ANDARES POLÍTICOS: Hitlerianos y obispos, otros apremios de AMLO

Benjamín TORRES UBALLE

Abrazos, no balazos, es demagogia y hasta cierto punto complicidad. Así, sin rodeos, lo afirmó en público, ante miles de feligreses, el Obispo de la Diócesis de Cuernavaca y secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Monseñor Ramón Castro Castro, en el marco de la VIII Caminata por la Paz, convocada por el clero de la entidad para pedir el fin de la violencia en México. Por cierto, exigencia de toda una sociedad harta de la profunda inseguridad, violencia e impunidad.

La Iglesia, tal como lo precisamos en colaboraciones pasadas, se cobrará el asesinato de los dos jesuitas asesinados en la región Tarahumara. Hoy no hay duda de ello. Las palabras de Castro son nada más que una de las muchas cuentas que cobrará la cúpula religiosa por la afrenta, así como por las descalificaciones y agravios del presidente López Obrador en su propaganda mañanera.

Incomodado por las duras críticas de los jerarcas del CEM, un fastidiado e iracundo López Obrador siguió su acostumbrado guion para tratar de minimizar la gravedad de los hechos, como lo hizo cuando socarronamente se burló de las masacres. Carente de argumentos para refutar con pruebas los dichos de los religiosos, los acusó de callar en el gobierno de Calderón –su enemigo favorito, que desbancó en ese privilegiado lugar a Carlos Salinas- y los tildó de hipócritas.

En esa clase de religión, moral y ética desde el púlpito palaciego, el tabasqueño abrió otro más de los muchos y variados frentes con la belicosidad que le caracteriza. Pero el de esta ocasión es, para decirlo en el lenguaje florido del mandatario, un tigre al que provoca e insulta. La Iglesia –su nomenclatura- que ha sido aliada del poder históricamente, puede poner muchas piedrotas en el proyecto político de López Obrador. Incluso, eso puede reflejarse en las votaciones del 2024.

Muy extensa es la gran estela de enemigos que va dejando tras de sí López Obrador. Hay demasiados sectores lastimados por el mal trato recibido en la gestión obradorista, a los cuales hay que sumar a la poderosa comunidad judía en México, que rechazó el término de “hitleriano” usado por Obrador para referirse a Carlos Alazraki, destacado publicista judío y acérrimo crítico del Presidente.

Tal como sucede con la Iglesia católica, los judíos en el país también harán el respectivo cobro de factura en el momento que juzguen oportuno. Y es que el titular del Ejecutivo se ha equivocado una y otra vez en sus arranques de ira. Grupos sociales, influyentes o no, han terminado por decepcionarse de un “líder” del que se esperaba mucho y ha entregado prácticamente nada, excepto más pobres, más masacres, más violencia, más muertos por la pandemia de Covid, más deuda y más ciudadanos sobreviviendo en la informalidad. Ah, y de corruptelas familiares, ni hablar.

Cada vez, y se nota, López Obrador se ve cansado y agobiado. Quizás la presión social y de sus críticos, que no son pocos ni irrelevantes, lo tienen en un nivel de hartazgo como no se imaginó cuando empezó el sexenio. Para él “no tiene mucha ciencia el gobernar”, según lo declaró en junio del 2019. Los hechos demuestran lo contrario. No ha podido controlar la inseguridad, por el contrario, ésta se ha recrudecido, ahí están los más de 125 mil homicidios dolosos en lo que va de su administración (TResearch). También, los años más violentos en la historia moderna (2019-2020).

Quizás debamos referirnos a la frustración como la causante de la irritabilidad presidencial. Por ningún lado se ve la cacareada transformación prometida. Si la hay, en todo caso es en sentido negativo y lo reiteramos: inseguridad, pobreza, polarización social, alta inflación y el empeoramiento continuo del sistema de salud público que hoy se encuentra en pésima situación.

Las cosas no le han salido al Presidente como las deseó. Sus obras emblemáticas han sido severamente criticadas por costosas, inviables y en no pocos casos, por pasarse la ley por el arco del triunfo. El AIFA, un aeropuerto construido en los terrenos de una base militar, para nada es una construcción de clase mundial y se refleja en el poco uso que de él hacen las aerolíneas.

Un Tren Maya muy cuestionado porque en la obra se están destruyendo miles de árboles, a decir de expertos y ambientalistas, que no solucionará en nada la agobiante pobreza en el sureste de la República. Se ve más bien, como un proyecto para enriquecer a unos cuantos. Ya se imaginarán.

Y finalmente la edificación de la Refinería Dos Bocas, en Tabasco, -lugar donde nació López Obrador- cuestionada por propios y extraños que, en un espectáculo burdo y en extremo chafa, fue inaugurada en primera fase este viernes bajo el nimio pretexto del cuarto aniversario del “histórico” triunfo de AMLO. Una inauguración como lo dice la aguda vox pópuli, de una refinería que no refinará un solo litro de gasolina, sino probablemente hasta dentro de varios años.

Vaya que tiene razones López Obrador para mandar al carajo todo. Excepto a sus aduladores. Claro.

STATU QUO

“Mientras los obispos denuncian claramente la complicidad del gobierno con el narcotráfico, AMLO responde con el mismo discurso; confuso, difuso, profuso y obtuso. La razón contra el oscurantismo”: @PMunozLedo 3/julio/2022

@BTU15

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