ANDARES POLÍTICOS: Dos años… en reversa

Benjamín TORRES UBALLE

Hace dos años, Andrés Manuel López Obrador, en su tercer intento, ganó las elecciones que lo llevaron a la Presidencia. Lo hizo de una manera inobjetable y arrolladora. 30 millones de votos mostraron la enorme popularidad del político tabasqueño formado en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y con un paso importante por el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Las expectativas que López Obrador generó entre sus seguidores fueron altísimas. Entre otras cosas prometió un crecimiento anual de la economía de 4% en promedio. También ofreció terminar con la corrupción, con el contratismo, el nepotismo; ofreció que su administración actuaría con transparencia y, lo que más interesa a la sociedad: por fin habría seguridad;  no más violencia.

Ninguna de esas promesas se ha consumado. La economía, como todos sabemos –y muchos lo sentimos en los bolsillos- está pauperizada, pues no sólo dejó de crecer, sino que cayó en el primer año del gobierno morenista -0.3%. Las inversiones dejaron de fluir como consecuencia de la falta de un estado de derecho pleno y decisiones gubernamentales erráticas que causaron temor.  

Respecto a la inseguridad y violencia, no se ha cumplido el compromiso. El pasado 2019 se convirtió en el año más violento y la población atestiguó, incluso, cómo el Estado fue doblegado por El Cártel de Sinaloa, cuando éste forzó, a punta de armas, y por órdenes del propio López Obrador, a que el Ejército dejará en libertad a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Y en corrupción, que ha sido la bandera del hoy Presidente de México, los resultados existen sólo en la grandilocuencia de los discursos mañaneros y en la contumacia de AMLO. Investigaciones periodísticas y de organismos de la sociedad civil han exhibido las conductas “inapropiadas” de funcionarios o simpatizantes de la autollamada cuarta transformación. Ahí está el caso del superdelegado en Jalisco, Carlos Lomelí, quien “renunció” luego de ser  denunciado por la presunta venta de medicamentos al gobierno federal.

Tampoco se olvida el caso más reciente del hijo de Manuel Bartlett, director de la CFE, quien vendió al IMSS en Hidalgo, los ventiladores respiratorios (para uso en pacientes de Covid-19) más caros. El Instituto devolvió los aparatos médicos “por no cumplir con los requerimientos”, sólo después de que la onerosa compra se hizo pública por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).

Si de transparencia se trata, es el propio Bartlett Díaz, expriista de infausto recuerdo, a quien se le atribuye la famosa “caída del sistema” en las elecciones de 1988, cuando era secretario de Gobernación, quien da un ejemplo contundente de la no transparencia. El pasado agosto, un trabajo periodístico reveló la existencia de un “imperio inmobiliario” conformado por 23 casas de lujo, propiedad de Bartlett y su familia. Como en tiempos del PRI, fue exculpado fast track por la SFP.

Pero quizás lo que se lleva el primer lugar en las promesas incumplidas de AMLO, es aquello de meter al orden a su contraparte estadounidense. No sólo ha fallado en esto. Sino que ha cedido de manera ignominiosa a los caprichos de Donald Trump. Las ofensas en contra de México y su gente son variadas y constantes. Por ejemplo, el muro en la frontera sigue construyéndose, lo que representa un agravio mayúsculo. El año pasado la administración obradorista sirvió eficazmente como policía de la unión americana para contener la oleada de migrantes centroamericanos.

Como gratificación, el “peliteñido” tiene calificativos convenencieros para el presidente mexicano; no ha dudado en expresar que es “su amigo”. Vaya, hasta el más ingenuo sobre la Tierra, sabe perfectamente que Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses y si hay que amenazar o imponer, lo hará. Así que la próxima visita de López Obrador a la Casa Blanca tiene un aroma forzoso donde bajo el pretexto de la entrada en vigor del T-MEC, Donald Trump ordena y manipula.

La crisis sanitaria provocada por el Covid-19 ha mostrado con una crueldad dantesca las paupérrimas condiciones en que se encuentra el sistema de salud público. Con descuido criminal que viene desde sexenios anteriores, clínicas, hospitales y la infraestructura en general del sector Salud se encuentran a niveles bananeros. Muy lejos estamos, como nación, de aspirar a tener un sistema de salud como el de los países nórdicos, tal como lo comprometió, ya como presidente, el máximo líder morenista. Menos, si se escatiman recursos y se privilegian programas electoreros.

Hoy, más allá de filias y fobias, la percepción en la comunidad es de que realmente no hay avances ni logros significativos del “régimen” (al Presidente le encanta usar este término, para referirse al cambio) emanado de Morena. Es evidente que Andrés Manuel López Obrador, como jefe del Ejecutivo, queda a deber en una sociedad totalmente polarizada, cuestión en la que él ha incidido con sus peroratas incendiarias, con la imposición de amigos e incondicionales en puestos para los que no cuentan con la preparación, y con los ataques a órganos autónomos, entre otros.

Con miles de muertos a causa de la Covid-19 y más de un millón de desempleados; con un horizonte desalentador para miles de familias y pequeñas empresas, hay poco o nada que celebrar. La impronta lopezobradorista en el gobierno, a fuerza de ser sinceros, es más que decepcionante.

@BTU15

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