ANDARES POLÍTICOS: Clase media, el Waterloo de AMLO

Benjamín TORRES UBALLE

Si alguien tenía duda de la enorme y profunda afectación que la debacle electoral en la Ciudad de México provocó a López Obrador, basta remitirse a las desafortunadas y viscerales afirmaciones del tabasqueño en la mañanera del pasado viernes. En ellas es fácil encontrar lo que a flor de piel lleva el máximo líder morenista: intolerancia, autoritarismo, hipocresía, demagogia y muchas ofensas.

“Un integrante de clase media-media, media alta, incluso, con licenciatura, con maestría, con doctorado, no, está muy difícil de convencer, es el lector del Reforma, ese es para decirle: Siga usted su camino, va a usted muy bien, porque es una actitud aspiracionista, es triunfar a toda costa, salir adelante, muy egoísta”.

Esas fueron las ignominiosas palabras de un político muy dolido y rencoroso que asegura gobernar para todos los mexicanos sin distinciones, que pretende, sin autoridad alguna, dar clases de moral y aspira a convertirse en estadista. Todo, muy lejano de la realidad pero bastante cerca de proteger a su hermano Pio, a su prima Felipa, a Manuel Bartlett Díaz, a Irma Eréndira y premiar a petardos como Sanjuana Martínez y María Isabel Arvide Limón para que se beneficien del presupuesto.

Al generalizar las ofensas y descalificaciones hacia la clase media y alta, Obrador escupe al cielo. Muchos de sus colaboradores del primer círculo caben en la descripción que de modo torpe realizó.

Algunos ejemplos:

  • Marcelo Ebrard, Canciller, estudió su especialidad en administración pública la Ècole Nacionale d’administration en París, Francia.
  • Mario Delgado Carrillo, dirigente nacional de Morena, es egresado del ITAM y su maestría la realizó en la Universidad de Essex de Inglaterra.
  • Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, efectuó sus estudios de posgrado en Política Social y Administración en Gran Bretaña.
  • Víctor Villalobos Arámbula, Secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, es Doctor en Morfogénesis Vegetal por la Universidad de Calgary en Alberta, Canadá.
  • Luisa María Alcalde, la secretaria del Trabajo, tiene estudios de Maestría en Derecho por la Universidad de Berkeley California.

Estos obradoristas son algunos de los funcionarios de la 4T con estudios de posgrado realizados en el extranjero, en instituciones educativas cuyo costo no es asequible para cualquier mexicano.

Pero no es la primera vez que López Obrador derrapa en su discurso virulento hacia la clase media. Ya en 2004, siendo jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, cuando un millón de capitalinos salieron a las calles a protestar por la inseguridad, la calificó como una “marcha de pirrurris”.

Hoy, Andrés Manuel López Obrador, sigue sin entender la relevancia que en toda economía y sociedad tiene la clase media. Desde ese sector se han originado los movimientos sociales y políticos más trascendentales de esta Nación. Es ese grupo social que mayoritariamente mueve y fortalece el consumo interno, hecho que redunda en desarrollo económico y social. Es también, sin demeritar otros segmentos, la que lucha a brazo partido cada instante por tener un mejor nivel de vida y que proviene, en no pocos casos de familias que arrancaron de cero y a  base de esfuerzo e innumerables privaciones, lograron que los hijos asistieran a las universidades públicas desde donde se catapultaron hacia la clase media tan vilipendiada por un mandatario invadido de complejos.

Pero López Obrador, quien tardó varios años en titularse en la UNAM con un promedio nada envidiable, ignora también que es la clase media la que más lee, se informa y decide no sólo en base a las “lecturas en el periódico Reforma”, sino en diversos medios impresos, digitales, incluso con la información recabada en las benditas “redes sociales”. Es una clase informada, analítica, que no se deja manipular como él desea. Esto es lo que en realidad molesta y perturba al fundador y líder moral de Morena. Es la clase media quien ya mostró su poderío en las votaciones de la Ciudad de México. Es, asimismo, la clase media que ya marcó el camino que deberá seguirse en el 2024.

Nunca, en la historia de esta gran nación mexicana, el poder político y mesiánico ha vencido a la clase media y se debe principalmente a dos elementos: no se arredra y no es ignorante. En su desbordada arrogancia, intolerancia y fastidiosa verborrea, López Obrador lo sabe. Está consciente de ello y le teme. Sabe que puede descarrilar su proyecto político y sus nada disimuladas ambiciones reeleccionistas. Violencia, inseguridad, medio millón de muertos por la pandemia y millones de desempleados y otros tantos sobreviviendo en el comercio informal, más los fallecidos por carencia de medicamentos, entre ellos, niños con cáncer, son resultados de un mal gobierno de lo cual la poderosa clase media está plenamente informada y no perdonará cuando haya que elegir gobierno.

Mientras tanto, el autor de esta columna, que proviene de la cultura del esfuerzo de sus padres y de la suya propia, va a sacar brillo a su certificado de primaria de la Belisario Domínguez, una espléndida escuela de gobierno en la populosa colonia Guerrero, pero también a los diplomas del ITAM, TEC DE MONTERREY, IBERO y el IPADE, cuyos costos fueron pagados a base de trabajo arduo. 

@BTU15

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