ANDARES POLÍTICOS: Los méritos ficticios

Benjamín TORRES UBALLE

El gran Honoré de Balzac usa el término que da título a esta colaboración, en su novela La Mujer de treinta años, para referir en una parte de su obra a la abundancia de hombres cuya profunda nulidad constituye un secreto para la mayor parte de las personas que los conocen: “Estos personajes de mérito ficticio interrogan en vez de hablar, poseen el arte de hacer salir a los demás a escena para evitar el tener que exhibirse ellos mismos”. La clase política mexicana es vasta al respecto.

Mas no se puede aplicar la teoría de Balzac al actual gabinetazo, pues salvo algunas distinguidas excepciones, la sociedad mexicana conoce perfectamente la nulidad de funcionarios impuestos desde Palacio Nacional en cargos para los que carecen de preparación y experiencia. Son colocados ahí de modo ignominioso sin el mínimo pudor, igual que lo hicieron gobiernos del PRI y PAN.

“Lo que más me importa, si hablamos en términos cuantitativos: 90% honestidad, 10% experiencia”, justificó el presidente López Obrador a los reporteros cuando estos lo cuestionaron en la mañanera del 29 de noviembre del 2019, acerca del nombramiento de Ángel Carrizales como titular de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente, quien antes fue rechazado en el Senado cinco ocasiones por falta de preparación para desempeñar la dirección de la Comisión Reguladora de Energía. Esto da una idea muy clara de cómo se manejan las imposiciones en el gobierno federal.

Otro caso reprobable es el de la señora Rosario Piedra Ibarra que no obstante la ola de inconformidades y protestas de diversos sectores sociales, fue puesta como responsable de la CNDH, encargo para el que no estaba –y no está- preparada, lo cual se refleja actualmente en el pobre papel de la Comisión encargada de vigilar el respeto a los derechos humanos en el país.

Así, de a muertito, quienes apoyaron a López Obrador en su campaña presidencial y le profesan una lealtad incondicional –no importa que en muchos casos sea de dientes para afuera- son premiados con rentables plazas para desempeñarse como servidores públicos, aunque carezcan del perfil para ello. El único requisito a cumplir, es jamás decir no al Presidente y ensalzarlo siempre que se pueda. 

Por eso no extraña que veamos disfrutando de los beneficios del presupuesto a los personajes morenistas más surrealistas que es posible imaginar. Por ejemplo, como secretaria del Bienestar, a María Luisa Albores González,  una  ingeniera agrónoma egresada de la Universidad Autónoma Chapingo (UACH) especializada en Zonas Tropicales con orientación a Cafeticultura Sustentable.

Tampoco, que otro ingeniero agrónomo, con nula experiencia en temas energéticos, disfrute de la dirección de Pemex, una  empresa “productiva” del Estado que está convertida en un cadáver viviente por la desastrosa situación financiera y comercial que enfrenta. 

Lo anterior es sólo una muestra de la forma en que se premia generosamente a los amigos e incondicionales en la autollamada cuarta transformación, a condición, claro, de no contrariar al jefe.

En la obra literaria mencionada al inicio de esta columna, el escritor francés destaca otra característica de los hombres de profunda nulidad y mérito ficticio: “con feliz habilidad, tiran a cada uno del hilo de sus pasiones o de sus intereses y de este modo se burlan de los hombres que les son realmente superiores, los convierten en marionetas y los creen pequeños por haberlos rebajado hasta su propio nivel”.

¿Por ello habrán renunciado a sus respectivos cargos para no convertirse en marionetas, Carlos Urzúa, a la cartera de Hacienda, y Germán Martínez al IMSS? Todo indica que así fue. No obstante, ciertos funcionarios del primer nivel, con capacidad fuera de toda duda, aguantan que el Presidente los desmienta, los refute o los ponga en evidencia ante la opinión pública. Así soportan el escarnio.

Desde luego que como toda fauna política, y marcada las directrices por el máximo líder morenista, el grueso del gabinete, legal y ampliado, sabe que en realidad no tiene de que preocuparse; no es necesario que muestre capacidad en su encomienda, es suficiente ajustarse a la teoría lopezobradorista de cumplir con el 10% de experiencia y simular 90% de honestidad para vivir cómodamente a expensas del erario, cortesía de los exprimidos contribuyentes de siempre.

Muy larga es la lista de funcionarios que de inmediato hicieron suya la patente presidencial y que presumen méritos ficticios. Todos los días el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, da un “portentoso” ejemplo de ello con sus erráticas cifras acerca de la pandemia provocada por el Covid-19, que no coinciden en lo mínimo con lo real. Aun así, ahí sigue, con sus pronósticos erróneos.

Y qué decir del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, quien se la pasa tratando de convencer a la opinión pública, pero en particular a su jefe López Obrador, de que los delitos van a la baja y “el homicidio se encuentra en fase de contención”, cuando la verdad es otra.

Fingir méritos, tal parece que es completamente válido en la actual administración. No importa que sea una de las causas que producen resultados mediocres que afectan a la población. Funcionarios con preparación y experiencia “patito”, son indeseables y  perniciosos para el “pueblo bueno”.

STATU QUO

Con 256,848 casos confirmados de Covid-19 y 30,639 defunciones a causa de la pandémica enfermedad, México ocupa los lugares 8 y 5 respectivamente a nivel mundial. Una muestra irrefutable de la pésima forma en que el gobierno la enfrenta. Negligencia y mucha improvisación.  

@BTU15 

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