ANDARES POLÍTICOS: Dos años con AMLO, ¿mejor o peor?

Benjamín TORRES UBALLE

Dentro de unas horas, Andrés Manuel López Obrador cumplirá dos años como presidente de México. Dos años donde el país no está mejor de como lo recibió. Sus incondicionales podrían argumentar que es a causa de la pandemia por Covid-19, pero esto sería una verdad a medias.

La república mexicana, antes de la pandemia, ya padecía severos retrocesos en variables neurálgicas: la seguridad empeoró durante 2019, el primer año de la gestión lopezobradorista, a tal forma, que se convirtió en el más violento de tiempos recientes. En materia económica, el PIB cayó 0.1%, hecho que no ocurría desde hacía una década, cuando en 2009, la grave crisis económica originada en los Estados Unidos afectó prácticamente a todas las naciones.

En los primeros meses de la administración morenista, se tomaron decisiones erróneas y muy costosas para los mexicanos: la cancelación del Nuevo Aeropuerto en Texcoco, fue una de ellas; el despido indiscriminado de burócratas, otra, y el absurdo pleito con los empresarios, una más. Todas conformaron un coctel pernicioso que incidió de manera sustantiva en el retroceso del país.    

También llegaron recortes a rajatabla en los presupuestos de organismos públicos y autónomos, así como en aquellos operados por organizaciones civiles; en no pocos casos, los recursos a entes gubernamentales que favorecían directamente a la ciudadanía fueron suspendidos: los refugios para mujeres víctimas de violencia, sufrieron las consecuencias de esa determinación lesiva.

Pero el 17 de octubre de 2019, López Obrador vivió el capítulo que hasta hoy ha sido el momento más complicado y vergonzoso de su labor presidencial. El Ejército mexicano fue humillado en Culiacán, por el Cártel de Sinaloa, quien lo obligó a liberar a Ovidio Guzmán, uno de los hijos del “Chapo” Guzmán. En esa fecha, AMLO aseguró que había sido el Gabinete de Seguridad el responsable de autorizar la liberación. Sin embargo, en junio de este año reconoció que fue él quien ordenó dejar en libertad a Guzmán. Sin el menor pudor, quedó expuesto el engaño a la ciudadanía.

Referirse a las soporíferas conferencia mañaneras en Palacio Nacional, a donde acuden periodistas de verdad -y varios seudocomunicadores, lamebotas despreciables, que hacen preguntas a modo-, es entrar en el terreno escabroso de la autoadulación, de la egolatría, de la demagogia, pero también en el de las descalificaciones, ofensas, apodos, amenazas veladas y otras muy directas.

Agredir a la prensa que lo cuestiona se convirtió en una obsesión para el mandatario. Ante la falta de argumentos para refutar los señalamientos que lo sacan de sus cabales, López Obrador reacciona de manera fúrica, así es común que se refiera a El Universal o Reforma, como “pasquines despreciables”. El tabasqueño, inmerso en su arrogancia, no quiere entender que la crítica fundamentada es inherente al trabajo público. Reñir con los medios es dañino para la democracia.

En lugar de maltratar al mensajero, el presidente debe actuar son sensatez y, en todo caso, responder con hechos, con pruebas, los señalamientos que le incomodan. Por ejemplo, el caso de su hermano Pío López Obrador no ha sido aclarado, ni suficientemente explicado a la opinión pública. Antes de cualquier cartilla moral o guía ética para transformar al país, está la congruencia entre lo que se dice y se hace. Predicar –si de prédicas se trata- con el ejemplo, tiene validez cuando se respeta sin recovecos, sin excusas. No es posible hablar de honestidad republicana cuando se exhiben fortunas exorbitantes de miembros de su Gabinete, como las del señor Manuel Bartlett, director de la CFE y de la señora Irma Eréndira, secretaria de la Función Pública.

Tampoco se puede presumir de que por el bien de todos, primero los pobres, si en Tabasco, tierra natal del Presidente, se prefirió afectar a los más pobres, a los más vulnerables, con inundaciones por el desfogue de la presa Peñitas. Las resoluciones han demostrado que esos pobres y vulnerables van al principio de la fila cuando se trata de elegir a quien sacrificar en momentos de crisis.

Y la insensibilidad política y humana, franca, sin máscaras, quedó desvelada en la frase más desafortunada, más cínica, más despiadada del presidente López Obrador: “nos vino esto como anillo al dedo”, al referirse en abril último a la crisis provocada por la nueva cepa del coronavirus.

Otra de las deudas incalculables que tiene AMLO, es con las mexicanas. En promedio diez mujeres son asesinadas cada día en territorio nacional. Ésta es una de las mayores vergüenzas del gobierno morenista, en el cual ha mostrado una indolencia criminal. De acuerdo a lo visto, pareciera que la estrategia es dejar hacer, dejar pasar, al igual que con los crímenes en contra de periodistas.

Los hechos demuestran que, hasta hora, la cacareada transformación prometida por Andrés Manuel López Obrador ha sido negativa, basta analizar la incidencia delictiva, masacres, feminicidios, desplome económico, el grave desempleo, el cadáver llamado Pemex, el aumento de pobres y la polarización social entre algunos factores donde la evaluación es adversa además de peligrosa.

Finalmente, el balance preciso lo tienen aquellos mexicanos que perdieron a un familiar por la violencia, aquellos que se quedaron sin trabajo e ingresos, los que cerraron sus pequeños comercios y perdieron su patrimonio y, recientemente, las familias afectadas por el covid-19.

¿Mejor o peor con Andrés Manuel López Obrador?

@BTU15   

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