ANDARES POLÍTICOS: Mejora a las pensiones universales; medida desesperada

Benjamín TORRES UBALLE

Ya está a la vuelta de la esquina, le han llamado la “madre de todas las elecciones”. Una jornada electoral inédita en México por el número de cargos públicos que estarán en disputa el próximo 6 de junio. En ella destaca la joya de la corona: la estratégica renovación de la Cámara de Diputados.

La ruta hacia las elecciones intermedias inició el mismo día en que Andrés Manuel López Obrador asumió el poder. Desde entonces, el tabasqueño ha desempeñado con eficacia el papel que más le gusta, el que más satisface su ego y ansias populistas: el de eterno candidato en campaña.

Pero no es lo mismo ser candidato y desde esa posición criticar, descalificar, mandar al diablo a las instituciones, bloquear avenidas, pozos petroleros y victimizarse, que desempeñar con eficacia, decoro e inteligencia el papel de Presidente de la República. En está suprema tarea, López Obrador ha fallado. Basta con echar una mirada a la seguridad, la economía y la manera desastrosa en que su administración ha atendido la pandemia de covid-19. En esas áreas neurálgicas hay retroceso.

Tampoco en lo que es su bandera política: el combate a la corrupción, hay avance alguno. Ahí están los casos de su hermano Pío, las “sorprendentes” fortunas inmobiliarias de Manuel Bartlett, el desacreditado dinosaurio expriista, impuesto al frente de la CFE y de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval –la Virgilio Andrade del sexenio-, por mencionar algunos.

Cabe destacar que la violencia e inseguridad –la mayor preocupación social antes y durante la pandemia- sigue azotando de manera inmisericorde al pueblo bueno y sabio. No hay distingos en ello. Todos estamos expuestos a los insaciables apetitos criminales, en cualquier lugar del territorio nacional, a cualquier hora, en cualquier forma. Ni la propia policía está exenta de la delincuencia.

No obstante, en el marco pandémico, cuyos efectos han sido devastadores para millones de mexicanos, hoy la prioridad es sobrevivir, llevar alimentos a la mesa familiar. México es una nación cuyos gobiernos han sido pródigos en generar pobreza. El actual no es excepción, a pesar de sus incontrolables afanes populistas de regalar dinero a sectores improductivos. Salvo la ayuda a los adultos mayores, que sale de los impuestos pagados por los contribuyentes, ninguna otra se justifica.

Cifras oficiales del Coneval, señalan que, hasta 2018, en México había 61.1 millones de pobladores con ingresos inferiores a la línea de pobreza y 21 millones con ingreso inferior a la línea de pobreza extrema. Tal como se ve, el país junto con su voraz clase política, de todos los colores, es una fábrica de pobreza donde la desigualdad es brutal y la inmoral brecha continúa ampliándose todos los días.

Por ello, López Obrador sabe que la pobreza en que vive la gran mayoría de mexicanos es una bomba de tiempo que puede explotarle en las urnas durante la próxima votación. Nadie, con hambre, presta atención a los discursos palaciegos, demagógicos y prístinos de que vamos bien, de que ya aplanamos la curva, de que ya se domó la pandemia; también, de que acuse y lance a la hoguera, en un nuevo distractor, a jueces que no se pliegan a sus caprichos o de que acuse –en otro distractor- a Bimbo, Walmart y Oxxo de frenar mediante amparos su cuestionada reforma eléctrica.

Con tantos frentes abiertos, con la vastedad de yerros en que ha incurrido un obcecado mandatario al que le ha resultado imposible contener su talante pendenciero. Con los casi 200 mil muertos a causa de la pandemia –sería el doble, según especialistas- y la furia de las tantas familias afectadas, el panorama para que López Obrador conserve el control de la Cámara baja es complicado.

A lo anterior se une el misil lanzado por el gobierno estadounidense que dio justo en el corazón de Palacio Nacional, señalando que un tercio del territorio nacional está bajo control de las bandas del narcotráfico. Las preocupaciones del señor presidente aumentaron a ritmo acelerado y no se vislumbra como pueda solucionarlas. Por ejemplo, la vacunación anticovid, salvo la Ciudad de México, cuyo gobierno la ha realizado más o menos bien, en el resto del país, ha sido un desorden.

De ahí que López Obrador, ante los apremios y cercanía de las elecciones, sacara de la manga el anuncio de que la pensión universal otorgada a los adultos mayores, será nuevamente a los 65 años de edad y no a los 68 como lo es en la actualidad. Rango que, por cierto, su gobierno modificó. En el apuro, corrigen la medida que afectó a unos tres millones de personas. La acción demandará mayores recursos públicos. La pregunta obvia es ¿de dónde los tomará? La sobada austeridad ya no da más, solo quedan dos vías: más deuda o incrementar impuestos. Los guardaditos, esos que generaron los gobiernos “conservadores”, los despilfarró hace tiempo el gobierno obradorista.

@BTU15  

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