ANDARES POLÍTICOS: Defendiendo al cavernícola, al ministro y al magistrado

Benjamín TORRES UBALLE

En México, César Bono, simpatiquísimo actor, representó durante 11 años el monólogo Defendiendo al Cavernícola. Muchos nos desternillamos hasta el máximo con el ingenio de la obra escrita por el comediante estadounidense Rob Beckert, que se convirtió en un rotundo éxito de Broadway.

No obstante, el contenido de esta colaboración no se refiere a dicha puesta en escena. Se trata de otro cavernícola, uno de carne y hueso, nada agradable, de modales supravulgares, acusado por ciudadanas de agredirlas sexualmente, un rijoso vividor de la política, un bravucón que amenaza.

Así es amable lector, la descripción corresponde a Félix Salgado Macedonio, el morenista al que el INE retiró la candidatura al gobierno de Guerrero. Pese a los desfiguros del amigo y protegido a ultranza del presidente de México, la mayoría de los consejeros del Instituto actuaron conforme a la ley y se impusieron a los esquizofrénicos amagos de Salgado y compañía, incluso a la cobardía de este vividor de la política que amenazó con acudir a la casa de Lorenzo Córdova.

Si bien la última palabra para rechazar en definitiva o no la candidatura del guerrerense corresponde al cuestionado Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), encabezado por el muy desacreditado José Luis Vargas Valdez, a quien la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda acusó ante la FGR de enriquecimiento ilícito, el interés de la sociedad está en su punto máximo para conocer si el tribunal se somete a la voluntad palaciega.

Lo que resulta a todas luces incomprensible, es la obsesión presidencial por defender al repudiado “cavernícola” cuyo solo nombre ofende a las mexicanas y la sociedad entera. Félix Salgado Macedonio es per se indefendible. Es un político siniestro por donde se le vea. Así como los priistas tuvieron, a decir de Enrique Peña Nieto, una ejemplar nueva clase política, de la cual hoy varios integrantes están en la cárcel por sus corruptelas y fechorías, en Morena todo indica que desean apoyar a una repulsiva especie de políticos violadores de la ley.

Que Morena pierda la mayoría en el Congreso cuando se realicen las próximas elecciones, es un fantasma que cada día va tomando cuerpo, y en Palacio lo saben. Que también es posible la pérdida de ciertas gubernaturas que ya consideraban en la bolsa, lo saben y lo temen. Es el caso de Nuevo León, donde después de la difusión del video donde la candidata morenista, Clara Luz Flores, aparece charlando cordialmente con el líder de la secta NXIVM, organización a la que en principio negó conocer, prácticamente se ha desplomado de las preferencias neoleonesas.

Nuevo León es uno de los estados estratégicos en la República; ahí radican y tienen buena parte de sus empresas los hombres más ricos y poderosos del país. Empresarios que, en general, han sido menospreciados por el titular del Ejecutivo federal. El norte no es precisamente una de las regiones proclives al obradorismo. Se caracteriza por ser una población pragmática y distante del centro.

Para nadie es un secreto que desde hace semanas se encendieron las alarmas en el equipo presidencial más íntimo. Morena no va a barrer con sus adversarios como sucedió en el 2018. La pandemia y el medio millón de muertos; los desempleados; los diez millones más de pobres; la terrorífica inseguridad y los incontables ejecutados; las miles de fosas clandestinas y los aumentos a los energéticos, como el gas LP, aunado al triste papel del gobierno para realizar el trabajo sucio a Estados Unidos en materia de contención de la migración proveniente de Centroamérica, tiene muy descontentos a los mexicanos. Y ese enojo, se percibe, plasmará su impronta en las urnas.

De ese modo, el proyecto político transexenal de Andrés Manuel López Obrador, quedará trunco, irrealizable. A pesar de que no dudó en apuntalar su gobierno con el apoyo del Ejército, al cual ha dado toda clase de beneficios, la voluntad de millones de ciudadanos que difieren de la forma en que el tabasqueño ha conducido a la nación puede cambiar drásticamente el rumbo de un México que retrocede de manera rauda a la decepcionante y peligrosa década de los 70.

Por ejemplo, la semana pasada nos enteramos de cómo los senadores de Morena, en lo oscurito, según sus adversarios, aprobaron extender de 4 a 6 años, la permanencia del presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar, es decir, hasta que termine el sexenio obradorista. Una jugarreta para salvar los obstáculos legales que pudiesen tener las órdenes del presidente.

Muchos ciudadanos tal vez se pregunten el porqué de la irracional defensa presidencial de Salgado Macedonio para que éste se convierta en gobernador de Guerrero. La respuesta radica en que el autoritarismo ahora tiene su génesis, paradójicamente, en las urnas.

“Existe otra manera de hacer quebrar una democracia, un modo menos dramático pero igual de destructivo. Las democracias pueden fracasar a manos no ya de generales, sino de líderes electos, de presidentes, o primeros ministros que subvierten el proceso mismo que los condujo al poder”, afirman en su libro Cómo mueren las democracias, los profesores de Harvard, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt.  Para los autores “la mayoría de las quiebras democráticas no las han provocado generales y soldados, sino los propios gobiernos electos”.

Quizás por eso la defensa feroz e injustificada del abyecto “cavernícola” con el fin de ungirlo en gobernador para servir a los intereses autócratas de su máximo líder y jefe político.

@BTU15

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