ANDARES POLÍTICOS: Érase una vez, un Palacio ciego y sordo…

«Pero el vanidoso no le oyó. Los vanidosos solo oyen las alabanzas».

El Principito

Antoine de Saint- Exupéry

Benjamín TORRES UBALLE

Ni los veo ni los oigo, es una expresión del entonces presidente de México, el priista Carlos Salinas de Gortari, que cobró notoriedad al referirse en 1994 a los perredistas que lo increpaban durante su último informe de gobierno en la Cámara de Diputados. Hoy, la historia parece reeditarse.

El actual presidente de la Republica, formado en el priismo, con todo lo que ello significa, ni escucha ni ve a ciertos grupos de ciudadanos. Las mujeres, que exigen protección y justicia ante las recurrentes agresiones, son ignoradas con un desdén que nos remonta a lo más oscuro de siglos pasados. Mientras, miles de ellas son víctimas de feminicidios y del pernicioso odio misógino.

Pero lo más preocupante, es que al jefe del Estado mexicano las multitudinarias protestas feministas en el país le tienen sin cuidado y no muestra el menor interés de considerar este grave asunto como lo que es: una prioridad nacional que demanda la atención gubernamental sin mezquindades.

Olvida el mandatario morenista que las mujeres en México, de acuerdo al censo más reciente del INEGI, son el 51.4% de la población. Tan sólo por interés político, la atención a este sector social debiera ser preponderante y no regatearle atención alguna. Hasta la fecha, los feminicidios no han mostrado una disminución. Durante la gestión obradorista, se cometieron 942 en el año 2019 y 940 en el 2020, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública que también muestran que en 2018, último de la administración peñista, hubo 893.

Desconocemos cuáles son los motivos subyacentes en el desinterés presidencial para garantizar seguridad a las mexicanas. Empero el sistemático ni los veo ni los oigo, no se aplica sólo al sector femenino, se da también en las desesperadas peticiones de pequeños comerciantes y pymes para obtener estímulos y preservar las fuentes de empleo amenazadas por la crisis pandémica.

Las excusas para no hacerlo han sido muchas e inaceptables. En tanto, se derrochan vastos recursos públicos en los “proyectos estrella” del presidente que para nada resultan indispensables a la población. En los hechos, tales construcciones pueden verse como caprichos sexenales. Hoy, en medio de la peor crisis que ha golpeado a México –y al mundo- no son de utilidad un costoso parche a un aeropuerto militar para pretender usarlo con fines comerciales; tampoco una refinería innecesaria cuyo terreno se inunda cada vez que llueve, mucho menos el desarrollo de un tren que está ocasionando serios daños ecológicos y la resistencia de pueblos originarios.

Mas no debiera extrañar el comportamiento autoritario de quien actualmente ostenta el poder, simplemente sigue la misma línea de sus antecesores: no escuchar al pueblo bueno y sabio que, todo indica, sólo está para escuchar, ver y aplaudir al que cada seis años ocupe la silla presidencial, esa que tiene el “don” de desvelar, entre otras cosas la soberbia y egolatría de todo gobernante.

Así pues, la sordera que afecta a los dirigentes del país, está presente en el régimen actual. Quizás con una variación: en el presente ni siquiera se disimula la aversión a determinados grupos de la sociedad, es el caso, reiteramos, de las mujeres. El próximo 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. El año pasado miles de mujeres se reunieron en la Ciudad de México y otras zonas del país para protestar por la injustificada violencia en contra de niñas, jóvenes, mujeres adultas y de la tercera edad; este 2021, también ya se prevén, a pesar de la pandemia, otra serie de manifestaciones por la misma causa. La diferencia es que este año habrá elecciones.

El gobierno, extraviado en los muchos problemas que lo aquejan, varios de ellos provocados por soberbia y falta de capacidad, ha reunido todos los motivos en su contra para que las féminas le tundan. Recordemos que el partido político del presidente cometió el terrible e imperdonable error de imponer como candidato al gobierno de Guerrero a Félix Salgado Macedonio, un personaje siniestro y deleznable acusado de agresiones sexuales. Pese a las cada vez más crecientes críticas y desaprobación de organizaciones feministas, en Palacio Nacional decidieron mantener la candidatura de tan abyecto sujeto. Esto es, en los hechos, un desafiante reto a la mujer mexicana.

Obviar un problema como el de la violencia en contra de las mujeres, no lo desaparece, por el contrario, lo magnifica, lo hace aún más visible. La indolencia que muestra de manera arrogante el jefe del Ejecutivo lo demerita y se pone en el blanco de quienes no simpatizan con él, pero también en el de aquellas que solían apoyarlo a morir. Menospreciar a la mujer es el peor de los errores.

No extraña, por lo tanto, que el desencanto de mujeres que otrora apoyaron y defendieron el actuar de López Obrador, hayan cambiado su percepción. Así, encontramos decepciones como la siguiente:

“Con lo que sí no puedo es con el tono triunfalista de la 4T — cuando a todas luces el país está en llamas”. El tuit, publicado el viernes último, es de la académica y analista política @Viri_Ríos, simpatizante de la 4T.

Es de sabios cambiar de opinión, aunque el daño, profundo, ya está hecho.

@BTU15

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