ANDARES POLÍTICOS: Las “disculpas” de España y el Vaticano

Benjamín TORRES UBALLE

Sin el pasado no es posible entender el presente ni planear el futuro, pero anclarse a él es enfermizo. Por ello es inadmisible que el Presidente insista permanecer en lo que ya se fue y resulta imposible alterar. Constantemente se queja de males presentes y los achaca a políticos que estuvieron “antes”, a los que le antecedieron en el poder, ¿acaso vivía en otra nación y por eso lo ignoraba?

No obstante, tiene razón el mandatario, pues gobiernos priistas y panistas arrasaron con lo que pudieron. Los del tricolor saquearon al erario con sus corruptelas. El sexenio de Peña Nieto se distinguió por la corrupción, no en vano ciertos gobernadores del PRI acabaron en la cárcel: Javier Duarte, César Duarte, Roberto Borge, además de Tomás Yarrington y Eugenio Hernández.

Esos bandidos ya están tras las rejas y punto, la justicia debe encargarse de juzgarlos, pero no se puede estar planeando con los ojos fijos en el ayer. Es necesario solucionar los muchos y graves problemas del presente y sentar bases sólidas y justas para el futuro.

Más aún, debe hacerse efectiva la frase presidencial “ya no es como antes”, porque hoy sólo es una bravuconada. Partiendo del dinero recibido por su hermano incómodo Pío López Obrador y de que éste fue captado comiendo en el San Ángel Inn, uno de los restaurantes más exclusivos de la Ciudad de México con unos “empresarios”, pasando por las vastas propiedades de el siniestro Manuel Bartlett Díaz, Irma Eréndira Sandoval y esposo o que el diputado morenista en Veracruz, Magdaleno Rosales, contrate a su hijo como chofer con sueldo de 15 mil pesos mensuales y justifique que “eso se ha hecho en otras administraciones”; todo ello muestra que, hoy, son iguales a los que critican.

Plantarse en un capricho retrógrado para insistir que el gobierno de España y el Vaticano, luego de 500 años, ofrezcan “disculpa pública a los pueblos originarios que padecieron de las más oprobiosas atrocidades para saquear sus bienes y tierras y someterlos, desde la conquista de 1521 hasta el pasado reciente”, constituye en los hechos, no sólo un burdo despropósito, sino otro distractor.

La pregunta fundamental es ¿en qué beneficia a la sociedad mexicana dicho perdón, si es que éste se manifestara? ¿Modificaría la historia de nuestro país? Por supuesto que no. Lo que sí es posible replantear son acciones para tener un mejor presente y aspirar con ello a un futuro promisorio.

Y llama poderosamente la atención que López Obrador esté empecinado en que la Iglesia se disculpe, pues líderes de la Iglesia católica ya lo han hecho en diversas ocasiones.

En 2015, durante una visita a Bolivia, el papa Francisco lo hizo de la siguiente manera ante miembros de movimientos populares en Santa Cruz de la Sierra:

“Al igual que san Juan Pablo II, pido que la Iglesia ‘se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos’. Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

Previamente, en 1992, como quedó registrado, Juan Pablo II, durante una visita a Santo Domingo pidió perdón a los pueblos originarios por las “injusticias cometidas por sus antepasados”.

De igual manera, Benedicto XVI, en el año2007, tras un viaje a Brasil, hizo una especie de mea culpa al reconocer que no se pueden ignorar las sombras que acompañaron la evangelización en América, ni “el sufrimiento y las injusticias infligidas por los colonizadores a las poblaciones indígenas”.

Así que está por demás otro perdón, cuya absurda solicitud hay que ubicarla en su contexto preciso y describirlo con todas sus letras: un inmoral y enfermizo distractor.     

Bien lo señalaron los zapatistas el pasado 5 de octubre mediante un comunicado:

“Que hablaremos al pueblo español. No para amenazar, reprochar, insultar o exigir. No para demandarle que nos pida perdón.  No para servirles ni para servirnos. Iremos a decirle al pueblo de España dos cosas sencillas:

Uno: Que no nos conquistaron.  Que seguimos en resistencia y rebeldía.

Dos: Que no tienen por qué pedir que les perdonemos nada.  Ya basta de jugar con el pasado lejano para justificar, con demagogia e hipocresía, los crímenes actuales y en curso: el asesinato de luchadores sociales, como el hermano Samir Flores Soberanes; los genocidios escondidos detrás de megaproyectos, concebidos y realizados para contento del poderoso -el mismo que flagela todos los rincones del planeta-; el aliento monetario y de impunidad para los paramilitares; la compra de conciencias y dignidades con 30 monedas.

Ahí queda el posicionamiento de esa parte de los “indígenas”, los supuestamente ofendidos.

Parece que es otro quien debe pedir perdón por los 84 mil muertos a causa de la pandemia, también por los miles de homicidios dolosos, feminicidios y masacres (je je je); por la inseguridad, por la carencia de medicamentos a los niños con cáncer, por los millones de desempleados y quiebras de negocios, ah, y por las bolsas de dinero recibidas para el “movimiento; incluso, por dividir al país.

@BTU15

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