ANDARES POLÍTICOS: La permisividad del gobierno a la CNTE

ANDARES POLÍTICOS: La permisividad del gobierno a la CNTE

11 febrero, 2019 0

Benjamín TORRES UBALLE

No vamos a reprimir, no usaremos la fuerza, ha subrayado en múltiples ocasiones el presidente López Obrador siempre que se le ha cuestionado la permisividad con la que su gobierno actúa respecto a determinados grupos que violentan el estado de derecho. La CNTE, por ejemplo.

En las últimas semanas, la Coordinadora de Maestros bloqueó diversas vías ferroviarias en Michoacán, originando pérdidas cuantiosas y un terrible daño a la planta productiva. Tanto el gobierno federal como el estatal se han acusado de displicentes y arrojado la bolita uno a otro. Un comportamiento de ambos absolutamente reprobable. Con ello, no sólo se mostraron como autoridades blandengues, auténticos barcos, sino que colaboran a la anarquía generada por la CNTE.

“Le instruí al consejero jurídico que presentara ante la Comisión de Derechos Humanos una queja por violación a derechos humanos, para que la Comisión de Derechos Humanos recomiende lo que deba de hacerse”, justificó López Obrador en la conferencia mañanera del viernes pasado.

Que el mandatario amague con acudir a la CNDH para presentar una queja y sea el organismo quien recomiende las acciones que se deban tomar en relación con los bloqueos referidos, es una irresponsabilidad enorme pues rehúye al inexcusable deber constitucional de aplicar las leyes, lo cual incide, además, en socavar aún más el exiguo respeto al orden jurídico y la armonía social.

“Si bien es positivo que se busque privilegiar otras vías sobre el uso de la fuerza, tal disposición no puede justificar qué, si eventualmente las instancias de gobierno competentes llegaran a determinar la existencia de algún acto ilegal, sea permisible que las autoridades renuncien o se inhiban de cumplir con su obligación constitucional de garantizar la integridad, seguridad e intereses de las personas, así como de cumplir y aplicar la ley. Respondió la CNDH al Presidente.

La respuesta, que llegó sin dilación el mismo viernes,toca lo medular en la evasiva del Ejecutivo federal: en ningún modo se justifica que el presidente de la República intente escurrir el bulto. La parte sustantiva del trabajo presidencial, es precisamente la toma de decisiones. Un proceder medroso no es sano para la democracia, la sociedad, ni para el Presidente mismo.

Y don Andrés Manuel López Obrador no debe proteger las trapacerías de los dirigentes de la CNTE que tanto perjuicio causan al país, pues el argumento pueril de “no queremos utilizar la fuerza”, “no vamos a reprimir”, despeja las dudas –si es que existían- profundas respecto a los compromisos de AMLO con la disidencia magisterial y pone bajo los reflectores el accionar dubitativo del tabasqueño hacia quienes controlan a la Coordinadora en la entidad michoacana.

Por supuesto que no se trata de represión, eso es una falacia. Sencillamente es un tema de legalidad y de respeto. No se pueden vulnerar con absoluta impunidad las leyes, los bienes de terceros y atacar las vías de comunicación. Así que es inaceptable la argumentación del mandamás de Palacio Nacional donde, por cierto, falta más de firmeza en ciertos temas nacionales. No hay que confundirlo, aclaramos, con autoritarismo.

Tal parece, de acuerdo a la filosofía presidencial del primer bimestre, que existe un temor fundado a que si se actúa en el marco legal para desalojar a los maestros bloqueadores en Michoacán, la administración lópezobradorista puede ser etiquetada de represora. Esto es mero  pretexto para dejar hacer, dejar pasar, pues en realidad  falta voluntad política suficiente para poner paz en tierras tarascas. Pero no todo es atribuible a la permisibilidad del gobierno central; también han quedado manifiestas las graves limitaciones del gobernador Silvano Aureoles Conejo para conducir a la sociedad michoacana. La interrupción a la circulación ferroviaria –ámbito federal- se suma a los plantones de la CNTE –tema local- en el centro histórico de Morelia. ¿Por qué no los retira Aureoles?

Desde luego que nadie en México desea más violencia de la que arrasa de manera inclemente amplias zonas de la República (Guanajuato, una de ellas), mucho menos insinuar siquiera la diabólica represión en aras de restablecer la indispensable normalidad. Pero esto no puede invocarse erróneamente por un gobierno, cuya firmeza está condicionada a la discrecionalidad y alianzas políticas con grupúsculos prestos a chantajearlo y cobrarle apoyos pasados.

UN EJÉRCITO MULTIUSOS

La lealtad de las fuerzas castrenses mexicanas no está en duda. En los hechos ha quedado demostrada a través de la historia. Así fue recordada este sábado en el Castillo de Chapultepec, la Marcha de la Lealtad en su 106 aniversario. El presidente López Obrador resaltó el trabajo decidido de las fuerzas armadas en favor de la sociedad y de las instituciones del Estado –las que alguna vez mandó al diablo-.

Parece que el Ejecutivo cambió radicalmente su trato hacia los militares y ahora les encomienda labores fundamentales como la Guardia Nacional, la construcción y adaptación del Aeropuerto de Santa Lucía, cuya administración, informó López Obrador, estará a cargo de la Sedena, por lo cual, la renta y beneficios de lo que se convertirá en terminal aérea civil, serán transferidos a la Secretaría de la Defensa. Los apapachos resultan comprensibles y hasta necesarios luego de algunos malos tratos al Ejército de parte de ya saben quién, previo a las elecciones de julio último.  

@BTU15

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