ANDARES POLÍTICOS: El Covid-19 y otros viacrucis mexicanos

Benjamín TORRES UBALLE

Los Domingos de Ramos en México usualmente son una genuina festividad popular. Más allá de una celebración religiosa, desde hace muchas décadas se convirtió en una verbena poderosa donde los templos católicos se ven pletóricos de creyentes practicantes y de quienes sólo asisten por esas fechas para disfrutar tan portentosa ocasión buscando que les bendigan sus palmas y cruces.

Pero este domingo, el confinamiento a que nos ha llevado el temido Covid-19, dio paso a un Domingo de Ramos desangelado, sin feligreses. A la preocupación por la pandemia, se agregó la mortificación económica en la sociedad. Cientos de miles, quizás millones de mexicanos sufrirán los efectos lesivos de la parálisis en la actividad Industrial, comercial, turística y de servicios.

México es un país pobre en términos estrictamente monetarios. Los 53 millones de connacionales en esa lamentable condición es prueba de ello. Mientras el gobierno actual se obceca infructuosamente en tratar de abatirla, dilapidando dinero público mediante programas clientelares, la desigualdad sigue ampliándose y resaltando aún más la frontera entre ricos y pobres.

No obstante, la pobreza, si bien está enquistada involuntariamente en la base de la pirámide social, y es aguantadora hasta niveles de estoicismo, cuando ésta sacude su letargo, la parte superior cae estrepitosamente. No importa si se trata de políticos, empresarios, clérigos o especuladores ruines.

Hoy, casi toda la población está inconforme; en un encierro forzoso, temerosa de contagiarse por el coronavirus, en medio del desastre que representan las instituciones de salud pública. Nunca antes los hospitales y clínicas se vieron en condiciones tan deplorables como en la actualidad. La incapacidad y errores gubernamentales dieron al traste con el de por sí ya mediocre servicio del IMSS, ISSSTE, además de entes hospitalarios a cargo del Estado. Luego, esa medianía alcanzó a Instituciones de excelencia, como fue el caso del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER). Así, la indigencia política tiene repercusiones devastadoras si no es frenada a tiempo.

Hasta la noche del domingo último, 94 muertos y más de dos mil contagiados –reconocidos oficialmente- son el resultado de la falta de previsión para adoptar medidas más eficaces en el tiempo correcto. Cuando la ineptitud, junto con los intereses políticos van por delante del interés general, el resultado no puede ser otro sino los fallecidos que no tuvieron la atención oportuna y debida. Si a esa clase de errores fatales se suma el protagonismo y la cerrazón de quien debe tomar decisiones en favor del pueblo bueno y sabio, el horizonte es desolador.

Llegó la Semana Santa en un México que, inexorablemente, padecerá un viacrucis. Si veníamos del año más violento, con un crecimiento nulo del PIB, con una ignominiosa ola de feminicidios, miles de desaparecidos y una República convertida en océano inmenso de sangre y llena de fosas clandestinas, el panorama por las consecuencias del coronavirus, que tardarán años en subsanarse, es realmente dantesco. Por eso hemos dejado, como sociedad, de ser muy felices e ir requetebién.  

Miles de mexicanos quedaron sin empleo: albañiles, meseros, boleros, mecánicos, vendedores ambulantes, taxistas, incluso, una vasta lista de profesionistas que trabajan por su cuenta o en empresas. Esa es la cruda realidad de muchos ciudadanos que no quieren discursos, sino acciones concretas que reviertan su condición laboral.

Naciones avasalladas por el Covid-19, como Italia y España, a pesar de la emergencia, saldrán adelante, no hay dudad, su capacidad financiera así lo permitirá. No es el caso de México que es una nación subdesarrollada, cuyo crecimiento económico es exiguo. La generación de empleos es limitada e insuficiente. Muchos mexicanos sobreviven gracias a la actividad informal, donde encuentran un salvavidas que no incluye acceso a la seguridad social. Aun así, en la administración morenista se le ha puesto toda clase de obstáculos y trampas a la inversión.

Resultan ridículas y nefastas, acciones del gobierno como el uso de encuestas patito para tumbar, literalmente, inversiones que generarían puestos de trabajo y que los mexicanos tanto necesitan. Si la obsesión es seguir regalando recursos del erario con el evidente fin de obtener beneficios electorales, no habrá dinero que alcance, a pesar del terrorismo fiscal para recaudar más.

Un destello de cordura, inteligencia, empatía y, sobre todo ello, de congruencia, mucho ayudaría en los momentos aciagos que vivimos y los que vendrán. Pararse en el Patio de Honor de Palacio para autoelogiarse y anunciar algunas medidas cosméticas, en nada ayudan a salvar la complicada situación que viven los mexicanos. Son momentos en que se requiere de liderazgo, de acciones decididas y firmes en pro de toda la población.

Reducir el sueldo de funcionarios y quitarles el aguinaldo no es una medida de fondo, es otra maniobra populista cuyos destinatarios son los seguidores del Presidente. Alguien que anhela convertirse en estadista, se atreve a tomar decisiones de fondo, no les da la vuelta con retórica anacrónica que sólo provoca más desconfianza en circunstancias en que se precisa de certeza.

En pocos días entraremos a la fase más compleja de la pandemia causada por el Covid-19, en medio de dudas e incertidumbre y un discurso oficial basado en un optimismo injustificado. Es la prueba de fuego para un mandatario que, por momentos, se ve abrumado e indeciso. Como sociedad, requerimos de acciones positivas; los actos de fe y las estampas religiosas son para otro momento.

@BTU15    

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