás y mujeres.

Una de las críticas más acérrimas de López Obrador durante sus muchos años de campaña fue a las fuerzas armadas a quienes prometió regresar a sus cuarteles si llegaba a la Presidencia. Los resultados están a la vista de todo mundo. No sólo incumplió su palabra sino que empoderó al instituto castrense al que prácticamente le ha dado todo; además, creó una Guardia Nacional que de civil tiene nada y sí todo el espíritu y mística del Ejército. Es de facto una militarización de México.

Aún con la evidente militarización, ni la inseguridad, violencia y masacres han disminuido. Por el contrario. 2019, el primer año de gobierno de AMLO se convirtió en el más violento en décadas. Un logro nada honroso. Empero 2020 fue igual de violento. Los distintos cárteles que operan en la república mexicana han ignorado las recomendaciones presidenciales de portarse bien y dar abrazos en lugar de balazos. Una estrategia abstracta e inútil, tanto como hilarante. El año en curso sigue la misma ruta y puede superar a los dos años previos con más asesinatos, mayores masacres, el incremento de feminicidios, las miles de extorsiones cotidianas y toda clase de robos y asaltos.

Los desbordados niveles en la incidencia delictiva no son sino reflejo de una fallida estrategia gubernamental en materia de seguridad. No existe una táctica definida que logre contrarrestar con eficacia a la delincuencia organizada que opera sin mayores obstáculos; así, ante la inoperancia del Estado, las bandas criminales ganan terreno a punta de balas, terror, levantones, ejecuciones, extorsiones y, sobre todo, segando la vida de quien obstaculice sus planes o se resista a ellos.

No obstante que la economía conserva indicadores estables a nivel macro, a niveles per cápita millones de mexicanos padecen la reducción drástica de sus ingresos ya sea por rebaja en sus salarios o por la pérdida de empleo. La pauperización de los ingresos familiares conduce a un callejón sin salida donde a duras penas se puede sobrevivir en un escenario donde el alza en alimentos y combustibles complica de manera dramática el nivel de vida de millones de mexicanos.

Hay que agregar a las penurias de la población más vulnerable – la mayoría de los 126 millones de mexicanos- el criminal desabasto de medicamentos que padece cotidianamente el “pueblo bueno”. De los más afectados son los niños enfermos de cáncer, cuyos padres han salido en diversas ocasiones a las calles para exigir las medicinas; la carencia ha originado que menores con el terrible padecimiento hayan muerto. Así que nada hay para presumir en la agenda presidencial y Andrés Manuel López Obrador lo sabe, quizá por eso se esfuerza más en una serie de distractores que cada vez distraen menos, como la absurda y ridícula consulta para juzgar a expresidentes.

@BTU15

Deja un comentario